El extraño en el camino — ilustración oficial de Riot

Mediodía alta · universo alternativo

El extraño en el camino

Por Relato gótico de Solo ante el Peligro, por River Jaffe

16 min de lectura Relato

Ilustración · Riot Games

El extraño en el camino · ilustración de la publicación original · Riot Games

Por Relato gótico de Solo ante el Peligro, por River Jaffe · Historia completa

El extraño en el camino

Mediodía alta · universo alternativo

El camino de Tenacidad a Progreso era llano e inhóspito, y se extendía por kilómetros y kilómetros de cactus de una punta del cielo a la otra... pero ese extremo de tierra compacta a la distancia parecía no acercarse nunca. El vaquero lo miraba fijo sin parar. Tenía suficiente agua para llegar al pueblo, así como suficiente ganado para que su patrón obtuviera una buena suma en el mercado. Lo único que tenía que hacer era llegar hasta allí en una sola pieza, tanto él, como el rebaño. Tan simple.

Si las vacas notaban algún rastro de preocupación, le hacían el favor de no reconocerlo. Y por eso, estaba agradecido. En cambio, caminaban, mugían e intentaban pastar a pesar de la tierra sin vida, con sus ojos negros e inexpresivos brillando bajo el despiadado sol del mediodía, y seguían el ritmo del sonido constante de los cascos de la yegua. Iban según lo planeado para llegar a Progreso antes del anochecer, y ese solo hecho ya era una bendición. Bestias extrañas habían sido vistas por estas partes después de la puesta de sol: sabuesos infernales con dientes del tamaño del antebrazo de un hombre; muertos no enterrados aún hinchados que se arrastraban por la tierra agrietada; forasteros que cazan almas arrepentidas por haber apostado riquezas incalculables en el casino y haberlo perdido todo, solo para intentar huir del pago de su pecado. No, señor, no es para nada bueno vagar por la noche oscura y fría del desierto.

Al parecer, el vaquero no era el único que viajaba bajo la protección de la luz del día. Al principio era solo una mancha, que se movía tan lento como el sol en el cielo, pero ahí estaba. Una sombra oscura coronada por un sombrero de ala ancha en el camino. El vaquero no esperaba ver a nadie hasta llegar a la bifurcación hacia el norte, rumbo al Fuerte Nox. No quedaba mucha gente que usara este viejo camino en particular, ni tampoco muchos que siguieran viviendo en un pueblo de dos calles venido a menos como Tenacidad, así que la duda persistía.

Desde esta distancia, podía ver el dobladillo de la chaqueta del extraño arrastrándose por la tierra detrás de él; el hombre iba encorvado y se escondía en la sombra de su sombrero como si el sol lo hubiera insultado personalmente. No cambió su curso ni aceleró el paso, y así fue como, poco a poco, el rebaño y el vaquero alcanzaron al extraño.

La yegua frenó primero. Tiró las orejas hacia atrás hasta dejarlas pegadas al cuello. Respiraba agitada mientras se movía inquieta bajo la montura. La brisa que corría en el camino se extinguió de inmediato, como si un pueblo se cerrara ante la llegada de una temible criatura arrastrándose desde algún lugar desconocido.

El vaquero le ofreció un saludo simple, con la voz ronca por el polvo y el poco uso: ''¿Qué tal, amigo?''.

Sin llegar a responder, el desconocido se desplomó en el suelo árido.

''Eh, cuidado...''. Con un rápido movimiento, el vaquero se bajó de la silla de montar, aterrizó y sujetó en brazos al desconocido para que no estuviera tirado boca abajo en la tierra. El sujeto era más liviano de lo que el vaquero imaginó, como si debajo de todo ese abrigo tuviera huesos de ave, huecos e insuficientes. Olía a humo, cobre y calor.

El extraño murmuró algo y tosió mientras sus labios partidos se movían como si estuviera rezando o poseído, apenas un susurro. ''Agua...''.

''¡Ah! Por supuesto''. El vaquero tomó la cantimplora que llevaba en la cintura, sabiendo que ya estaba medio vacía, pero atormentado por historias de la infancia: cuentos sobre viajeros que no ayudaban a los desconocidos que vagaban por el camino, y sobre cómo eran castigados por ello cuando resultaban ser espíritus o brujas o algo parecido. Este extraño en particular parecía bastante real. Aceptó la cantimplora con gratitud, y dio tragos que resecaron la garganta del vaquero; pero la decisión había sido tomada, ya no se podía cambiar de opinión.

