Por Ariel Lawrence · Historia completa
De ratas, gatos<br> y ratones de neón
PROYECTO · universo alternativo
El doctor se tambalea sobre el puente resbaladizo. Extiende la mano hacia el raído barandal cuando se rompe la conexión de su pie con el cableado en su tobillo. Por un momento, se siente desorientado. Su vista se desplaza de las placas mojadas del paso a desnivel hacia el infinito ensamblaje de metal, vidrio y luz perpetua que conforman la Central Superior.
Abre y cierra los ojos para ahuyentar la luminosidad y reconecta su pie mejorado. En el circuito está tallado un recuerdo desvanecido del último usuario, era costoso...
Y demasiado grande, responde su mente con amargura. La modificación es un agradecimiento denigrante y de segunda mano de un paciente rico del sector superior, demasiado asustado para realizar un pago rastreable a su doctor clandestino.
El doctor había limpiado el procesador al menos una docena de veces desde que lo adquirió, pero aún queda información antigua atrapada en el silicio, como una huella que no se puede borrar. Gruñe y aleja el recuerdo. Es un recordatorio incómodo de lo que sucede cuando la anatomía común intenta anexar tecnología que va más allá de su poder adquisitivo.
Por los mechones del cabello delgado del doctor gotea agua que se mete en sus anteojos de micrón y difumina las luces al otro lado del puente. Los anuncios matutinos no habían mencionado la condensación de humedad. Claro que, por otra parte, el doctor no se había preparado para la sorpresa que le llegó de repente. Acaricia la manga plástica bioinerte que está en su bolsillo del pecho. Grado militar. Lo suficiente para el retiro que se había prometido hacía veinte revoluciones.
El doctor se encuentra solo en el denso espacio de metal y plástico de fibra reforzada que conecta los sectores inferiores con los ascensores mecánicos de la Central Superior. La muchedumbre que había bajado con él había desaparecido rápidamente entre los oscuros puestos y los sombreados callejones del mercado de transición. Vuelve a gruñir e intenta apresurarse, cojeando para atravesar el puente. Se enjuga con una mano el sudor que ahora fluye como ríos por su rostro. Es viejo, pero no lo suficiente para recordar la lluvia real, solo conoce esta triste concentración de millones de ciclos de respiración orgánica, apilados uno sobre otro.
La vibración magnética del ascensor detrás de él se reduce conforme se prepara para liberar una nueva oleada de humanos hacia los laberintos del mercado. El doctor le da a su paquete de retiro una última palmada y se permite mirar hacia atrás una vez más.
El mecanismo neumático emite un silbido al abrirse y revela la oscuridad del ascensor y un mar de rostros desconocidos. El doctor deja escapar el suspiro que estaba conteniendo.
''Nivel del transición. Proceder con precaución'', anuncia una voz digitalizada.
La multitud activa sus visores y se coloca capuchas de tela sintética para protegerse de la llovizna y del resplandor opresivo de la Central Superior. Como ratones bien entrenados, se escabullen ansiosamente hacia el puente.
Y ese es el preciso momento en el que el doctor lo ve: una sombra metálica rapaz que sobresale por una cabeza de la multitud que lo rodea.
Sus anteojos empañan al ritmo de su respiración mientras el pánico se apodera de él.
La sombra se desplaza hacia la luz ambiental. Su esbelta figura es muy oscura, con delgados músculos de fibra de carbono trenzados sobre pesados servomotores. Las placas color azabache en su pecho absorben el resplandor de las luces superiores. El doctor reconoce el enmarañado collar de piel, enroscado como un gato salvaje alrededor de un cuello de acero oscuro anodizado. Pero son los contornos de la careta sin rasgos de la sombra, definidos solo por el goteo del agua y el reflejo de los anuncios holográficos pulsantes, los que hacen que los huesos comunes y deficientes del doctor se estremezcan.
Khada Jhin.
El doctor intenta alejarse. Se resbala una vez más sobre las placas metálicas. La carne de un par de nudillos se raspa contra la barandilla del puente cuando se trata de detener su caída. La multitud, concentrada en huir de la humedad y de la luz, empuja al doctor, indiferente al terror que lo asfixia.
El doctor intenta alejarse sobre sus manos y rodillas. Pies reales y metálicos le aplastan los dedos contra el enrejado del puente. No puede seguir. El hervidero de gente que cubría al doctor comienza a disiparse y lo deja expuesto a su cazador. Se limpia la humedad de los ojos con manos temblorosas, sus anteojos ya perdidos en el caos. La sangre se mezcla con lágrimas. Su vista se aclara durante un momento cuando avista un convertidor de humedad que promete salvación. El respiradero está escupiendo nubes de aire húmedo y rancio de los sectores inferiores.
