A fuego lento — ilustración oficial de Riot

Una historia de Runaterra

A fuego lento

Por Roy Graham

7 min de lectura Relato

Ilustración · Riot Games

A fuego lento · ilustración de la publicación original · Riot Games

Por Roy Graham · Historia completa

A fuego lento

En la profundidad del norte, las noches son oscuras. Las sombras cada vez se hacen más grandes en el salón de Ashe y su compañero Jurasangre. Las llamas de los braseros se consumieron hasta convertirse en carbones que ardían a fuego lento. Aunque parezcan apagados, hasta un tonto sabe que no deben sujetarse con las manos. Hasta un tonto.

No hay mucho que destacar sobre sus cualidades. Alto y fuerte, sin duda, pero el cabello oscuro que cae sobre sus hombros tiene mechones de canas. No luce como un personaje de mitos y leyendas. Sentado a la cabecera de su mesa, Tryndamere se ve como un hombre. Sus ojos son de un verde llano. Inexpresivos, como los de un animal.

No obstante, no puedo sostener su mirada por mucho tiempo. Atestigüé la rabia que sus ojos esconden. Casi me consumen, como las brasas a la paja.




Sucedió durante mi primer invierno como doncella de batalla de Ashe. Era joven, imprudente y estaba muy aburrida. Mi nueva vida no era la aventura con la que soñaba. Cuando Ashe partió para luchar contra los invasores del norte, me dejó a cargo del gran salón para velar por su Jurasangre. Tryndamere no estaba congregando grupos de guerra ni aullando con deseos por ir a la batalla. En cambio, estaba en una audiencia con varios emisarios de clanes cercanos. No eran nobles ni matriarcas, sino hombres y mujeres comunes que creían que el mundo giraba alrededor del número preciso de ganado que pastaba en sus tierras. El más torpe del grupo tenía la palabra en ese momento: un viejo tembloroso de barba gris.

''La matriarca Ashe se llevó a un tercio de nuestros guerreros al norte para expulsar a los invasores de la Garra Invernal. Eso significa un tercio menos de trabajadores labrando la tierra, un tercio que no vigila el rebaño. Entiendo que su gente nunca haya cosechado ni pastoreado animales, pero en tierras más civilizadas...''.

Quería ver la cabeza del viejo rodar por el suelo. ¡Estaba hablando con el Jurasangre de la matriarca! Observé a Tryndamere desde mi silencioso lugar detrás de él, en busca de un destello de furia bajo su pasiva fachada. No obstante, ya sabía que me decepcionaría. ¡Por todos los dioses! Quería que exhibiera una pizca de su ira legendaria.

Tan joven y tan tonta. Nunca olvido que fui yo quien quería presenciarla.

''Permítame, Jurasangre, ilustrarlo con respecto al manejo adecuado de las tierras al oeste de las Colinas Blancas...'', prosiguió el viejo barba gris.

Mi mano estaba inquieta sobre la funda de cuero de mi espada.

Antes de llevar a cabo una acción precipitada, las gigantescas puertas de madera del salón se abrieron de par en par. Los braseros chisporrotearon y silbaron cuando el viento y la nieve entraron a la sala, acompañados por una docena de siluetas. Al frente del grupo se encontraba una mujer alta. Sus trenzas plateadas se asomaban por debajo de la capucha cubierta con escarcha. Mientras la retiraba de su cabeza, reconocí la abultada cicatriz blanca que atravesaba su rostro.

''¿Heldred?''.

La matriarca de mi tribu me miró con frialdad. En ese momento, me percaté de la presencia de sus seguidores, ataviados con pieles, cueros y armaduras. Cerraron de golpe las enormes puertas. Todos ellos guerreros. Sus armas desenvainadas y ensangrentadas. Un grupo de guerra.

Alrededor del salón, los emisarios permanecían en silencio. Miraban nerviosamente a los recién llegados. Tryndamere también los observó, pero no pude distinguir si la presencia de las armas levantadas en su salón lo fastidiaba o no.

Heldred me ignoró. Su mirada se enfocó solo en Tryndamere. Me paré frente a ella. ''No des un paso más, matriarca''.

''Sigra'', dijo con frialdad. Su voz era gélida como el invierno. ''Me honras al seguir llamándome con ese título. Me alegra que no hayas olvidado tus primeros juramentos''.

''¿Por qué estás aquí, Heldred?''.

Rediseño de Tryndamere · ilustración del personaje; no representa esta escenaPublicado en Universo de Riot

''A un lado, niña. Si tu nueva matriarca estuviera a mi alcance, mojaría mi hacha con su sangre. Pero la sangre debe ser derramada, así que me conformaré con el segundo al mando''.

''Heldred de los Tres Ríos''. Una voz retumbó por las oscuras esquinas del salón. Tryndamere. ''Has recorrido un largo camino. ¿Por qué quieres pelear?''.

''Saludos, Jurasangre'', dijo. ''Verás. Hace cinco días, cuando el sol se alzaba en nuestra aldea, algo más llegó junto con él. Invasores. Saqueadores. Asesinos''.

Las palabras me atravesaron como cuchillos. ''La Garra Invernal'', susurré.

''¡Sí!'', aulló. ''La Garra Invernal. Llegaron cuando el hombre al que defiendes permanecía sentado detrás de estas grandes paredes, volviéndose más gordo y lento, e hicieron lo que la Garra Invernal siempre hace. Hubo una época en la que tal vez hubiéramos podido ahuyentarlos. ¡Pero eso fue antes de que Ashe convocara a los guerreros! Antes de que se llevara a un tercio de las manos lo suficientemente fuertes para empuñar una espada''.