El extraño se limpió la boca con el dorso de la manga, que ahora estaba tan seca como la cantimplora que tenía en la mano. Como si se hubieran liberado de alguna maldición, unos ojos color marrón dorado y llenos de cansancio finalmente se alzaron para mirar a su salvador desde abajo del ala de ese ancho sombrero de cuero. No podía ser mucho mayor que el propio vaquero, pero las dificultades del desierto a las que habría sobrevivido este hombre lo habían dejado demacrado: la piel amarillenta, el cabello pálido pegado a la frente empapada por el sudor; y, sin embargo, había algo sobrenatural en él, hermoso de una forma que evocaba un miedo instintivo en lo más profundo de las entrañas del vaquero. Hermoso como un fuego salvaje. Hermoso como un cuchillo bien lustrado.

''Te lo agradezco'', logró decir el extraño con una débil sonrisa mientras le devolvía la cantimplora. ''Estoy en deuda contigo''.

El vaquero, dándose cuenta de repente que mirarlo fijamente era descortés, tragó el nudo que había aparecido en su garganta. ''No hay de qué. ¿Te encuentras bien?''.

Como queriendo demostrarlo, el extraño se puso de pie, solo para volver a doblarse por un ataque de tos. El vaquero se levantó de reflejo para sostener al hombre, sujetarlo del brazo y aliviar su espalda temblorosa. Curiosamente, el hombro bajo su palma le dio un cosquilleo al apoyar los dedos. La curiosidad era un entretenimiento peligroso, en especial con un hombre como este, pero asomó la cabeza a pesar de los buenos modales que el vaquero pudiera tener.

Soltó el brazo del extraño y pudo ver apenas algo blanco y suave bajo las sombras de su abrigo. Plumas. Cuando el vaquero levantó la vista, se percató de que el otro hombre también lo estaba mirando.

''Estoy bien'', contestó el extraño, y apretó la mandíbula conteniendo algo sin nombre e inefable entre los dientes. Ahora lo observaba, con esa mirada brillante bajo la sombra de su sombrero. ''No quisiera entrometerme, pero, ¿hacia dónde te diriges?''.

''A Progreso'', contestó el vaquero.

El extraño se quedó pensando un momento mientras sus ojos lo ponían a prueba sin problema. ''Eso queda en una dirección agradable, y viajar es más placentero con compañía. ¿Puedo acompañarte?''.

Y entonces caminaron juntos.

El extraño no volvió a tropezar y siguió con su lento andar junto al paso incómodo de la yegua del vaquero. Los pasos de este extraño merodeador eran ligeros, sin que las rocas, o la maleza, o los huesos resecos que recuerdan la inevitabilidad de la muerte que cubrían el camino le impidieran avanzar. El silencio mutuo se mezclaba con el calor del mediodía en el horizonte.

''¿Por qué te diriges a Progreso? Si no te molesta que lo pregunte'', comentó para entablar una conversación.

''Para tomar un tren'', contestó simplemente el extraño, como si no hubiera nada más que explicar. El vaquero asintió.

El silencio era el mejor amigo y el peor enemigo de todos en el camino: seguro por la tranquilidad de que el peligro no está cerca, pero potente por su poder premonitorio. Una promesa de que lo que sea que esté al acecho no está aquí... todavía. Las vacas lo sabían y observaban con la paciencia de una presa, un solo ser vivo con cien ojos fijos en el extraño del sombrero de ala ancha.

''Quisiera devolverte la gentileza'', el extraño rompió aquel sagrado silencio, mientras miraba al horizonte con los ojos entrecerrados. ''No quisiera quedar en deuda''.

Dibujo lineal inicial de Talon · ilustración del personaje; no representa esta escenaPublicado en Universo de Riot

El vaquero lo miró. Se esbozó una sonrisa en su rostro no por algún tipo de alegría en su corazón, sino por las exigencias de la gentileza. ''Nah, ni lo menciones. Solo ayudé a otro viajero''.

''Eres demasiado amable'', dijo el extraño a modo de observación y no por cortesía. ''Insisto. No puedo dejar que semejante generosidad pase desapercibida''.

