Tres perspectivas sobre el Vacío — ilustración oficial de Riot

Colección de lectura · El Vacío

Tres perspectivas sobre el Vacío

Disfruta las lecturas completas; aquí encontrarás también a sus personajes y las fuentes originales.

41 min de lectura 3 historias completas

Ilustración · Riot Games

Monstruosa sigue a Kai’Sa y la división entre la supervivencia y cómo otros la ven. · Riot Games

Compare historias asociadas con un sobreviviente, una emperatriz y un profeta. Sus puntos de vista no son intercambiables.

01 · Monstruosa

Graham McNeill · Historia completa

Monstruosa

Hay luz bajo la tierra, si sabes dónde buscarla.

Si sabes cómo buscarla.

Yo no necesito luz para ver. Ya no más.

Mis ojos solo podían ver bajo ciertos grados de oscuridad, pero la vista que ahora poseo me muestra mucho más de lo que alguna vez creí posible. Ahora percibo colores que no existen en la naturaleza, así como tonalidades y sombras que revelan cómo los muros que les impiden el paso a los monstruos no son tan sólidos como aparentan; de hecho, son tan delgados como un telón de teatro.

A veces desearía no ver las cosas que veo, pero después caigo en la cuenta de que habría muerto hace ya mucho tiempo si no me hubiera adaptado a la vida aquí abajo.

Y a veces me pregunto si morir no habría sido mejor.

El hombre al que arrastro detrás mío no ve como yo veo. De hecho, él es prácticamente ciego en la oscuridad. La única luz es un tenue brillo que arde en las cápsulas bulbosas que crecen en mis hombros.

No emiten suficiente luz para que los ojos humanos puedan ver con claridad, al menos no a la velocidad en la que nos estamos moviendo.

Tiene miedo y se tropieza a cada paso que da.

Aquí abajo él es nadie, pero en la superficie es un líder, el atamán de un asentamiento en el desierto.

Por eso lo capturé. Necesita ver el peligro de lo que está aquí abajo, para entender por completo el riesgo que acecha a su gente.

Por momentos lo arrastro y por otros parece que lo estoy cargando, lo cual sería sumamente difícil si no fuera por la fuerza que me da mi armadura viva.

Se prende a mi piel, por todo mi cuerpo, como si mil ganchos diminutos se clavaran en mi carne. Ya no estoy segura de dónde termina su superficie flexible y rígida, y dónde comienzo yo. Solía lastimarme y yo aborrecía la sensación rasposa que me envolvía, como si fuera la lengua de un gato.

Pero ahora ya no me importa, pues significa que nunca estoy del todo sola.

Solía pensar que podía escucharla susurrar en mi cabeza mientras crecía y se expandía por mi cuerpo, pero creo que esa era solo mi propia voz tratando de no caer en la locura provocada por el dolor y la soledad.

Por lo menos, eso espero que fuera.

La piedra debajo de mí es lisa y cristalina; las características de su superficie no dependieron de la piedra fundida, sino del paso de las cosas que viven en las profundidades de la tierra cuando brotan del subsuelo como gusanos a través de una fruta podrida.

La gente que habita en la superficie nombra este inframundo por lo que hace, por lo que es.

Vacío.

He estado aquí abajo lo suficiente como para saber que ese nombre no alcanza a reflejar la verdadera amenaza y el horror de lo que se arrastra en esta oscuridad subterránea, de lo que es el Vacío en realidad. Los monstruos que llegan a la superficie para cazar y matar solo son la vanguardia de lo que vive debajo, y no se parecen a nada que la gente de la superficie pueda comprender.

Si conocieran la verdad, no se acercarían ni a mil kilómetros de donde alguna vez estuvo Icathia, pero los mortales son especialistas en el olvido. El paso de los años les resta importancia a los horrores del pasado. Lo que se aprendió por medio de sangre y sufrimiento ahora sobrevive a través de las historias de terror que los viajeros relatan alrededor de las fogatas o en las tradiciones populares. Cuelga algunas perlas de la luna sobre tu chimenea, reza a Nasus para que cuide tu casa o deja algunas cabras afuera para que calmen el hambre monstruosa de las bestias.

Pero las criaturas del Vacío no son depredadores ordinarios.

Cuando era pequeña, recuerdo haber visto cómo una manada de kmiros cazadores derribaba a un skallashi herido. Lloré, pero aun así no sentía odio hacia los kmiros por haber matado al amable gigante. Era parte de su naturaleza. Las criaturas de la superficie matan para alimentarse. Tienen hambre, eso no las hace malas.

Los nacidos del Vacío te matarán por el simple hecho de estar vivo.

''Por favor'', ruega el hombre que va detrás de mí. Ya casi me había olvidado de él. ''Por favor, déjame ir''.

Él emite un sollozo demoledor cuando me detengo y lo empujo con fuerza contra la pared.

No logro discernir si piensa que lo voy a matar o si lo voy a liberar.

Un brillo violeta crece alrededor de mis manos, centelleantes cuchillas de luz mortal.

Su aparición repentina cambia mi visión y observo los radiantes hilos de magia en la sangre que corre por su cuerpo.

Unas cuantas volutas de ella se alzan por los aires con cada respiración aterrada y con cada lágrima que corre por sus mejillas. Es muy tenue, casi inexistente, pero los depredadores del Vacío lo detectarán y serán atraídos como moscas al estiércol.

Mi piel blindada quiere alimentarse de él y yo retrocedo al percatarme de que una parte de mí también desea lo mismo.

Él es débil, como todos los de la superficie. Sería un acto piadoso enterrar mis cuchillas de luz en su cuerpo, en vez de dejar que los monstruos de las profundidades destrocen su alma.

¡No! Yo protejo a las personas de la superficie. Es por ello que yo soy la chica que regresó.

Contengo las ansias homicidas de mi armadura y el brillo se desvanece de mis dedos tiesos. Respiro temblorosamente y cierro mis manos en puños.

Mi visión regresa a la normalidad y echo un vistazo para comprobar que no estamos en donde esperaba.

Estamos mucho más cerca de la superficie de lo planeado, lo cual vuelve doblemente peligroso lo que estoy viendo. La roca del túnel brilla como la bóveda de una cueva sobre un lago subterráneo, propagándose con la luz desde una dimensión desconocida para las razas de la superficie.

Estamos al borde de un abismo sin fondo en el que los límites entre los dos reinos oscilan como los mares de arena en Zoantha. Se parece a un océano brillante con una luz enfermiza, inscrito en un vaivén constante de revelaciones y renacimientos. Se revuelve con energías titánicas que en ocasiones forman siluetas espantosas, como los leviatanes submarinos que habitaban en las profundidades de los océanos a los cuales conocía solo a través de historias.

Es peligroso estar así de cerca, pero necesito que este hombre lo vea.

Los ojos negros y desalmados se unen para mirar desde abajo.

Los espirales de materia cobran una forma horrenda.

Cientos de espinas se despliegan, los miembros avariciosos se estiran y las garras torcidas se crean en la locura líquida, una evolución lunática que teje monstruos translúcidos hasta llevarlos a la vida con penetrantes chillidos de nacimiento.

Están aquí...

''Abre tus ojos'', le digo al atamán.

