Todo lo que debimos decir — ilustración oficial de Riot

Una historia de Runaterra

Todo lo que debimos decir

Por Michael Luo

15 min de lectura Relato

Ilustración · Riot Games

Todo lo que debimos decir · ilustración de la publicación original · Riot Games

Por Michael Luo · Historia completa

Todo lo que debimos decir

K'Sante se limpia la frente, sus dedos ensangrentados atrapan el sudor y la suciedad. Se encuentra con la espalda encorvada y heridas frescas en su cuerpo, pero se destaca por encima de la decena de atacantes que lo rodean. A su lado, los cuerpos caídos yacen calcinados por el calor shurimano: son todos los desquiciados seguidores de los Ascendidos que intentaban asesinarlo.

El resto de los fanáticos alzan sus espadas, y K'Sante nota los reflejos de la luz en sus filos. Sabe que el sol observa desde lo alto, esperando su próximo movimiento. Contempla la posibilidad de morir ahí mismo y escupe en el suelo. Era una simple emboscada. No se había convertido en el Orgullo de Nazumah solo para perecer en la misma sabana donde sus ancestros vencieron a enemigos más grandes. Estos eran, como mucho, invasores; perdidos en los delirios de conquista de algún hechicero trastornado.

Los fanáticos gritan y se lanzan a la carga, los matorrales resonando con el eco de sus pisadas. K'Sante observa sus movimientos; no hay estrategia en ellos, solo sed de sangre. Aprieta los dientes y, pese a sus piernas maltrechas, su pecho herido y el sabor de su propia sangre en la boca, se prepara para la lucha.

El metal se estrella contra el metal. Los ntofos de K'Sante bloquean un golpe letal. Gruñe mientras empuja la espada del fanático, el peso de sus propias armas ahora lo favorece. K'Sante las había fabricado con ese objetivo: una robusta estructura rectangular construida con la coraza de la cobra-león, uno de los materiales más fuertes en todo Shurima.

Un fanático se escabulle con una espada y corta la mejilla de K'Sante. Este gruñe de dolor y empuja sus ntofos contra el enemigo al que está bloqueando, haciéndolo caer; luego, balancea sus armas dibujando un arco y golpea al fanático que lo cortó. Sonríe. De alguna manera, derrotar a un baccai ahora parece más sencillo que contener oleada tras oleada de fanáticos de los Ascendidos.

''¡Asesinen al impío!'', claman sus enemigos. ''¡El Mago así lo exige!''.

K'Sante quisiera decir muchas cosas acerca de Xerath, pero hacerlo frente a los seguidores del Mago sería un desperdicio. Pronto se unirían a sus compañeros, sin posibilidad de hacer llegar ningún mensaje, y él preferiría hablar con el propio Xerath para hacerle saber al Mago que fue él quien derrotó a los abominables baccai. Pensar que el Mago, un autoproclamado ''dios'', crearía a la cobra-león para aterrorizar a gente inocente...

El estómago de K'Sante se retuerce con disgusto. Su pueblo, su cultura... ellos son su orgullo. Y, desafortunadamente para los seguidores del Mago, ese orgullo es el combustible de su supervivencia. Con la vista al frente, toma sus armas con más fuerza mientras los enemigos presionan su asalto.

Los fanáticos caen sobre él, atacando desde todos los ángulos. ¿Cuántos son? ¿Cuatro, cinco, seis? Su visión se va apagando, tal vez por el calor, tal vez por el cansancio; da un paso adelante, pero su rodilla derecha se dobla bajo su peso. Usando sus ntofos, logra estabilizarse y bloquear los golpes que caen de todos lados. Sus enemigos empiezan a sobrepasarlo; seguro piensan que ha llegado al límite.

De ninguna manera.

Con un rugido, los lanza hacia atrás y vuelve a ponerse de pie. Pero antes de que pueda contraatacar, tres flechas caen del cielo y aterrizan en el centro de las gargantas de tres fanáticos. Aturdido, K'Sante observa a sus enemigos tambalearse, desesperados por respirar antes de caer.

''¡Acaben con ellos!'', ordena una voz.

K'Sante gira y ve a un guerrero alto armado con un arco comandando a otros tres arqueros, que preparan nuevas flechas. Sus vestimentas ostentan patrones verdes y dorados, pero el rostro de su líder está escondido detrás de una adornada máscara.