Llega al santuario justo cuando lo que quedaba de la multitud se desvanece. Se esconde, jadeando a través de labios apenas entreabiertos. El laberinto de los mercados de transición está a tan solo unos metros de distancia. Si llegara hasta ahí, podría desaparecer y huir de la sombra que lo acecha.
El convertidor de humedad ralentiza sus forzadas exhalaciones. El último pasajero se desvanece en el mercado de transición y deja ver un espejo de cristal en un puesto abandonado. En su reflejo, el doctor observa cómo la sombra metálica levanta un rifle de pulsaciones y se lo coloca sobre el hombro. La máscara sin rostro cobra vida en una pixelada tajada de rojo furioso.
El doctor levanta la cabeza hacia el resplandor de los sectores superiores... lo que sea que le ayude a escapar de la puntería del arma. Entrecierra los ojos y ruega, pero el futuro neón no está prestando atención. Mucho menos a una criatura tan pequeña y solitaria.
Entre la lluvia, el doctor escucha el inconfundible chasquido metálico del seguro del rifle de pulsaciones. Su mano se posa sobre su pecho instintivamente para proteger el único verdadero tesoro que trae consigo. A través de la manga de plástico del paquete, puede sentir sus latidos acelerados.
Conforme la inquebrantable luz proveniente de arriba se cierne sobre él, un último pensamiento mortal se apodera del cerebro animal del doctor.
No hay nada que el futuro no acepte.
''Detén la reproducción''.
Durante mi último comité de evaluación, pregunté a los oficiales examinadores qué era lo que tenía que hacer para tener éxito en Central. Uno de ellos me dijo que tenía que estar dispuesta a ofrecer una parte de mí, que cada mejora haría que subiera de rango en la línea de comando del PROYECTO, pero que en el proceso iría perdiendo poco a poco lo me hace lo que soy. Sin mucho tacto, respondí que no creía que nadie en sus cinco sentidos accedería a pagar ese precio. No por un poco de silicio nuevo y un logotipo elegante.
Todos se rieron. Y después, me ascendieron.
Ahora, la imagen frente a mí titubeaba conforme un lazo de estática la atravesaba. El holograma tridimensional del cuerpo del doctor estaba suspendido en lo que sería su último momento de vida. Su rostro estaba inclinado hacia el cielo, con una mezcla de miedo y aceptación. A centímetros de la parte trasera de su cabeza, había un arco de luz roja de un rifle de pulsaciones. Un par de cuadros más adelante y el plasma concentrado habría derretido un hoyo en la cabeza del hombre.
''Te detuviste antes de la mejor parte, Vi''.
Mi compañero recién asignado, Mosley, se estiró y bostezó. Lo que alguna vez pudo haber sido músculo durante su juventud, había perdido la batalla contra la gravedad y se había hundido hacia su cintura. Combatir el crimen detrás de un escritorio había garantizado que no perdiera ningún descanso alimentario.
Pero sin duda tiene hambre. Noté por tercera vez que Mosley no podía dejar de mirar mi cubo de datos de ascenso. Mi nuevo capitán lo había dejado en mi escritorio aquella mañana, junto con una cálida felicitación y mi nuevo compañero de mirada apagada.
Observé cómo Mosley finalmente cedía ante su avaricia. Levantó el pequeño cubo del escritorio de videos y le dio vueltas distraídamente entre sus suaves manos.
''¿Aún no instalas las nuevas subrutinas?''. Su voz sonaba artificialmente casual mientras jugueteaba.
Troné mis nudillos.
Mis guanteletes ATLAS estaban sobre el escritorio. Eran la voluminosa arma oficial de los agentes de los sectores inferiores. La mayoría de los reclutas se apresuran a buscar una mejora que ponga más distancia entre ellos y quien quiera que tengan que apresar, pero a mí nunca me molestaron las invasiones al espacio personal. Su contundente energía me quedaba tan bien como un guante y, sin ninguna instalación permanente, no había posibilidad de que los recuerdos de alguien más deambularan en el cableado. Aun así, me había ganado un par de miradas durante mi examinación de entrenamiento en Central, pero el oficial encargado dejó de sonreír cuando mi gancho derecho se hundió en el pecho de un muñeco de prueba de titanio.
''De cualquier forma, estás perdiendo tiempo'', continuó Mosley. Por desgracia, interpretó mi falta de respuesta como una señal de que debía seguir hablando. ''Un doctor malo terminó mal. Fin del caso. El capitán quiere saber cuándo volveremos a activar el ascensor. No podemos retrasar a los viajeros durante más tiempo''.