Mi voz se distorsiona a través de la máscara moldeable de la armadura; un gruñido animal húmedo que no se parece a ninguna lengua mortal. Él niega con la cabeza. No puede entenderme.

Kai'Sa · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games

Las palabras suenan como si me estuviera ahogando con sangre.

Con tan solo pensarlo, las placas de quitina de mi yelmo se abren, una se desliza sobre la otra, mientras se repliegan como el caparazón de un insecto que retrae las alas.

''Abre tus ojos'', le repito; ahora sí me entiende.

Grita de miedo al ver mi rostro humano.

¿Cómo me veo ahora?

¿Soy muy diferente a lo que era? ¿Parece que pertenezco aquí?

No he visto mi cara en mucho tiempo. Espero que aún luzca como la recuerdo.

La luz se incrementa y él mira hacia el abismo.

La creciente marabunta de las cosas que hay ahí trata de alcanzarnos; los ojos del hombre se ensanchan de miedo cuando ve por fin por qué lo traje hasta aquí.

Miles de monstruos ruidosos emergiendo de un océano de locura que alcanza el corazón del mundo y más allá. No sé con certeza qué es ni de dónde viene.

Lo único que sé es que engendra una horda interminable de pesadillas descabelladas que suben clavándose en las rocas con implacables ansias de matar y destruir el mundo de la superficie.

Su marea está ascendiendo y yo soy la única que puede detenerla.

Me acerco al hombre y le digo: ''¿Los ves? ¿Entiendes?''.

Aterrorizado, asiente; lo libero.




Veo cómo el atamán se arrastra hacia la luz de la superficie y después me doy la vuelta al escuchar el rasguño de las garras sobre las rocas detrás de mí. Unos brazos completamente antinaturales cuelgan del borde del abismo, arrastrando un horror monstruoso de placas de armadura chirriantes, protuberancias huesudas y carnosidades del color de un mortinato. Sigue húmedo y brillante de su llegada al mundo, pero tiene una malicia infinita en sus ojos negros que cobra vida a través de su caparazón superior. Sus extremidades afiladas se despliegan desde su vientre pálido, mientras que una boca sin labios se abre a través de su garganta, revelando un tajo ancho de brillantes colmillos blancos e icor salivoso.

Los otros rápidamente lo siguen; son más pequeños, pero igual de despiadados. Su mera presencia distorsiona el aire; delgadas tajadas de materia en disolución emergen como humo negro de la roca bajo sus garras.

La peste de su cercanía es aterradora y un calor intenso se expande por todo mi cuerpo.

La respuesta ante la amenaza llena mis extremidades de fuerza.

Antes solía combatir esas ansias, pero ahora entiendo que son las que me mantienen con vida, las que me permiten defenderme y pelear.

La máscara de caparazón vuelve a recubrir mi rostro. Mi visión cambia nuevamente.

Antes, esa transición me resultaba estremecedora, pero ahora la agradezco.

Veo en la luz. Veo la vida y los puntos débiles de mi presa. Vuelvo a ser una depredadora.

Las placas ajustadas a mis hombros cambian y se reconstruyen conforme las cápsulas brillantes se encienden. Una luz cegadora se forja en ellas y yo grito cuando una dolorosa ráfaga de rayos abrasadores se estrella contra las criaturas.

Las más pequeñas explotan instantáneamente en estallidos de fluidos morados y carnosidades antinaturales.

Su sangre me salpica y las placas curvilíneas de mi armadura la beben vorazmente.

Mi ira se acrecienta por la repulsión, a pesar de que me nutre.

Corro hacia delante, extendiendo mis brazos y transformando mis manos en cuchillas de luz. Salto hacia el aire, empujando la pared del túnel para hacer estallar al gran monstruo con ráfagas palpitantes de fuego violeta. Su cuerpo se desgarra y un icor color negro brea se derrama.

Chilla de dolor, atacando con sus extremidades angulosas.

Aterrizo cerca y ruedo bajo sus cuchillas, posicionándome en cuclillas y desatando otra ráfaga de rayos. Queman su carne con furia incandescente, como si el fuego conjurado por los suyos fuera más letal que cualquier otro.

Giro hacia atrás mientras su cuerpo cae, pero no está muerto... lo que sea que eso signifique para los nacidos del Vacío.

Chupa la sangre de las criaturas más pequeñas hacia sus extremidades, embebiéndose con su esencia. Redes de luz y materia espasmódica regeneran su carne, como un tejedor cosiendo una manta desgarrada. Su cuerpo gigantesco se convulsiona, ondulándose mientras rehabilita los tejidos heridos y permite que broten nuevas extremidades, endureciendo las áreas vulnerables. De su carne rasgada brotan enredaderas ardientes de luz oscura, chasqueando como látigos contra el suelo.

La roca sólida fluye como si fuera cera, puesto que su misma permanencia es la de un proceso inacabado. Un latigazo golpea mi rodilla y yo me tambaleo mientras un pedazo de mi armadura sangra en medio de una nube de humo negro.

Veo mi piel debajo del recubrimiento, despojada de vida y vigor, como la de los reptiles ciegos que cavan sus madrigueras bajo los peñascos desérticos. Me enferma verla, pero no sé si es porque la carne parece estar muerta o porque me recuerda quién solía ser.

El pensamiento me ralentiza.

Fue solo un instante, pero con eso basta. Los entes y depredadores del Vacío se arremolinan a mi alrededor.

Una criatura de casi el doble de mi tamaño me derriba. Sus garras rasgan mi pecho, sus dientes se cierran sobre mi cabeza. Sus colmillos dejan muescas profundas sobre la placa que recubre mi rostro y miro cómo su demoledora garganta llena de dientes y su lengua probóscide buscan un resquicio para traspasarla.

Golpeo su cuerpo atrabancadamente con mis puños y lanzo un torrente de fuego violeta hasta que no puede soportarlo más. Explota en un revoltijo de cartílago huesudo y carne antinatural. Mi traje se alimenta de las energías desatadas de su muerte.

Uñas y dientes desgarran y muerden. Giro hacia un lado, más llamas violeta salen de mis manos. Salto y me escabullo de sus ataques. El peso de las cifras los favorece, puesto que más criaturas salen del borde del abismo.

Una marea ardiente de placas orgánicas, garras y furia que me sobrepasará rápidamente.

Las cápsulas de mis hombros explotan con ráfagas de fuego asesino cada vez más poderosas, pero no bastarán para detenerlos. No sé si el Vacío es capaz de odiar, pero siento que estos monstruos me odian. Me ven como si fuera algo de su mundo, pero a la vez como algo que debe ser destruido.

Me pregunto si su percepción sobre mí dista de la que tiene la gente de la superficie.

Ellos me rodean y recuerdo el skallashi que fue abatido por los kmiros.

Pero yo no soy una presa. Puedo defenderme.

Giro sobre mi talón mientras dibujo un aro de fuego violeta a mi alrededor con mis puños ardientes.

The Touch of the Vacío: even the few mortals who survive its depths return changed.Riot Games

Su poder hace que retrocedan, dándome espacio para respirar. Veo un camino y lo tomo. Me escabullo entre ellos, dejando un sendero de cuerpos cercenados a mi paso. Mi velocidad es siniestra. Veo a las criaturas a mi alrededor moverse como si estuvieran en estupor. No me pueden seguir el paso y las mato con cada golpe explosivo de mis llamas y con cada ataque de mis manos con cuchillas de fuego.