El modo en que dijo esas palabras le sonó extraño al vaquero, y ese peligroso entretenimiento llamado curiosidad apareció una vez más. El sudor que le corría por el cuello se puso tan frío como el hielo mientras preguntaba, en contra de su buen juicio: ''¿Qué tienes en mente?''.

El extraño se encogió de hombros con sencillez. ''¿Qué tal una vieja historia del oeste? Una que creo que no has oído''.

A pesar de que no corriera viento y del calor feroz que hacía, al vaquero se le puso la piel de gallina. ''No quisiera molestarte con eso...''.

''Considéralo como un pago'', respondió el extraño, con un dejo de tristeza en su sonrisa.

El vaquero sintió pena, el mismo suspiro de arrepentimiento que su padre había soltado al llevar a su mejor ganado al matadero cuando las cosechas se pudrieron en el campo y no había nada que alguien pudiera hacer para salvarlas.

La garganta del vaquero se cerró por un presentimiento mientras el extraño comenzaba su relato.




Nadie sabe quién profetizó esto, ya que los verdaderos profetas fueron asesinados por sus verdades hace mucho tiempo, y cualquiera que profese lo mismo hoy en día no hace más que mentir. Pero esto es real, de la época anterior a la caída del Cielo. De aquellos tiempos en los que uno podía sentir la alegría de la corrupción y el escozor de la santidad, porque ambas significaban algo si se tenían mutuamente. Ahora, todo aquí es profano, pero ya estoy divagando.

Hay un principio de todas las cosas, como también hay un fin. No hay manera de detener el principio, puesto que ya ha comenzado. No hay forma de impedir el hecho de que estamos aquí, de que hemos estado aquí y de que hemos dañado la tierra. Pero el fin... Bueno. Dicen que el fin de todas las cosas llegará tras la caída de las puertas del Cielo, cuando el infierno y el hombre hayan secado la tierra, y nos llegue a todos el juicio final.

Los ciclos de la vida y la muerte se convertirán en un negocio, los avaros de la industria los aprovecharán y los convertirán en máquinas de humo y azufre. Creo que esto ya está en marcha, tal vez hayas oído hablar del Ferrocarril de azufre y su rey-demonio mecánico.

El fin de los tiempos será anunciado por cinco Mensajeros, heraldos de todos los rincones de la tierra.

Desde el sur: la primera Mensajera monta un corcel de marfil y conquista todo a su paso. Cualquiera que se interponga en su camino se arrodillará ante ella o arderá.

Desde el oeste: el segundo Mensajero vendrá de la tierra de los ángeles y castigará a aquellos que mataron a los inocentes y maldijeron lo sagrado. Forjado en el amor, quebrantado en la muerte, templado en la venganza.

Desde el norte: la tercera Mensajera es una con la sombra y el humo, que equilibra las cuentas de los pecados con el filo de su cuchillo. Ella es nuestra Señora de la retribución.

Desde el este: el cuarto Mensajero viaja a través de las aguas profundas del mundo, su apetito por todas las cosas es insaciable e imparable. Lo devorará todo hasta que no haya nada más por consumir.

Como es arriba, así es abajo: el último Mensajero camina con la muerte a su lado, un espectro que lo deteriora todo a su paso. Recoge la cosecha viviente del hombre, siega almas para llevarlas más allá de los límites del Cielo y el Infierno a un territorio desconocido.

Los cinco cabalgarán juntos. Derribarán a los malvados que se quedan con la recompensa del desequilibrio, abatirán a los demonios y monstruos de acero, y acabarán con el mismísimo rey del Ferrocarril de azufre.

El equilibrio del oeste está cambiando. La llegada del ángel mecánico y la resurrección del pistolero fueron solo el comienzo; ahora los Mensajeros están aquí para terminar con lo que empezaron. Algunos dicen que su llegada es lo que atrae la tormenta del caos para limpiar el oeste de todos sus sucios pecados. Otros, que castigarán a los malvados y darán paso a una nueva era del hombre. La mayoría piensa que simplemente están aquí para acabar con todos nosotros y ya...




El extraño se tambaleó por otro ataque de tos y, en el lapso de un instante de pánico, el vaquero se bajó de la silla de montar para intentar atrapar al extraño antes de que se cayera otra vez. A esta distancia, pudo ver el ceño del extraño arrugado por la tristeza y cómo le devolvía la mirada al vaquero con un cansancio que le llegaba hasta la médula.