Lo ignoré. En los distritos inferiores, nuestros finales malos normalmente no venían con una desionización craneal a cien metros con un rifle de pulsaciones no registrado. Este había sido un ataque profesional. Dirigí mi atención hacia la I.A. en la habitación.
''Reanudar visualización. Retrocede''.
''Especifique el incremento de tiempo'', dijo la voz artificial, burlándose. Ni siquiera el escáner de videos parecía tener la intención de cumplir con sus responsabilidades.
Podía sentir una cruda frustración vibrando en mi interior. Apenas había empezado a trabajar a las 0600 y las regulaciones del sector superior ya eran más irritantes que abrirse camino entre lagos de desechos en los niveles de ensamblaje.
Lo que necesitaba era una buena persecución. Tal vez golpear algunas cosas en el camino. Eso hubiera sido bueno. Gruñí y retiré el cabello de mi rostro con un soplido.
Primer día, Vi. Tienes que portarte bien. Hacer amigos. No golpear nada. Repetí mi mantra matutino y respiré profundo.
''Tres... no, cuatro segundos'', indiqué a la máquina de la manera más paciente que pude.
La imagen se distorsionó otra vez, esta vez el modelo holográfico retrocedió solo un poco. Seguí el destello balístico conforme entraba en el rango de la transmisión de seguridad afuera del ascensor. En el interior del ascensor solo había oscuridad. Esta transmisión de seguridad había sido manipulada. La chispa de luz que permanecía suspendida en el aire era mi única pista.
''Extrapola la altura del sospechoso y el tipo de arma en base a la entrada balística'', dije.
Las luces parpadearon en la oscuridad, zumbando mientras el cálculo se ejecutaba. Un contorno poligonal se trazó en delgados rayos de neón. El asesino era más bien alto... pero la renderización no me ofrecía mucho más que eso.
''Nada de esto es real'', me quejé. No investigábamos los casos con sofisticados videos holográficos en los sectores inferiores. ''¿Cómo se supone que encontremos algo mirando un modelo computarizado?''.
''Error en la consulta. Replantee la pregunta''. Me pregunté si la I.A. había sido programada para ser condescendiente. O tal vez había adoptado la personalidad de su creador.
Mosley rio. ''Así es como funcionan las cosas aquí arriba, detective''. Pronunció mi nuevo título con más énfasis, intentando convencerme de que era libre de la rutina del sector inferior. ''Cada tanto, una rata se escabulle a través de las grietas, pero mientras las luces permanezcan sobre nosotros, todo está bien. Y, piénsalo de esta forma: así nos mantenemos cómodamente limpios''.
Su mediocre intento de consuelo solo consiguió que rechinara los dientes. Retiré la mirada de la simulación y la dirigí a Mosley. No podía culparlo. Gran parte de su atención seguía centrada en mi cubo de datos.
''Entonces, ¿vas a instalar esto o qué?'', preguntó.
Apagué el video holográfico. No iba a obtener más información útil de una luz proyectada. ''No confío en las mejoras'', dije en voz baja.
Por fin me miró. ''Oye, esto no es algo de segunda mano del sector inferior''. Me mostró el cubo. ''Esto es auténtico. Viene de arriba''. Las luces de la consola de video se reflejaron en él y resaltaron el triángulo invertido del laboratorio corporativo de PROYECTO. ''Sabes que es nuevo o que al menos lo limpiaron bien''.
Quedaba claro que Mosley lo quería. Me froté la nuca.
''Me dieron uno hace menos de un ciclo'', mentí. ''No quiero tener una sobrecarga''. Recogí mis viejos guanteletes del escritorio. ''Además, éstos aún funcionan bien''. Tendí una mano hacia el cubo de datos.
La presión de la amabilidad social relucía en él como un ligero sudor. Supuse que estaba luchando contra el impulso de instalarse las subrutinas en ese preciso momento. Pero solo frunció el ceño y me lo entregó.
''Mi siguiente mejora es en el próximo ciclo, si después de todo decides que no lo quieres...'', ofreció.
Me di vuelta y comencé a caminar hacia la salida.
''Te avisaré'', dije por sobre el hombro. ''Compañero''.
''Oye, ¿a dónde vas?''. Había un dejo de preocupación en la voz de Mosley, pero no demasiada.
Me puse los guanteletes y subí al ascensor.
''A ensuciarme las manos''.