Es entonces que logro despejar mi camino.

Doy la vuelta y me alejo velozmente del abismo.

No tan rápido como para deshacerme de ellos, pero sí lo suficiente como para conservar la delantera.




Pierdo la noción del tiempo.

Eso es sencillo aquí en la oscuridad.

A veces olvido cómo se ve el sol o cómo solíamos seguir las sombras para saber qué hora era.

Para alguien que nació en las arenas ardientes, olvidar el sol me hace llorar. Tengo algunos recuerdos de su luz abrasadora reflejándose en el agua, de un ojo dorado en el cielo y del calor gozoso llenando mi pecho con cada respiración.

Pero ya no siento esos recuerdos como parte de mí.

Es como recordar algo que alguien me contó, no algo que conocí o que sentí personalmente.

Aparto los recuerdos.

Son distracciones que me ralentizarán y que propiciarán mi muerte.

Pero no puedo evitarlo. Mi núcleo, esa parte que sigue siendo una niña pequeña, continúa mostrándome estas cosas; trata de recordarme aquella que solía ser.

Las criaturas del abismo aún me persiguen, colmando los túneles con sus cuerpos chirriantes y desgarradores. Las he estado alejando del sitio en donde liberé al atamán, atrayéndolas hacia el desierto profundo, de vuelta hacia la tierra perdida de donde vinieron.

He hecho esto muchas veces antes y esta no será la última vez.

Peleo y corro, no permito que me rodeen.

Es una danza.

Una danza interminable.

Puedo sentir su hambre. Maté a tantos de ellos, pero siempre hay más.

Trato de no pensar en sus cifras infinitas. Si lo pienso demasiado, debilito mi voluntad para pelear y no puedo permitir que eso ocurra. Al menos no mientras haya gente en el mundo de la superficie que me importa.

Como el sol, sus nombres y rostros se alejan cada vez más de mí.

Pero sé que siguen allá arriba. A veces voy allá solo para recordar lo que se siente ver el cielo sobre mí. O para respirar aire que no está humedecido por el amargo sabor de algo terrible y sumamente hostil. Hace ya un tiempo que no me aventuro hacia la superficie. Mientras más tiempo paso allá, más siento que su aire comienza a quemarme. Me temo que me estoy habituando tanto a la oscuridad que el mundo soleado ya no me quiere.

Recuerdo cuando conocí a una niña allá arriba.

Ella era pequeña, tal y como yo lo fui alguna vez; ella no me odió. Vio lo que yo era y no corrió aterrorizada, como lo hace la mayoría de la gente. Ella vio quien yo solía ser, pero eso no es lo que la mayoría de la gente mira.

Ellos ven el traje y perciben detrás de mi mirada sus ansias primigenias por destruirlos.

No lo pueden evitar y yo no los odio por ello, pero me duele.

Me duele saber que yo era como ellos y ahora...

Ahora no sé lo que soy.

Sin embargo, a pesar de todo lo que he cambiado y de haberme convertido en algo que odian y temen, sigo aferrándome a aquello que me hace humana. Si tan solo logro aferrarme a aquella parte de mí en la que yo fui alguna vez una pequeña niña, puedo hacer que las cosas horribles que me han sucedido se conviertan en algo bueno y noble.

Pero puedo sentir cómo se está esfumando.

¿Qué será de mí cuando ya no la pueda recordar?




Algo cambia en las criaturas del Vacío.

Lo percibo casi inmediatamente, modifican su propósito. Es difícil saber qué, pero me queda claro que dejé de ser el objetivo de su persecución, como si ya no les importara.

Como si hubieran encontrado un blanco mejor para sus feroces ansias de destrucción.

Una sospecha terrible se apodera de mí y acelero mi paso para alejarme de las criaturas que están detrás de mí.

Mi armadura me hace más veloz que ellos y me muevo a través de los túneles como un fantasma, eligiendo los caminos retorcidos que solo yo conozco. Siento cómo se desvanece la fiereza de la persecución mientras doy la vuelta y asciendo nuevamente a la superficie, en donde percibo la candente tensión del mundo de arriba.

Había estado tratando de mantener a los monstruos cerca de mí, engatusándolos para que se alejaran de los asentamientos de la superficie, pero cuando emerjo hacia la luz del sol a través de una grieta escondida en la cima de una aguja solitaria de roca descubierta, me percato de mi terrible equivocación.

Pensé que estaba ahuyentando a los monstruos, de verdad lo pensé.

Un cráneo gigantesco fue colocado sobre un peñasco en la cima de la aguja, como una especie de indicador.

Es una advertencia. Un signo que anuncia que estas tierras corren peligro.

Sé lo que es porque yo lo puse aquí.

Con un pie sobre el cráneo, miro hacia abajo, al asentamiento lleno de gente.

Remolino, Riot’s Bel’Veth historia, gives the Vacío a voice with ambitions of its own.Riot Games

Mi yelmo se retrae sobre mi cara y puedo ver con mis propios ojos.

Debajo de mí hay calles limpias y ordenadas, las cuales se despliegan entre edificios prolijos de ladrillos cocidos por el sol. En el extremo sur del asentamiento se vislumbran los toldos sedosos de un mercado bullicioso y veo un disco dorado en el techo de lo que parece ser un templo. Los sonidos de la risa llegan hasta mí en la aguja de piedra.

Huelo carne asada, estiércol animal y el aroma embriagador de las especias.

Son los olores de la vida, la textura cotidiana del mundo de arriba.

Por un segundo, me transportan a mi juventud casi olvidada y las comisuras de mi boca gesticulan una sonrisa.

Luego, recuerdo lo que merodea bajo la arena y mi media sonrisa desaparece de mi rostro.

Mi corazón late en mi pecho y me cuesta trabajo respirar.

¿Acaso no se dan cuenta del peligro en el que están?

Las superficies internas de mi armadura se enganchan con fuerza en mi piel; del dolor, caigo sobre una rodilla. Tiene hambre y me pregunto qué parte de mi camino la he escogido yo y cuánto ha sido elegido por su diseño.

Mis sentidos están calibrados finamente con los moradores del Vacío.

Están cerca, demasiado cerca, elevándose hacia la superficie. En algún lugar allá afuera en el desierto.

Siento la inminencia de una fisura como si fuera el cambio de presión atmosférica antes de una tormenta.

Mi máscara vuelve a recubrir mi rostro, colmando mi visión con patrones de luz y calor.

Vuelvo a mirar el asentamiento mientras escucho el choque del acero y una voz que grita.

Mi mirada deambula por un campo militar ubicado en los márgenes, en donde muchos hombres y mujeres están formados. Los observo confundida, sin saber con certeza qué es lo que están haciendo, hasta que caigo en la cuenta.

Están entrenando para pelear.

Un hombre les grita, llenando sus corazones con valentía y sus almas con fuego.

No puedo escuchar sus palabras, pero puedo ver su rostro con una claridad impresionante, como si estuviera parado a mi lado.

Es el atamán al que arrastré conmigo a las profundidades subterráneas.




Salto de roca en roca hasta descender al asentamiento.

La cercanía de las criaturas del Vacío genera presión en mi cráneo.

En poco tiempo estarán aquí.

Salto a un corral de animales y el ganado entra en pánico cuando detectan mi aroma.