''¿Y tú qué piensas?'', preguntó el vaquero. ''¿Sobre los Mensajeros? ¿Sobre lo que harán?''.

El extraño reflexionó al respecto con una risa sin alegría, con la voz ronca. Invocó lo que tenía en la garganta y lo escupió al suelo: una bola de plumas blancas, húmedas y ensangrentadas.

Con una voz tan espesa como el humo del carbón, el extraño dijo: ''Creo que todos vivimos con los días contados, caballero, y a quienes tienen el poder no les agrada dejar que nosotros, los pecadores, sigamos endeudados''.

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Se levantó lentamente, se alejó de la ayuda brindada por el vaquero y se enderezó. El vaquero no se había dado cuenta de que el extraño llevaba una mano escondida bajo la manga, pero al asomarla pudo ver unos dedos afilados en forma de garra impía, negra como la brea y roja como el fuego del infierno, que se alzaba para sacarse el abrigo maltrecho y el pañuelo, y dejarlos caer al suelo al igual que una serpiente de cascabel cambiando de piel. Mientras que la mitad del cuerpo del extraño estaba envuelta en oscuridad, incluso bajo la luz del día, del hombro izquierdo le salían plumas blancas que se extendían por su brazo y su pecho como una infección, y terminaban donde empezaban las sombras en la piel entre el cuello abierto de su camisa con un siseo crepitante.

El vaquero no podía imaginar cómo había pensado que el extraño era un hombre. Oyó los pisotones de los cascos de su yegua detrás de él, la forma en la que resoplaba y relinchaba, y ponía los ojos en blanco del miedo ante la cosa que estaba frente a ellos, tan cerca que cualquiera de los dos podía estirarse y tocar al otro. El vaquero podía correr. Debía correr. Cada célula de su cuerpo le gritaba para que diera media vuelta, se subiera a su caballo y atravesara el desierto en cualquier dirección lejos de aquí, pero le temblaban las rodillas y las manos, y la mirada ardiente de abajo del ala de aquel sombrero no le permitía moverse.

Talon · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games

Se escuchó el silbido de un tren en la distancia, y en alguna parte de su mente el vaquero notó que eso era extraño, ya que estaba a kilómetros del ferrocarril más cercano. Una lástima que ese fuera su último pensamiento, pero, una vez más, al oeste no le importa un bledo la dignidad de los hombres. El extraño sacó un cuchillo de la mano con garras, se acercó más y más, y solo entonces, mientras le secaba una lágrima que caía por la mejilla del vaquero con la mano celestial, deslizó el cuchillo infernal entre sus costillas.

''Te lo agradezco'', le susurró el extraño al oído mientras retiraba el cuchillo de su cuerpo, mientras su cuerpo caía al suelo, y mientras el alma del vaquero salía de ambos y se desplomaba en el suelo.




La tierra retumbó en la distancia.

Si esto hubiera sucedido cinco o diez años atrás, mirar un cadáver no habría significado nada para el extraño. No habría sentido absolutamente nada, no se habría detenido a reflexionar al respecto, ni siquiera habría dejado un cuerpo cuando su poder estaba en su punto máximo y su forma era más sombra que hombre, y era libre de saciar su sed de sangre a su antojo; pero no fue hace cinco o diez años atrás. Ahora contemplaba los restos: la sangre en su cuchillo, el ínfimo sonido de la respiración del vaquero mientras su pecho dejaba de moverse, el caballo galopando lejos hacia algún prado más seguro, marchitado hace mucho tiempo. Malditos sean los ángeles y sus conciencias.

Se agachó para ayudar al alma errante, reducida a la sombra de un hombre con los ojos vacíos, y le apoyó una mano en el hombro. Donde antes había miedo, curiosidad y bondad, ahora no había nada, solo miraba fijo a la distancia invisible entre la vida y la muerte, como si pudiera encontrar alguna respuesta en el horizonte si tan solo mirara el tiempo suficiente. ¿Acaso los muertos veían algo en el mundo que los demás no? Parecen tan concentrados en la nada.

En fin, todos lo descubrirían pronto.