''No te preocupes, nazumano'', dice el líder. No somos amigos de los Ascendidos.

K'Sante observa las flechas clavadas en los cuerpos sin vida de los fanáticos. ''Eso veo''.

El líder ríe. Su voz es cálida, intensa y también algo familiar. K'Sante no puede ver el rostro del hombre, pero se tranquiliza.

Los fanáticos se lanzan una vez más al ataque mientras los inesperados aliados de K'Sante se agrupan.

''¿Estás listo, nazumano?'', pregunta el líder.

''Siempre''.

K'Sante clava sus ntofos con fuerza en el piso. El suelo frente a él se rompe, abriendo grietas en la tierra y levantando grava con el impacto, tumbando a los enemigos más cercanos. Las capas exteriores de los ntofos se destrozan. Los centros, ahora expuestos, resplandecen con el sol y revelan cuchillas gemelas de obsidiana. K'Sante invierte la empuñadura y apunta los bordes afilados al frente. Sabe que solo tiene un instante antes de que sus armas regeneren su capa defensiva.

K'Sante salta hacia adelante. Reuniendo todas sus fuerzas, usa el impulso para girar en el aire, acomodando una pierna delante suyo para dar una patada circular devastadora hacia tres de sus enemigos. Mientras ellos caen hacia atrás, él asesta con un golpe seco y les atraviesa el pecho con sus ntofos, perforando armadura y carne.

Los fanáticos gritan.

Los aliados de K'Sante rugen.

Una lluvia de flechas cae a su alrededor, bloqueando a los fanáticos que lo habían flanqueado por los costados.

''¡Sin prisioneros!'', grita el líder.

K'Sante asiente. Un torrente rojo corre por su rostro… no sabe si es su sangre o la de sus enemigos. Con los dientes apretados y el ceño fruncido, sigue adelante, clavando sus cuchillas en los corazones de sus adversarios. Uno por uno, todos caen.

Al asentarse el polvo, se puede ver a los fanáticos inmóviles, por fin uniéndose a sus compañeros caídos.

''Se acabó'', observa el líder, satisfecho.

''Así es'', replica K'Sante. ''Por ahora''. Se mantiene en pie, a duras penas, con el cuerpo y el rostro teñidos de un brillante carmesí. Los ntofos en sus manos comienzan a regenerarse mientras observa los cuerpos sin vida de los fanáticos.

''No has cambiado nada, K'Sante'', sentencia el líder.

K'Sante levanta la vista. Con la máscara ahora en mano, un rostro sonriente le devuelve la mirada. Es una expresión que K'Sante creía que nunca volvería a ver de ese hombre… de Tope.

''Seguro tienes muchas preguntas. Pero por ahora, ven con nosotros''. Tope señala vagamente con la mano a la distancia. ''Nuestro campamento está cerca y te ves horrible''.

K'Sante no puede contener la fatiga en su respiración. A pesar de sus dudas, la idea de un descanso es seductora. K'Sante asiente con lentitud y da un paso hacia adelante, pero el mundo comienza a girar a su alrededor, y cae rendido al suelo.




Cuando K'Sante recupera el conocimiento, está recostado en una cama de madera bajo unas suaves mantas. Recorre con sus dedos el tejido verde, sintiendo las agradables y fuertes fibras… una característica inconfundible de las telas del Mercado Central.

El techo de la tienda lo protege del calor del sol, pero puede escuchar la agitación del campamento en el exterior. La forjadura del acero, el martilleo sobre el hierro… son sonidos que le recuerdan a sus propias armas. K'Sante observa rápidamente su entorno y, para su tranquilidad, ve sus ntofos apoyados sobre el poste de la cama, ahora totalmente regenerados, pulidos y limpios. Analiza las incrustaciones de la cobra-león a lo largo de sus bordes, imágenes que esculpió y pintó él mismo basadas en alguno de los viejos dibujos de Tope. Se pregunta si Tope lo habría notado. De ser así, ¿comentaría algo al respecto? ¿Qué tal si llegó a una conclusión errónea? Después de todo, había sido hace muchos años. K'Sante intenta recordar. ¿Cuánto tiempo había pasado exactamente?