Los habitantes del asentamiento no se dan cuenta de mi presencia en un principio. Pero después escucho cómo se propagan los gritos de alarma al ver mi forma blindada en su terreno. Me dirijo hacia el atamán; puedo sentir cómo la furia corre por mis venas.

¡Yo se lo mostré! ¿Por qué no me escuchó? Lo llevé a ver los horrores subterráneos. Quería que sintiera el terror de su existencia y que lo compartiera con su gente.

Pero lo único que logré fue fortalecer su resolución de pelear.

Cada persona que muera aquí habrá sido mi culpa. Su sangre estará en mis manos.

Yo quería prevenir esto, pero conseguí que sus muertes sean inevitables.

Al verme, hombres y mujeres se dispersan, atemorizados a pesar de portar armas. El rostro del atamán se endurece. La última vez que lo vi, estaba aterrorizado, pero su miedo se había transformado en odio.

Sus ojos me dicen que él piensa que yo estoy aquí para asesinarlo, tal vez así sea.

Mi máscara se abre cuando me paro frente a él.

''¿Por qué sigues aquí?'' grito, probando el aire caliente del desierto. Debajo de los olores del asentamiento, percibo la presencia creciente del Vacío. Es como morder una moneda de cobre. ''¡Vete!''.

''¡Atrás, demonio!'', gruñe. ''¡Eres un heraldo de las bestias!''.

No logro entender qué es lo que quiere decirme con eso. Pero después comprendo.

''¿Tú crees que yo traigo los monstruos...?''.

''Te conozco'', espeta, acercándose hacia mí. ''Eres la hija del Vacío. Adonde sea que camines, los monstruos te seguirán''.

Niego con mi cabeza, lista para refutar esa acusación...

Después, me cuestiono si tiene razón.

Yo lucho contra los nacidos del Vacío cada vez que puedo, en todos los lugares en que los encuentro.

Alzo mi mano para mirarla de frente y observo con atención los delgados hilos de luz violeta que brillan en las placas amoldadas de mi armadura. Hasta ahora, siempre había pensado que era parte de mí, que yo controlaba eso, pero ¿era posible que mi control no fuera tan férreo como suponía? Corroboro mi intuición y las venas de luz se desvanecen.

¿Es acaso posible? ¿Que atraiga a las criaturas del Vacío?

No, lo sabría. Yo sabría si las estuviera llevando, de alguna manera, a las profundidades del mundo.

Mi duda se convierte en enojo y las cuchillas de luz resplandecen alrededor de mis manos.

El festín del profeta approaches the Vacío through Malzahar’s followers y their belief.Riot Games

''Yo escapé de ti en una ocasión'', dijo el atamán, alzando su espada. ''Y pelearemos contra las bestias que lideras''.

''¿Tú escapaste de mí?'' digo con incredulidad. ''¿Eso es lo que piensas que pasó?''.

Él blande su espada, pero yo la bloqueo con facilidad. No tiene mucha experiencia utilizándola, motivo por el cual esquivo sus ataques sin mayor esfuerzo. Lo rodeo mientras balancea su espada una y otra vez. Los aldeanos me rodean, gritándole a su líder para que aseste el golpe mortal. Mi armadura contesta cada ataque y se estimula con las agresiones que recibo, inundando mi cuerpo con ansias de pelear, de matar.

Ellos ven la segunda piel que me recubre, pero no se dan cuenta del peligro al cual están expuestos en este momento.

No me refiero al Vacío. Sino a .

No pueden ver a la chica que está debajo. No quieren verla.

Es más sencillo para ellos pensar que soy un monstruo.

Siento cómo la furia y la traición endurecen mi corazón hacia ellos. ¿Por qué debería pelear para salvarlos? ¿Por qué peleo para aferrarme a mi humanidad, cuando me duele tanto recordar todo lo que perdí?

¿Por qué no mejor me convierto en el monstruo que ellos creen que soy?

¿No sería más fácil eso?

Pero en ese momento logro ver más allá de la cara iracunda del atamán y me percato de los abuelos que me observan desde las puertas de sus casas, aquellas moradas que construyeron con sus propias manos. Observo a las madres jóvenes que sujetan a los recién nacidos contra su regazo. Puedo mirar incluso más allá de ellos y me encuentro con las miles de demostraciones de amor cotidianas y los pequeños actos de bondad que pasan desapercibidos todos los días en el mundo.

Es por eso que peleo contra los monstruos.

Defiendo a aquellos que no pueden hacerlo, puesto que no hay nadie que luche como yo.

Porque si yo no los defiendo, ¿quién lo hará?

¿Y qué quedará de la chica que regresó si no lo hago?

Pero toda guerra exige un sacrificio. Ya he hecho tantos, pero en este preciso momento sé que tengo que llevar a cabo otro más. Esta vez no seré yo quien pague con sangre, pero el peso caerá sobre mí de todos modos.

Doy una vuelta completa. Todos observan al atamán. Él representa su fuerza, el único motivo por el cual aún siguen aquí. Él llenó sus corazones con valentía y voluntad para enfrentarse a un enemigo que no puede ser combatido, sin posibilidades de negociar, el cual solo se fortalece con cada vida que consume.

Solo hay una forma de terminar con esto sin que todos mueran.

Bloqueo otro movimiento torpe y, cuando su espada se desvía, penetro su defensa y golpeo su pecho con las cuchillas luminosas de mis puños.

La energía abrasadora se vierte sobre él, llenando su cuerpo de luz. Cada vena, cada terminación nerviosa y cada hueso arden con un brillo punzante por un instante antes de que su cuerpo explote.

Es horrible, pero ya no hay vuelta atrás. Siento la cercanía del Vacío como un dolor terrible y retorcido en mis entrañas. La textura del aire cambia abruptamente y sé que el Vacío ha llegado al mundo de arriba.

Está sobre la superficie y viene en camino ahora mismo.

Me alejo de los restos derretidos y desintegrados del atamán mientras su cuerpo cae sobre la arena, un despojo apenas reconocible como algo que alguna vez fue un humano. La gente corre despavorida mientras las cápsulas de mis hombros se deslizan hacia arriba y se llenan de luz asesina. Siento la presión feroz dentro de mí, desesperada por ser liberada.

Desato un bombardeo de espirales de luz, haciendo explotar una tienda de granos abandonada y reduciéndola a escombros centelleantes. Semillas ardiendo y canastas se desparraman entre las ruinas. Destruyo el mercado por completo con más ráfagas resplandecientes y sus toldos de seda se elevan como velas ardientes de un barco de arena mientras se encienden.

Un fuego violáceo y blanquecino arrasa con el asentamiento y explota con una fuerza devastadora. La gente corre gritando mientras destruyo sus hogares. Piensan que estoy tratando de matarlos, que estoy haciendo esto porque me convertí en algo monstruoso, pero eso es falso.

Solo destruyo las construcciones que mi yelmo me indica que están vacías.

Derribo muros y barricadas sin población, cualquier cosa que pueda darles algún tipo de esperanza de que tienen una oportunidad si enfrentan al Vacío.

No estoy tratando de matarlos. Solo quiero que huyan.