Miré fijamente el sensor de seguridad defectuoso mientras el ascensor de alta velocidad descendía por los niveles. Su ojo de vidrio micrón estaba empañado y apagado. Quienquiera que haya venido por el doctor sabía que Central estaría observando. Giré lo hombros y estiré los brazos hacia atrás, aprovechando que el ascensor estaba vacío. Normalmente, el gigantesco transportador cuadrado estaba atestado de trabajadores de Central con cuentas de crédito que no podían pagar una renta en el nivel superior. El ascensor estaba fuera de servicio para los civiles hasta que Central cerrara el caso de la muerte del doctor.
Hasta que yo cerrara el caso. Para Mosley, el asesinato de un doctor sin licencia no era lo suficientemente relevante para retener a la multitud diaria y la eficiencia de la maquinaria de Central. El ascensor aceleró y, por un momento, me sentí ingrávida. Accioné los amortiguadores de inercia de mis guanteletes sin pensarlo y dejé que su peso me fijara al suelo. Un segundo después, el elevador se detuvo por completo y me devolvió a mi cuerpo.
La puerta frente a mí se abrió. Se escuchó una voz digitalizada en el aire húmedo. ''Nivel del transición. Proceda con precaución''.
Me coloqué el visor y salí con cuidado de la oscuridad del ascensor hacia el brillo ambiental del puente. Como de costumbre en los sectores inferiores, estaba mojado. Podía sentir las gotas de humedad en mi cuello, donde las puntas mi cabello tocaban mi piel.
La estructura metálica estaba vacía, igual que los puestos de venta donde el puente se convierte en mercado. Cuando ascensor de transporte dejaba de funcionar, todos los negocios cercanos se veían obligados a cerrar. No había posibilidad de encontrarse con algún testigo, incluso si estuviera dispuesto a hablar con la policía.
Caminé unos cuantos pasos por el puente y después giré hacia el ascensor. Configurado en modo manual, el elevador y su oscuridad esperarían mi orden antes de volver a Central. Dada la altura aproximada calculada, este era el lugar donde el asesino estaba parado cuando disparó. Un paso más y hubieran sido vistos por la transmisión de seguridad del puente, afuera del ascensor. El convertidor de humedad en el que el doctor había intentado ocultarse estaba a cien metros de distancia. El asesino definitivamente no era un aficionado.
Observé las placas del puente. Habían algunos rasguños en el metal. Me agaché para echar un mejor vistazo. Eran recientes. Si tuvieran más de un día, se verían bastante más oxidados por el agua. El ascensor y el puente habían sido clausurados desde el asesinato. Analicé la profundidad, una serie de números aparecieron en la esquina inferior de mi visor. Si el asesino había dejado las marcas, entonces el individuo era mucho más pesado que un humanoide aumentado normal.
Podía imaginarme cómo sería el boletín del sector. Central reporta que un doctor ilegal murió evaporado a manos de un trabajador automatizado o algo igual de conveniente.
Una corriente de aire irregular empujó mi cabello mojado contra mi rostro. Viendo de reojo a través de mi visor podía ver que el puente seguía vacío. Inhalé. Ozono. Los músculos de mis hombros se tensaron. Encendí el acoplador de carga de los guantes y dejé caer una rodilla sobre las placas del suelo.
''Sabes, el camuflaje continuo de nivel seis en un espacio de tránsito público es una violación de los códigos municipales de Central'', anuncié al vacío.
Un charco de agua se estremeció ligeramente frente a mí. La vibración de energía aumentó dentro de mis guanteletes. Lancé un puño de metal en un fuerte gancho que golpeó algo sólido. La sonrisa apenas tuvo tiempo de dibujarse de mi rostro antes de que la muñeca del guante quedara atrapada en un agarre invisible.
El impulso fue demasiado. Mientras luchaba contra un agresor invisible, me golpeé con las rejas metálicas del puente y el revestimiento de mi cuerpo apenas absorbió el impacto.
El aire se distorsionó cuando mi nueva amiga quedó al descubierto. Sobre mi espalda, entrecerré los ojos para obtener una mejor vista sin mirar directamente al halo de luz de arriba. Era una mujer con una armadura de elastómero de grado militar. Su largo cabello fototeñido estaba atado en una coleta alta que la hacía ver seria. La luz en sus ojos era fría y la ballesta que llevaba en la muñeca apuntaba directamente hacia mi frente.
''Supongo que eso no está registrado'', gruñí mientras me sentaba.Los labios de la mujer estaban tensos por la concentración, como si estuviera calculando la solución de una ecuación matemática. Probablemente busca la que le indique la forma más rápida de matarme, supuse.
''Número de placa 20121219. Agente, sector inferior. Ascendida a Central a las cero seiscientas del día de hoy'', dijo con un tono de voz plano. ''Felicitaciones, detective''.