La tierra tembló bajo los pies del extraño. El silbido del tren sonó otra vez, como el grito al aire de miles de buitres rugiendo y percibiendo el aroma a muerte en el viento, ese rugido más fuerte que un trueno. El sonido se hizo más y más fuerte, y más aún, hasta que las entrañas de la agrietada tierra del desierto se partieron en dos y desde el abismo se alzó el hedor del humo, el chirrido del metal sobre las vías y, finalmente, el mismísimo Ferrocarril de azufre.

Era una bestia de brasas y fuego, cenizas y carbón, un titán de maquinaria de acero que empequeñecía a hombres y monstruos con una grandiosidad solo superada por el propio conductor del tren. Solo verlo era suficiente para que cualquier mortal perdiera la cordura. El enorme tren proyectaba una sombra de mediodía al obstruir una esquina del sol. Una vía se formó debajo mientras las ruedas se agitaban y disminuían la velocidad hasta que finalmente se detuvieron con un gran estruendo.

El vapor les dio la bienvenida mientras las puertas se abrían. El extraño se subió al tren y guio al alma del vaquero hasta el demonio que servía como inspector de boletos. El demonio asintió ante el intercambio. Ese pago bastaría.

Sintió un estremecimiento extraño debajo de las costillas mientras el alma se dirigía hacia el resto de los pasajeros amontonados en el vagón contiguo: barones ferrocarrileros y mendigos, caballeros y pistoleros, vaqueros y ángeles, todos a bordo del mismo tren al infierno. El extraño hizo una mueca y volteó hacia el inspector de boletos mientras las puertas se cerraban detrás de él.

''Dile a tu jefe que Talon está aquí y que quiero hablar con él. Los Mensajeros se están preparando''.

El inspector palideció y se marchó corriendo. Lo dejó solo con el aire estancado del tren mientras este esperaba en las vías, como una máquina impaciente. El conductor del tren era un hombre peculiar, de gustos fastuosos y una voluntad inflexible: todas las ventanas estaban decoradas con plata esterlina, todas las cortinas estaban hechas de un terciopelo precioso. El ferrocarril de azufre era algo costoso en todo sentido.

Con el rabillo del ojo, Talon vio que alguien lo observaba desde la puerta del vagón contiguo. Sintió cómo su mandíbula se tensaba.

''¿Y tú qué miras?'', gruñó, pero el alma del vaquero no se movió. La ira comenzaba a arder en su corazón, impotente e incapaz, un recordatorio de que él nunca había tenido uno para empezar y que estaba mucho peor ahora que sí lo tenía. Se acercó al alma que lo miraba igual que cuando el sujeto aún seguía con vida, pero esta vez ni siquiera flaqueaba ante el fuego que ardía en los ojos de Talon. Indiferente. ''¿Quieres que me disculpe?''.

El alma seguía mirándolo fijo.

''¿Quieres que diga algo?''.

El alma seguía mirándolo fijo.

''¡Lo siento! Ahí tienes. ¿Contento?''.

El alma seguía mirándolo fijo.

Talon escupió y estiró el brazo para tomar a la sombra del vaquero por el cuello...

Entonces el alma alzó la mano hasta la mejilla de Talon y le secó una lágrima debajo del ojo.

Nunca antes había querido llorar, el luto santurrón de los ángeles y los hombres por las vidas perdidas que nunca habían sido suyas en primer lugar era un acto lamentable; pero toda la lluvia que jamás cayó sobre el desierto comenzó a caer dentro de su pecho, como una tormenta imparable, amenazando con llenar el oeste de lágrimas y ahogarlo en el acto.

Talon se apartó y miró por la ventana hacia lo que había dejado atrás: el solitario camino hacia Progreso, una cantimplora vacía, la mirada vacía de un cuerpo que antes fue un hombre, y un rebaño de animales con ojos inexpresivos que pisaban el cadáver de su pastor mientras pastaban por el suelo inhóspito, en busca de algo verde entre el caos de plumas blancas muertas manchadas de sangre y azufre.

Tal vez todos se merecían lo que estaba por venir.

Fin de esta lectura

Sus vidas tienen su propia historia

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Las publicaciones originales

Fuentes y lecturas relacionadas

Historia completa de A High Noon Historia gótica de River Jaffe. Publicado 2022-04-26. La fecha de publicación no es una fecha en el mundo. Las ilustraciones conservan sus propias leyendas y fuentes.

  1. El extraño en el camino · Relato gótico de Solo ante el Peligro, por River Jaffe ↗
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