La noche cae mientras observo desde la aguja de roca el asentamiento en llamas, con un pie sobre el cráneo que dejé como marca de advertencia. La horda de los nacidos del Vacío asciende hacia mí en una avalancha de colmillos que chasquean, extremidades deformes y formas inhumanas.

Suena como un enjambre de insectos voraces devorando los cultivos de una cosecha.

Son demasiados para poder contarlos, no hay forma de determinar dónde termina una bestia y dónde comienza la otra. Es solo un amasijo de dientes y garras. La forma que adquiere la destrucción desbocada.

Perciben mi presencia aquí y no hago ningún intento por correr.

Si vienen por mí, no irán por los habitantes del asentamiento.

El horizonte arde con una luz enfermiza que no pertenece a este mundo y las tracerías bifurcadas de un vívido relámpago morado alumbran desde la tierra desgarrada en las profundidades del desierto.

Los habitantes del asentamiento huyeron hace mucho tiempo, guiando a sus animales detrás de carretas coloridas, llevando a cuestas las posesiones que no soportarían abandonar. Ya se encuentran a muchos kilómetros hacia el oeste, moviéndose en una larga columna como los jinetes dormun de antaño.

Seguirán los caminos de arena hacia nuevas aguas corrientes, avanzando hasta que puedan comenzar de nuevo.

Ese es el punto. Para comenzar de nuevo, necesitan estar vivos.

Recuerdo la expresión en sus caras al mirar sus casas destruidas. Me señalaron en las alturas de la aguja y me juzgaron. Aún me duele el recuerdo de sus rostros. Llenos de miedo y odio.

Llevarán ese odio consigo, contando historias sobre la niña desamparada que dejó de ser una niña. Narrarán cómo mató a su heroico líder antes de destruir sus hogares. El relato crecerá cada vez que se cuente, un rasgo habitual de las historias shurimanas, hasta ser conocida como una asesina despiadada, homicida de mujeres y niños.

El caparazón se desliza de nuevo sobre mi rostro mientras el primero de los monstruos se aproxima a la cornisa. El fuego violeta enfunda mis manos. Siento la familiar avalancha de emoción mientras mi cuerpo se calienta.

Si esto es lo que necesito ser para mantener vivos a los míos, que así sea.

Esa es una carga que estoy dispuesta a soportar.

Yo seré su monstruo.

Fin de esta lectura

02 · Remolino

Jared Rosen · Historia completa

Remolino

''Bien'', jadea Kai'Sa, mientras su mirada recorre la figura que se extiende en todas direcciones ante ella.

Las alas del monstruo se despliegan catorce metros en cada dirección, dominando todo su campo visual... y no habría podido apartar su mirada, aunque quisiera; media docena de brazos humanos sostenían su cabeza contra la pared. El volumen de la criatura continúa expandiéndose, envolviendo el océano de pesadilla al que llama hogar. Cada colmillo reluciente ahora tiene el tamaño de una persona adulta… y su tamaño seguía aumentando. Sus cuatro ojos de depredador se fijan en Kai'Sa con frialdad desapasionada. Quizá con hambre. A esta escala, es difícil saberlo.

La prefería con forma humana.

''Bien'', repitió. No podía mover su armadura, que se encontraba inmóvil y parecía estar completamente... ¿fascinada? El traje es un parásito, y una de las criaturas más vulgares que el Vacío puede engendrar. ¿Era siquiera capaz de sentir fascinación? Sea como fuere, su cuerpo está inmovilizado. A menos que algo cambie drásticamente, probablemente este sea el fin. Kai'Sa hace una lista mental de algunas maniobras desesperadas: disparar sus cañones traseros hacia la pared, dispararlos hacia la... ¿boca de esta cosa? ¿Mandíbulas? De pronto recuerda lo rápido que es el monstruo. Y cuán grande.

Rápido y grande. Fantástico.

Su intento desesperado podría no servir de mucho, y Kai'Sa definitivamente moriría. Pero al menos sería algo. Podría hacer que le costara.

''Mi verdadero yo te disgusta'', sentencia el monstruo con mucha calma. Su voz es tan fuerte que estremece todo el espacio, agrietando los mosaicos geométricos mientras miles de rémoras del Vacío brotan de entre las grietas. Es una voz que se curva y se contrae, susurra y grita. Las capas continúan sin parar, como un aria a una sola voz, sino millones.

Los ojos de Kai'Sa se abren de par en par al darse cuenta. Ahí es donde está toda la gente.

El Vacío había destrozado, en menos de una hora, la ahora muy antigua ciudad de Belveth. Kai'Sa no había llegado a tiempo, y la que en otro tiempo fue una bulliciosa metrópolis, había desaparecido. Todo. Todos. Los restos ahora se asemejaban a un resplandeciente cráter gigante de piezas destrozadas que se reordenaban en algo irreconociblemente extraño: las estructuras cambiaban como para recrear figuras de criaturas y figuras humanoides congeladas. Como un niño recreando una ciudad con juguetes.

¿Pero... dónde estaba la gente? ¿Los vastaya? ¿Los animales y los árboles? Se había abierto camino a través de la ciudad destrozada, adentrándose en el túnel del centro hacia la bahía despoblada, sin ver señales de nadie... solo los nuevos horrores engendrados por el Vacío, como tentáculos iridiscentes de más de un kilómetro de alto y masas que ella consideraba ''masas de torsos gritando''. No tenía ningún sentido. Los vestigios de un ataque del Vacío nunca son una vista agradable, pero suele quedar algo.

Ahora Kai'Sa sabe por qué.

''Tú eres la ciudad'', le suelta a través de la resonante barrera de sonido. ''Tú eres Belveth''.

''Sí'', responde Be'Veth, ondulando suavemente sus alas. Los componentes brutos de sus vidas fueron el génesis para mi nacimiento. Recuerdos. Emociones. Historias. Hay tanto de Belveth en mí como lo hubo en ellos. Y reclamo el título como mío''.

El titánico cuerpo de Bel'Veth se eriza. Los haces dorados salpican suavemente luz sobre su forma de mantarraya, enmarcando el falso sol del mar del Vacío como anillos de un mundo moribundo. La piel nueva respira mientras se extiende contra el facsímil de una corriente marina; las venas se iluminan brevemente antes de alejarse de la superficie del cuerpo del monstruo, cada una de alguna manera viva e independiente, como naciones en sí mismas. Cardúmenes de rémoras, decenas de miles, nadan alrededor de su emperatriz como pájaros que vuelan en círculos en la cima de una montaña distante. Es una vista hermosa, a su manera. Si el Vacío tuviera un dios, se vería exactamente así. Horroroso, monstruoso, y hermoso.

Kai'Sa está tan deslumbrada por la inmensidad de lo que está presenciando que no se da cuenta cuando los brazos en la pared no solo la dejan ir, sino que la bajan al suelo. Es difícil asimilar todo de una vez.

Eligió su propio nombre, piensa ella mientras quita instintivamente una mano del Vacío rezagada de su hombro. Es imposible.

Las entidades del Vacío no se nombran a sí mismas. La mayoría, como los xer'sai, deben su nombre a conceptos de la historia shurimana. Comúnmente por aquellos afortunados (o desafortunados) que lograron sobrevivir al encuentro con uno de los monstruos de las dunas. No tienen la capacidad mental para hacerlo, ni la consciencia. Pero más importante aún, las criaturas del Vacío no ven el valor de los nombres. Son una invención del mundo en que vivimos y ellos no los quieren.