''Dos días completos'', dijo una voz. ''Te desmayaste como un armadurillo bebé''. Tope está de pie en la entrada de la tienda de K'Sante con los brazos cruzados, vestido con una túnica verde y dorada de los hombres del Mercado Central. Al verlo sonreír, K'Sante le devuelve una media sonrisa.

''¿Hoy no hay máscara?'', pregunta K'Sante, incorporándose.

''Ambos sabemos que, de no llevar esa máscara, no me habrías dejado ayudarte con esos fanáticos''.

K'Sante abre la boca para protestar, solo para cerrarla de nuevo con un suspiro. Pese a sus recientes esfuerzos por frenar sus más audaces instintos, sabe que esa afirmación tiene algo de verdad.

''Los rumores vuelan'', explica Tope. ''En los últimos meses, las fuerzas de los Ascendidos han invadido el extremo sur. Esperaba encontrarlos por la sabana. Y esperaba que Nazumah enviara a sus mejores hombres. Lo que no esperaba era verte a ti. Solo a ti. Luchando contra más de veinte de sus soldados''.

''Creí que podía vencerlos''. K'Sante sale de la cama con dificultad. Toma la armadura junto a sus armas y gruñe al ponérsela; su cuerpo estaba completamente adolorido.

''Por supuesto'', murmura Tope. ''Estoy seguro de que lo hubieras logrado''. Tope sacude la cabeza. ''Bien, si puedes caminar, puedes comer. ¿Por qué no me agradeces durante el almuerzo? No quisiera que el Orgullo de Nazumah volviera a casa con el estómago vacío''.

K'Sante acompaña a Tope con cautela fuera de la tienda. Ante él, el campamento se extiende a lo ancho. Los guerreros practican y cambian las cuerdas de los arcos; entre ellos puede reconocer algunos rostros del grupo de rescate de Tope. Cerca de ellos, los cocineros revuelven varias ollas de hierro fundido. K'Sante capta el aroma de algo familiar y reconfortante de una de ellas: yuca, camote y harina de maíz. En otra: tomates, cebollas, carne de cabra y arroz con pimientos.

Tope coloca un par de sillas alrededor de una mesa libre. Un jovencito con una armadura el doble de grande que su cuerpo se aproxima con prisa llevando vasos llenos.

''¿Vino de palma?'', ofrece Tope.

K'Sante se ve tentado. Es la bebida favorita de su hogar. Pero declina el ofrecimiento. Quiere mantener su mente lo más clara posible para cualquier rumbo que tome la conversación. ''Agua'', le contesta. ''Por favor''.

Tope mira al jovencito. ''Ya lo escuchaste''.

El joven sale corriendo.

''Entonces'', pregunta K'Sante, ''¿cómo te llaman por aquí?''.

''Mi rey o mi Señor, por lo general'', responde Tope con el rostro inmutable. K'Sante titubea. Tope golpea la mesa y sonríe. ''¡Es broma! ¿Piensas que después de todos estos años, me coronaría a mí mismo como si fuera un Ascendido demente?''.

''No me atrevo a adivinar lo que pensaría tu tía'', replica K'Sante.

''Ah, esa mujer me desheredaría'', asegura Tope. ''Públicamente… para que nuestros ancestros no se ofendan'', explica, imitando la voz de su tía.

K'Sante suelta una carcajada.

''Y ni es broma'', continúa Tope uniéndose a las risas. ''Tus padres harían lo mismo''.

K’Sante · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games

Sirve dos vasos de agua, uno para él y otro para K'Sante, mientras el sirviente se acerca con dos platos de comida. El estómago de K'Sante gruñe ante al arroz con pimientos, de color naranja intenso gracias a las especias, y con un aroma intenso emanando del plato.

''Por favor'', indica Tope'', ''sírvete''.

Mientras K'Sante come, examina a Tope y al campamento que lo rodea. Todos ahí parecen felices, incluso en medio del conflicto. Puede escuchar las risas provenientes de un grupo de personas que intercambian historias de guerra. Los hombres y las mujeres van y vienen, saludándose y deseándose buena fortuna mientras pasan de un puesto al otro. El ambiente es ajetreado y enérgico, pero cada vez que Tope pide más comida y bebida, se la traen sin chistar.

''Parece que lo lograste'', observa K'Sante.

Tope bebe un sorbo de vino. Luego levanta un brazo y señala al resto del campamento con un movimiento circular de su mano. ''Sí, lidero mi propia banda de idiotas. Hasta ahora, nadie me ha arrebatado el cargo. ¿Puedes creerlo?''.