Su voz se transformó en un siseo amargo. ''No pudimos resistir''.

Las palabras se rehusaban a salir de mi boca. Debí haber estado ahí, pensé. Si no le hubiera jurado lealtad a alguien más, podría haber estado ahí. Podría haber peleado. ''¿Cuántos? ¿Cuántos murieron?''.

''Los ancianos se escondieron a tiempo, Sigra. Estoy agradecida por ello. Pero muchos no lo hicieron. Demasiados''.

Lentamente, Tryndamere se puso de pie. ''Lamento su pérdida, matriarca. Sé lo que significa guiar a un pueblo desesperado. Trae aquí a los sobrevivientes. Pueden compartir nuestra comida y nuestros muros. Son bienvenidos''.

Era un ofrecimiento noble.

Heldred solo escupió en el suelo. La matriarca sacó un hacha de su cinturón. ''No quiero ni tus muros ni tu comida, Jurasangre. Quiero sangre por sangre. Las viejas costumbres dicen que tengo derecho a un desafío, así que vine a desafiarlos''.

''Qué insensatez'', dije. ''Piensa en los nuestros''. Piensa en los ancianos de mi familia, quise decirle.

''Te olvidas de tu lugar, niña. No lo diré dos veces: apártate''.

Furiosa, mi mano apretó la empuñadura de mi espada. La desenvainé con un solo movimiento. A la luz del fuego, el brillo del acero era naranja. ''No, Heldred. No lo he olvidado. Soy una doncella de batalla que juró defender este salón. Por mi juramento, acepto tu desafío''.

''Que así sea. Si tienes tanta prisa por morir, trataré de que sea rápido''.

Tryndamere · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games

''¡Basta!'', exclamó Tryndamere. ''No permitiré que se derrame sangre avarosana en este salón. ¡Ya tenemos suficientes enemigos como para matarnos entre nosotros!''.

El eco de sus palabras sacudió las maderas del salón. Nunca lo había escuchado hablar así. Un sentimiento de peligro se escondía bajo la superficie de su voz. Pero Heldred solo lo miró con desdén. ''No te tengo miedo, Jurasangre. La vida detrás de estas paredes desafiló tu espada y tu destreza. Pero mi filo te matará de un solo tajo''.

Detuve con mi espada su primer golpe. Su fuerza casi dislocó mi hombro. Apenas pude recuperarme cuando Heldred blandió su espada nuevamente. Fui veloz, pero ella tenía a su favor la experiencia y la fuerza.

Su golpe a la cabeza rozó mi cráneo por unos centímetros, y enterró el hacha en el suelo. Me abalancé hacia adelante para enterrar mi espada en su corazón, pero con un gruñido feroz liberó su hacha y golpeó mis costillas con la culata. El dolor se expandió por mi pecho y me tambaleé hacia un costado, incapaz de mantenerme de pie.

Desde el suelo alcé mi espada y la apunté débilmente a la mujer que alguna vez fue mi matriarca. La arrancó de mi mano con desdén. ''Le diré a los tuyos que peleaste con valentía, Sigra Doncella de Batalla''.

Heldred alzó el hacha para dar el golpe de gracia. Apreté mis ojos con fuerza. Pero nunca llegó.

Alcé la mirada. Tryndamere detuvo el hacha; la detuvo con su mano desnuda. La sangre chorreaba desde la cuchilla por su brazo y caía en las maderas del suelo. ''Estas no son nuestras costumbres. Los avarosanos se protegen entre sí''.

Desde el suelo, vi cómo la herida abierta de su palma se cerraba.

Imposible.

Hablaba con los dientes apretados, y aquel peligro que percibí antes ahora aullaba en mi cabeza. Corre, decía. Corre ahora, mientras puedas.

Por un momento, vi cómo Heldred también lo escuchó, pero en ese momento, con un rugido, blandió de nuevo su hacha. Era un golpe con ambas manos que pretendía partirlo en dos.

Tryndamere soltó un rugido. Era un sonido inhumano, una furia más profunda que las raíces de las montañas o que el lago más hondo. Rugió y después arremetió contra ella.




Eso fue hace dos inviernos. Dos inviernos y no he podido olvidar lo que presencié aquella vez. Tal vez nunca pueda. Tal vez no deba hacerlo.

Aún soy una juramentada, atada a pelear a su lado. Cuando hago guardia detrás de mi carga bárbara, inmóvil en su larga mesa, veo cómo se deforma el rostro de Heldred en agonía. Cuando las llamas menguan en el gran salón, escucho sus gritos. He visto lo que merodea bajo aquellos ojos plácidos y aburridos.

Cada noche, le rezo a mis ancestros para no verlo de nuevo. Es mejor que algunas cosas permanezcan solo en los relatos.

Algunos trozos de carbón arden mejor a fuego lento.

Fin de esta lectura

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Las publicaciones originales

Fuentes y lecturas relacionadas

Historia completa por Roy Graham. Publicado 2019-06-05. La fecha de publicación no es una fecha en el mundo. Las ilustraciones conservan sus propios subtítulos y fuentes.

  1. A fuego lento · Roy Graham ↗
  2. Rediseño de Tryndamere ↗

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