Entonces, ¿por qué ella sí?

''Pelearé... contra ti'', declara Kai'Sa, desafiante aunque sin saber qué hacer ni dónde atacar. ''Te mataré''.

''No lo harás'', responden las muchas voces de Bel'Veth. ''Eres incapaz de resistirte hasta de la forma más básica. Otros han venido antes de ti, en un tiempo anterior a mi nacimiento. Cada uno de estos aspirantes a héroe empuñó armas que creyeron capaces de repeler al Vacío. Pero todos fueron consumidos al final. Los escasos fragmentos que quedaron, si es que quedó algo, sirvieron como sal para el Mar Lavanda. Solo dos siguen vivos, y de ellos, solo conservas tu mente intacta''.

''¿Dos?''.

''Tu padre y tú''.

Kai'Sa siente un espasmo en el pecho. La cabeza le da vueltas con violencia y está al borde del pánico, pero tiene que concentrarse en este momento. No se puede confiar en la emperatriz. Es una abominación viviente, la personificación del concepto de genocidio global e insensible.

''Mientes,'' responde Kai'Sa con furia. ''Es imposible''.

''Yo no miento, Kai'Sa'', continúa la emperatriz. ''No tengo necesidad. El futuro triunfo del Vacío es una verdad absoluta e inmutable. No acepta mentiras, ni verdades a medias, ni preguntas. Abre tu mente y te lo mostraré''.

El espacio se encoge. El cuerpo gigantesco de Bel'Veth se contrae y se distorsiona para retraerse a una figura más pequeña y reconocible. Flota sin ruido alguno hacia abajo, cerniéndose sobre Kai'Sa mientras zarcillos y pedúnculos se reacomodan para formar la imitación de cabeza humana alargada y segmentada. Los dos rostros de Bel'Veth observan a su audiencia antes de envolverse con sus alas y aparecer una vez más como una mujer imponente de gran importancia.

Kai'Sa concluye que el encogimiento de la criatura es mucho más desagradable que su crecimiento. Carece de la dignidad y majestuosidad del leviatán, pero todavía se ve y se escucha originalmente grotesca.

''Estás viva porque yo te permito vivir'', masculla la emperatriz, y las palabras salen ahora de su cabeza humana con una voz grave, perpetuamente decepcionada. ''Ya deberías haber llegado a esa conclusión''.

Kai'Sa quiere objetar, pero mira rápidamente la grieta de veinte metros de largo en el suelo, prueba del único golpe que recibió y que la hizo volar por los aires tan solo un momento atrás. Bel'Veth había atacado tan rápido que Kai'Sa no había tenido tiempo siquiera de procesar lo que estaba pasando, y luego la emperatriz había multiplicado sus proporciones a la décima potencia en menos de un minuto.

Además, presuntamente controla este pedazo de infierno ondulante; el llamado ''Mar Lavanda'' que la rodea. No es momento de discutir.

Kai'Sa hace algunos cálculos rápidos mientras sus ojos recorren como un rayo el lugar para intentar descifrar a qué se enfrenta. El rostro humano de Bel'Veth se ilumina con interés, sus labios se curvan y entonces comienza a imitarla.

Kai'Sa ya sabe que está perdida.

¿Cuán rápido puede pensar una persona? ¿Cuán rápido puede reaccionar? En comparación con toda esa biología humana combinada... Toda esa potencia mental. En el tiempo que le lleva a un táctico experimentado formular un plan, cientos de millones de posibilidades pasan por la mente de Bel'Veth en un solo segundo, ya que se nutre de los recuerdos robados de todo y todos los que alguna vez pasaron por la antigua ciudad: un número incalculable de vidas. Cada oponente cautivo que se hubiera enfrentado a un poderoso enemigo desde la creación de Runaterra podría entrar y salir de la consciencia sináptica de esta cosa, con sus emociones catalogadas, disecadas y contempladas con fascinación infinita antes incluso de que Kai'Sa pestañara.

''Entonces, ¿qué sigue?'', pregunta Kai'Sa.

Bel'Veth · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games

¿Qué es una respuesta cuando tu oponente tiene mil?

''Me seguirás'', responde la emperatriz, girando y flotando a través de conjuntos de gruesos corales mutantes que se apartan con respeto a su paso. Kai'Sa hace una pausa para observar cómo su anfitriona se desliza silenciosamente por el caótico desorden de restos de edificios, extremidades fantasmales, semiobjetos cosidos entre ellos y estructuras nacaradas que se asemejan crudamente a seres humanos caminando por un jardín.

Genial, piensa. Incluso para el Vacío, esto es extraño.

''Puedes preguntarme lo que quieras'', agrega Bel'Veth. La última parte capta la atención de Kai'Sa.

''Bien. Bueno, primera pregunta… ¿Qué eres?'', interroga Kai'Sa, con su armadura ahora relajada y móvil, mientras sigue a Bel'Veth a una distancia prudencial. Ignora a un oso de peluche flotante fusionado con una docena de alas de gaviota que aletean y contiene el impulso de reírse cuando la criatura lucha contra su propio peso desbalanceado. ''¿Qué es todo esto? ¿De qué parte del Vacío provienes?''.

''Yo soy el Vacío'', responde Bel'Veth. ''Y esto es en lo que nos convertiremos''.

Kai'Sa tartamudea. ''Pero dijiste que te crearon a partir de la gente. De la ciudad. ¿Dices que quieres convertirte en la ciudad?''.

''No'', dice Bel'Veth. ''El Vacío ha existido por miles de años. Antes de que las estrellas se encendieran en la vacuidad más allá del mundo, nosotros simplemente existíamos. Perfectos, singulares y silenciosos. Y luego, vino el sonido.

La realidad nació de esos susurros y nos consumió. Su influencia nos retorció. Nos rompió. Nos transformó. No podíamos volver a lo que éramos sin importar cuánto lucháramos. Mis progenitores, los Vigilantes, intentaron invadir y destruir la existencia, pero en su lugar, fueron corrompidos por ella. Los impulsó a desear adoración, a obtener un mayor entendimiento…

''Y en un instante, fueron traicionados. Cambiar tan contundentemente… enteramente… solo para ser ignorados después. Esto los llenó de una ira indescifrable. Destruirían toda la realidad sin pensarlo dos veces''.

Bel'Veth se desliza hacia un acantilado con vista a un formidable abismo. En la distancia, Kai'Sa ve agujeros gigantescos más allá de la moteada luz solar falsa.

Túneles de criaturas del Vacío. Eso es lo que se está comiendo al pueblo de Taliyah, lo que destruyó Belveth y lo que brotó para tragarse la zona de carpas al sureste de Shurima. Todo lo que devora el Vacío termina aquí.

''Pero'', continúa Bel'Veth, ''su metamorfosis estaba incompleta. Ahora es cuando comienza la verdadera transformación'', declara la emperatriz. ''No quiero convertirme en una ciudad. Nosotros nos convertiremos en todos ustedes''.

Kai'Sa llega al borde del precipicio y ahoga un grito. Ella y Bel'Veth contemplan algo que no es del todo una ciudad, sino corales del Vacío con la forma de un tapiz extraño y aparentemente infinito de edificios invertidos de estilo shurimano. Cardúmenes de rémoras del Vacío nadan entre ellos y figuras oscuras se mueven a lo largo de las calles sinuosas y torcidas.