''Eres demasiado terco para eso''.

''¿Acaso el chita le acaba de decir al leopardo que tiene muchas manchas?''.

Ambos hombres sonríen. K'Sante observa los bordes rugosos del rostro de Tope… marcas de los años y unas pocas cicatrices. ¿Eran nuevas? ¿O eran parte de lo que pasó por alto en el pasado? K'Sante busca rastros de algo en el rostro de Tope. ¿Enojo? ¿Tristeza? ¿Dolor? Su cuerpo se tensa por la culpa. Continúa comiendo y observando el campamento mientras el clamor de las conversaciones llena la pausa en su conversación.

''Comandante'', dice Tope. ''Así se supone que deben llamarme. No me gusta, así que les ordeno que no lo hagan''.

''Al menos no eres el Orgullo del Mercado Central'', observa K'Sante.

''¡Ja! Ese título siempre te quedó mejor a ti que a mí. Hablando de eso, ¿se supone que habrá una celebración en tu nombre?''.

''Ah, sí'', responde K'Sante humildemente. ''En el Salón del Cazador, en Nazumah''.

Tope parece impresionado. ''Justo donde solíamos entrenar. ¡Es fantástico! Infiero… que tus padres irán, ¿verdad?''.

''No podría convencerlos de no ir''.

''Me gustaría ver que lo intentaras''.

K'Sante suelta una carcajada.

''¿Cuándo es?'', pregunta Tope.

K'Sante traga otro bocado de arroz con pimientos. ''El próximo mes. El primer fin de semana''.

''¡Ah, justo por las fechas de mi boda!,'' exclama Tope con alegría.

K'Sante vacila, carente de palabras. Sonríe rápidamente. ''¡Felicitaciones!''.

'”Gracias'', sonríe a su vez Tope, ajeno al nerviosismo de K'Sante. ''Parece que los dos nos perderemos la ocasión especial del otro''.

K'Sante suelta otra carcajada. Después de todos estos años, Tope aún no había perdido su sentido del humor. Eso fue lo primero que le había atraído de él. El hecho de que, en todas sus interacciones, siempre hubiera risas. Durante las cacerías, en la cena, en la cama. Los momentos eternos de su romance eran las alegrías que compartieron.

K'Sante extraña eso. Pero aún así, sabe que hicieron lo correcto al separarse. La cacería final de la cobra-león… los apartó. Eran jóvenes. Eran fuertes. Y no podían ponerse de acuerdo en nada. Eso es lo curioso del orgullo. A veces, revela la peor versión de tu mejor versión.

De todo lo que K'Sante habría esperado, esta comida con el hombre frente a él estaba al último. Pero está preparado. Tiempo atrás, se había prometido que si este día llegaba, no habría culpas. El pasado había quedado atrás. De hecho, ahora le interesa más el presente y el futuro.

K'Sante levanta la vista de su plato. ''¿Cómo se conocieron?''.

''Ah, es una historia interesante'', responde Tope. ''Lo conocí en la escuela''.

''¿La escuela?''.

''Sí'', dice Tope, y luego hace una pausa. ''Después de lo que pasó con la cobra-león, volví al Mercado Central. Volví a la escuela. Ya sabes que siempre me gustó estudiar las complejidades del combate. Así que dediqué un par de años a estudiar todo, como por ejemplo las estrategias usadas en culturas lejanas. Noxus, Demacia y esos fríos y tristes guerreros del Fréljord''.

K'Sante finge sorpresa. ''¿Y eso fue suficiente para convencerlos de nombrarte comandante?''. Resopla entre dientes con una gravedad exagerada. ''La guerra de verdad vuelve desesperada a la gente''.

Tope suelta una risita. ''Me alegra que no hayas perdido tu humor''.

Se recuesta sobre su silla. ''Ambos hemos llegado lejos, K'Sante'', observa Tope. ''De dos cazadores jóvenes con… ¿Cómo nos decían? ¿Puro talento, cero disciplina?''.

K'Sante asiente. ''Ahora somos un poco de talento con un poco de disciplina… a veces''.

Tope se carcajea a viva voz. K'Sante recuerda la calidez de ese sonido retumbante… y cómo Tope siempre lograba que los demás a su alrededor se sintieran aceptados. Suspira, relaja los hombros y, por primera vez desde que se sentaron a comer, él también se reclina sobre su silla.