Nada está bien. Nada es correcto. Todo está a medio terminar, como si no hubiera suficiente información para continuar. Como si solo le faltara…

''No'', protesta Kai'Sa, casi para sus adentros. ''El Vacío quiere erradicarlo todo. No puede existir. Para terminar esto, necesitarías tenerlo... todo''.

''Sí'', responde Bel'Veth. ''Todo. Yo soy el Vacío. Beberé sorbo a sorbo tu mundo hasta que no quede nada. Y existiré, porque no hay nada que puedas hacer para detenerme''.

La emperatriz se gira hacia Kai'Sa con frialdad. Deliberadamente.

''Te ofrezco esto, Hija del Vacío. Tu mundo debe terminar para beneficio del mío. Pero para aquellos que vinieron antes que nosotros, los Vigilantes... soy una afrenta. La creación los quema, y te destruirán a ti, a mí y a todo para frenar ese dolor. Si escapan de su prisión, no habrá forma de romper su marea. El tiempo llegará a su fin y todas las cosas terminarán''.

Kai'Sa contempla los ojos falsos de Bel'Veth, con un creciente sentimiento de furia invadiéndola. ''Quieres aniquilarnos. ¿En qué mundo te ayudaría a hacerlo?''.

''Ayúdame con la destrucción de los Vigilantes y entonces perdonaré a los de tu especie... por un tiempo. Un mes. Un año. O más. Tal vez, en ese tiempo, logres encontrar un arma que pueda matarme o un héroe que me enfrente. Sé que no lo harás... pero puedes intentarlo. Te ofrezco esta única oportunidad. Es más de lo que ellos te darán''.

La ira de Kai'Sa se desborda mientras Bel'Veth se vuelve para mirar hacia abajo, a su nuevo mundo que va tomando forma.

''¿Y qué pasa si me rehúso?'', gruñe Kai'Sa. ''¿Si te mato aquí mismo?''.

''No puedes,'' responde Bel'Veth. ''No tienes la voluntad, el conocimiento, o la fuerza. Soy tu única salvación''.

La armadura de Kai'Sa vibra violentamente, los cañones se calientan mientras el traje se estremece con temor. Kai'Sa intenta controlarlo con sus pensamientos, pero el parásito aparentemente sabe algo que ella no. Intenta arrebatarle el control, sus ojos se posan en Bel'Veth solo por un momento para...

Ay, no.

La punta del ala de la emperatriz, afilada como un cuchillo, golpea a Kai'Sa en el pecho y la levanta del suelo mientras ella lucha por liberarse. Kai'Sa dispara con todo lo que tiene: una lluvia de misiles desciende sobre la emperatriz, proyectiles de energía púrpura silban alrededor su cuerpo y vigas de luz, que han partido a criaturas del Vacío menores por la mitad, danzan por toda su piel semitransparente.

Nada. No la afecta.

''Hija del Vacío. Encontrarás a los Vigilantes y confirmarás la verdad, o tu luz se extinguirá junto a todas las demás. Esto no es una amenaza; es mi promesa''.

Bel'Veth la libera, y Kai'Sa despega hacia el falso cielo que cubre el mar alienígena de la criatura. La ciudad gemela de lavanda brilla debajo, con sus ventanas resbaladizas por la bioluminiscencia y sus cosas desplomadas, sin forma y espantosas.

Mientras Kai'Sa atraviesa uno de los túneles del Vacío que desembocan en la luz cegadora del día, la emperatriz se da la vuelta y contempla una vez más su mundo de deseo.

Kai'Sa emerge de las arenas al sur de Shurima, cayendo con fuerza contra las dunas mientras jadea, todo su cuerpo golpeado y arrojado como una pelota de goma. Los restos brillantes de la ciudad de Belveth arden silenciosamente en la distancia, desprovista de cualquier tipo de vida reconocible, al tiempo que nuevas criaturas se escabullen en de ella y construyen la tierra que se extenderá por encima de todo... un cáncer que consumirá al mundo.

El paisaje entero es desconcertantemente espantoso, como si toda la realidad diera vueltas sin control en el viento.

Fin de esta lectura

03 · El festín del profeta

Jared Rosen · Historia completa

El festín del profeta

Meir sigue a una multitud de miembros de una secta desde la zona de carpas hasta un valle bajo en el límite del desierto. No está seguro de haber tomado la decisión correcta; más allá del afloramiento de rocas donde tendrá lugar el sermón de hoy, hay un... no encuentra otra palabra más que agujero para describirlo, que desciende a las profundidades de las arenas shurimanas hacia un vacío que no solo crece, sino que está vivo.

A lo largo del día, los miembros de la secta arrojan ganado al agujero. Se arrojan entre ellos al agujero. A veces, se arrojan ellos mismos.

Y, según pudo saber Meir, el agujero responde creciendo de forma constante, para que más sectarios arrojen más animales y más personas dentro de él, y así pueda seguir creciendo, y el patrón horrendo pueda repetirse una y otra vez hasta que el agujero sea tan grande para que algo enorme caiga dentro. Tal vez una ciudad.

''Como Nashramae'', susurra Meir... aunque incluso si todo el estado cayera, con sus puertos y todo, a duras penas rozaría los bordes.

Había atisbado el agujero más temprano. Es demasiado grande para ser real, y aún así...

Nadie sabe que está aquí, piensa Meir, pero es lo suficientemente inteligente como para no decir nada.

No puede arriesgarse a que esta gente se vuelva en su contra, aunque ''gente'' es una forma de decir. Algunos tienen un profundo destello lavanda detrás de sus ojos que parece extenderse por sus rostros en patrones venosos y retorcidos, y balbucean todo el tiempo sobre Icathia... o algo llamado El Vacío.

No puede volver a casa. Ni siquiera sabe si su hogar aún existe. Sin embargo, no tiene hacia dónde escapar excepto al sur, donde la tierra se torna gris y criaturas con nombres salidos de antiguos cuentos de monstruos reptan entre las rocas.

Meir tiene que seguir huyendo. Si se detiene, Noxus lo encontrará... y como atacó a un oficial, lo matarán.

''¿Viniste a ver al profeta?'', le pregunta un hombre, mientras la multitud se dirige hacia un espacio abierto parecido a un anfiteatro. Su piel se mueve repugnantemente debajo de una capa harapienta. Meir ve cómo algunos de los dientes del hombre se zarandeaban dentro de su boca.

''Sí'', responde, sabiendo que los miembros de la secta no lo dejarán pasar sin que escuche uno de sus sermones.

El hombre ríe. ''¡Eres nuevo! Nuevo en la ciudad sin nombre, como tantos otros. Algunos buscan al profeta. Algunos otros no buscan nada. Es todo lo mismo''. Se señala la cara, que brilla débilmente en el aire nocturno. ''No te preocupes, amigo mío. Pronto, muy pronto, lo entenderás. El profeta te mostrará''.

Las estrellas vespertinas, negras, profundas y de alguna manera más cerca que antes, parpadean inquietas por encima de las lámparas improvisadas de la multitud. Más allá de esta luz está el desierto. Más allá de eso, el agujero.

¿Y del otro lado del agujero? La libertad. Meir casi puede saborearla.

Shurima está rodeada desde tres flancos: al norte, Noxus se extiende a lo largo de la costa como un cáncer, reclamando para sí desde vastas ciudades-estado hasta pequeños asentamientos rurales. En la antigua capital, se dice que el antaño muerto, aunque ahora supuestamente vivo, emperador Azir se prepara para una guerra inevitable. Y al sudeste... bueno...

Este es el sudeste. Esta gente se lo está comiendo.

Tiene que haber algo más allá del agujero. Al sur de la costa gris y sin vida, en el punto más austral de la península de Icathia. ¿Un puerto de contrabandistas, o tal vez una parada de barcos pesqueros de Aguasturbias? Meir podría subirse a un bote, comenzar de nuevo en las Islas de las Serpientes, y luego...

''Deja de pensar'', lo amenaza el hombre con el rostro roto. Meir alza la vista y ve una docena de pares de ojos destrozados y brillantes que le devuelven la mirada. ''Tus pensamientos son ruidosos. Silencio''.

El hombre señala el afloramiento de rocas, ahora convertido en el púlpito de una figura esquelética.

''Malzahar ya está aquí''.

El profeta está cubierto por vendas y harapos marcados toscamente con los símbolos de la antigua Icathia. Está descalzo; tiene las manos tiesas en algún tipo de rigor mortis, como si estuviera intentando defenderse de una criatura monstruosa. Su rostro está oculto detrás de un gran pañuelo morado, y su cabeza...

Meir siente como si un taladro le estuviera perforando el cerebro. Había mirado el rostro del profeta por medio segundo y había visto dentro de su frente que algo... ¿se movía? No, no puede ser. Todo el cráneo de Malzahar estaba recubierto por una delgada membrana carnosa, con algo horrible en su interior. Una luz dentro de otra luz, que palpitaba hacia afuera. Que se extendía. Hambrienta.

''Hijos míos'', dice Malzahar, aunque su voz no se oye nada como una voz. Es una proyección dentro de los pensamientos de Meir, una extensión de la no luz del profeta que es escurridiza, reluciente y errónea.

Meir tiene que salir de aquí, pero no puede correr. Los miembros de la secta forman una masa compacta, y jamás podría rodear el gran agujero sin que lograran atraparlo y lo arrojaran en su interior.

''Esta es una noche de confesiones''.

Malzahar · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games

Ahora es demasiado tarde. Malzahar se fija en Meir; Meir no está seguro cómo, pero entre la multitud de cientos de personas la mirada del profeta lo atraviesa y lo inmoviliza. Meir ni siquiera puede gemir.

''Ah, un recién llegado'', dice Malzahar. ''Que este sea tu despertar''.

Hay destellos dentro de la mente de Meir. Una figura enorme que se cierne detrás del profeta y ocupa todo el cielo nocturno. Edificios... o algo parecido a edificios, pero invertidos y torcidos, sumergidos en un océano enorme y antinatural. Miles de criaturas voraces nadan en cardúmenes tan grandes que bloquean incluso la tenue luz del no sol y crean sus propias corrientes en la no agua.

Y... un nombre...

Un nombre que baila entre los canales de su cerebro como un acróbata, elusivo pero al borde de la materialización.

''Creyentes'', continúa Malzahar. ''Siempre les dije que el final es incuestionable. El Vacío vendrá y barrerá al mundo con todas sus miserias. Y con él, a cada uno de ustedes''.

La mente de Meir está hecha pedazos. Los pensamientos van y vienen tan rápido que a duras penas puede llevar la cuenta de lo que sucede. Alas. Arañas del tamaño de lobos. Una figura que flota debajo de Shurima, un enfrentamiento. Ve a Noxus consumido por una ola imposible de criaturas, el Bastión Inmortal se resquebraja grotescamente antes de desplomarse. El hielo se rompe, y de él surgen criaturas.

Ve de nuevo a Malzahar, eclipsado por una sombra demasiado grande, ¿por qué es tan grande, por qué ella...?

¿... Ella?

''Pero a todos nos cambian nuestras experiencias, ¿verdad? Vi morir a mis padres en Amakra. Consumidos por una enfermedad. Pero no se fueron. Sus recuerdos tienen un propósito, y la huella que dejaron en mí me hizo ser quién soy, y lo que soy los hizo a ustedes''.

La figura se agranda aún más. No es física, no, pero la mente de Meir se aferra desesperadamente a lo que sea, a algo donde sujetarse y que le permita escapar del peso sofocante del profeta.

''El Vacío saboreó estos recuerdos. Y quiere más''.

Los miembros de la secta alzan los brazos al cielo, y las estrellas parpadean más cerca que nunca. Meir tiene que aguantar. La libertad está más allá del abismo, intenta pensar.

Pero las palabras se le escapan.

Ante él, ante todos los presentes, está Malzahar. No hay otra cosa.

''El Vacío adoptó una nueva forma. Una nueva... posibilidad. Una vez vi el mundo acabar en la ausencia de luz y oscuridad, en la totalidad de la nada. Y eso estaba mal. Así que hoy, a ustedes, a todos mis hijos, les confieso que... El Vacío habló. Y ahora, debajo de su mar lavanda, desea. Los desea a ustedes, a sus recuerdos, a sus experiencias, a sus existencias. Lo quiere todo''.

Meir solo empieza a correr cuando el suelo bajo sus pies comienza a ceder. La expansión repentina del abismo se traga todo a su paso... la zona de carpas, los miembros de la secta, todo, mientras Malzahar flota en el aire y observa cómo todos caen hacia la palpitante y animada nada.

''Y'', concluye el profeta, ''lo tendrá todo''.

Algunos de los miembros de la secta quedan suspendidos en el aire, y corales luminosos y sombríos brotan de su piel antes de que los engullan las ondulantes paredes del agujero. Cardúmenes rápidos de extraños peces iridiscentes despedazan a muchos otros. Algunos dejan escapar un grito antes de desaparecer por completo, como por arte de magia.

Los recuerdos de Meir, como las estrellas en el firmamento, se apagan uno a uno mientras él cae cada vez más rápido. La invasión noxiana, su mano golpeando a un oficial, su familia, sus amigos, su niñez, sus sueños. Va a la deriva debajo del mar lavanda, dejando atrás extraños edificios invertidos que emergen torpemente de la nada moteada de luz más allá del horrendo firmamento del Vacío, y ve de reojo el inminente nacimiento de algo masivo.

Mientras sus recuerdos se desvanecen, la figura parece moverse, respondiendo a su nueva fuente de sustento... Fortaleciéndose a medida que Meir, los miembros de la secta, los animales, las carpas y todo se desvanece, erradicados por completo de las apacibles costas de la realidad y reconvertidos en algo terrible y nuevo.

Un hombre que alguna vez se llamó Meir cierra los ojos, vacío de todo.

Toca el fondo del Vacío.

Y luego desaparece.

Fin de esta lectura

Sus vidas tienen su propia historia

Personajes de esta historia

Las publicaciones originales

Fuentes y lecturas relacionadas

Las historias de Riot completas conservan su autor original y el texto. The Rune narrativas se acreditan por separado; orden de colección es una opción de lectura.

  1. Monstruosa ↗
  2. Remolino ↗
  3. El festín del profeta ↗
  4. El toque del Vacío ↗

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