''¿Sabes? Nunca tuve la oportunidad de decir esto'', empieza a decir Tope, ''probablemente porque en ese entonces no lo creía, pero ahora… Me arrepentiré si no lo hago. Así que aquí va''.

K'Sante observa cómo Tope juguetea con sus uñas antes de continuar.

''Lo siento'', dice Tope finalmente, irguiéndose en su asiento. ''No te apoyé en aquel entonces. Durante la batalla contra la cobra-león. O por lo menos, no te apoyé como tú querías. No me había dado cuenta de lo que significaba para ti…''.

''No'', interrumpe K'Sante.

Había ensayado esta conversación muchas veces. Hacía unos años atrás, era lo único en lo que podía pensar. Repasar lo que sentía, y por qué. Tiempo después, ese pensamiento volvía cada vez menos, y empezó a convertirse más en una lección. Un recordatorio de cómo su relación lo había hecho crecer, y de cómo le había permitido darse cuenta finalmente del daño que su orgullo podía ocasionar.

Le llevó incluso más tiempo entender que, aún ahora, su orgullo es una fuerza… una que empuja a los demás e inclina la balanza en la batalla. En el amor… no es tan diferente. Matar enemigos es sencillo. Resolver conflictos, no.

Últimamente, K'Sante pensaba poco en esta conversación, si acaso. Es verdad que definitivamente no esperaba estar teniéndola ahora, pero todos esos años pensando en ella le permiten expresarse con franqueza.

''No'', repite con firmeza y se endereza en su asiento''. ''Yo te lastimé''.

Exhala. ''Sí, la cobra-león fue algo abrumador. Y sí, solo quería matarla… para demostrar que podía ser el mejor guerrero de Nazumah. Pero no era necesario que te menospreciara de la manera en que lo hice. De hecho, usé tus notas. Fuiste quien descubrió que era un baccai. Eso fue lo que me permitió terminar lo que habíamos empezado. Y por eso, estoy muy agradecido''.

K'Sante baja la mirada hacia los platos a medio comer. Un signo de una profunda reflexión. Levanta la mirada hasta encontrarse con los ojos de Tope. ''También pude haber sido un mejor compañero para ti. Lamento mucho no haberlo sido. De verdad''.

Puede sentir el frío aire del desierto en la piel mientras observa cómo el rostro de Tope se suaviza. Parecía que el sol se había puesto. Pero ¿cuándo había desaparecido en el horizonte? No lo recordaba.

Inspira profundamente y sonríe. ''Pero también deberías agradecerme''.

''¿Ah sí?'', dice Tope, divertido. Bebe un sorbo de vino mientras analiza el semblante de K'Sante. ''¿Y por qué?''.

''Al hacer lo que hice, parece que te ayudé tanto en tu carrera como en tu vida amorosa''.

A Tope le sale el vino por la nariz. Inclina la cabeza hacia atrás, aullando de risa. Es contagiosa. Las risas alegres de los dos hombres se mezclan con las canciones y los bailes de la fogata cercana.

''Ese orgullo tuyo'', señala Tope, ''nunca se fue del todo''. Sonriendo y suspirando, limpia las gotas de vino que cayeron sobre la mesa. ''Es tu mejor fortaleza y yo, personalmente, creo que los nazumanos tienen suerte de tenerte. En los tiempos que corren, no hay mejor Orgullo de Nazumah''.

K'Sante se reclina en su asiento y disfruta del gran cielo vespertino. Había imaginado esta conversación de mil maneras posibles. Ser testigo del éxito de Tope, escuchar su aceptación y ver cuánto había madurado, junto con su propio crecimiento, era un alivio.

Toma la jarra de vino de palma y se sirve una copa. ''Ni mejor comandante del Mercado Central''.

''Entonces brindemos'', propone Tope. ''Ascendidos, imperios o bestias…''.

''¡Nada amenazará nuestros hogares mientras nosotros estemos de pie!''.

Fin de esta lectura

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Fuentes y lecturas relacionadas

Historia completa por Michael Luo. Publicado 2022-10-18. La fecha de publicación no es una fecha en el mundo. Las ilustraciones conservan sus propios subtítulos y fuentes.

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  2. K’Sante ↗

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