Su voz se asemejaba a un gruñido digitalizado, pero creí distinguir un dejo de curiosidad ahora que tenía la ventaja, o, más bien, el arma.
Continuó: ''Sabías que era peligrosa y aun así viniste por mí''.
''El ascenso ha sido un poco estresante'', dije. ''Tal vez solo necesitaba golpear algo''.
''Tu expediente indica que te entregaron un cubo de ascenso de PROYECTO esta mañana'', la mujer escaneó una vez más mi equipamiento. ''No instalaste la subrutina''.
''Oye, eso es un poco personal, no crees...''.
''Lo necesito'', me interrumpió.
''¿Estás sobrecargada?'', froté la parte trasera de mi cabeza con mi enorme guante metálico y desacomodé mi cabello en púas mojadas. ''Estoy a un segundo de llevarte a Central''.
''Puedes intentarlo'', dijo la mujer, su ballesta aún me apuntaba.
Dejé escapar una amarga risa. ''Muy bien. ¿Qué te parece si cumplimos con algunas formalidades antes de intercambiar regalos?''. El sarcasmo chasqueaba en mi procesador de voz. ''Tu nombre''.
''Clasificado''. La línea de sus labios se convirtió en una sonrisa depredadora. ''Si te lo digo, tendría que matarte''.
Decidí que no era del tipo bromista. Miré su traje y sus armas con más atención y cambié de tema.
''No parece que necesites una mejora''. Señalé a su muñeca. ''Tan solo esa linda ballesta es muy superior que la mayoría de las armas en el arsenal regular de Central''.
''Estoy cazando algo''.
''Somos dos'', respondí.
''El cubo de datos''.
No había nada normal en ella, pero aun así mantenía una de las constantes en Central: al final, todos quieren una parte de alguien más.
Antes de que pudiera responder, recibí una llamada en mi intercomunicador privado. La estática se apoderó de mi auricular.
''¿Vi, estás ahí?''. Era Mosley. El miedo cubría su voz como sudor frío. ''Cre... creo... que tal vez necesito refuerzos... eh, compañera...''.
''Estoy algo ocupada, Mosley''. Consulté la hora en la esquina inferior de mi visor. ''¿No deberías haber terminado tu turno?''.
''Mira, solo ven a ayudarme, ¿sí?''.
''Estoy segura de que un agente local está más cerca'', dije, mirando el rostro de la mujer frente a mí. ''Ellos pueden encargarse...''.
''Te estoy enviando mi ubicación''.
Un punto de luz se iluminó seis sectores más abajo. ''La Chatarrería está fuera de la jurisdicción de Central, Mosley'', suspiré.
La Chatarrería, más que un lugar, era un nido de ratas de parias indeseables. Era difícil de rastrear. La congregación casi nunca permanecía en el mismo lugar por más de un ciclo, principalmente debido a que se alojaba en estructuras clausuradas a punto de ser refactorizadas. Era un lugar donde se podían conseguir hackers no registrados, armas del mercado negro o mejoras fuera de ciclo 'en buen estado'. Tolerábamos su existencia en los sectores inferiores facilitaba localizar sospechosos cuando los necesitabas. Pero también era un sitio donde podías ser eliminado de forma permanente si no ibas con precaución.
''Tomo algunos trabajos. Ya sabes, extraoficiales, en lo que concierne a mi trabajo diurno''. La explicación ahogada de Mosley estaba inundada de pánico. Era difícil imaginar a alguien tan suave como matón a sueldo. ''Escucha, sé que apenas nos conocemos, pero este tipo va a asesinarme. No tengo a nadie más a quién llamar''.
Demonios. ''Voy en camino. Quédate...''.
La conexión se perdió abruptamente. Golpeé el puente con el guante y dejé abollado el enrejado metálico. Subí la mirada hacia el misterio armado aún de pie sobre mí. Su ballesta no se había movido ni un micrómetro.
Me puse de pie, apostando a la posibilidad de que probablemente no me dispararía.
''Tengo que irme. Hay un ascensor que conduce hacia los sectores inferiores al otro lado del puente. Si desactivo la seguridad y controlo manualmente la velocidad, tal vez pueda llegar antes de que mi compañero derrame su bebida sobre la persona equivocada''. Giré para retirarme. ''Considera esto como una advertencia'', agregué secamente. ''Consigue una licencia para tu arma o, la próxima vez, tendré que levantarte una infracción''.
''La Chatarrería terminará con tu hombre antes de que ese ascensor llegue al siguiente nivel'', dijo la mujer. ''¿Qué te parece algo un poco más veloz?''.
El crujido de una sobrecarga y una ráfaga de ozono hicieron que me diera vuelta.
De repente apareció un hiperciclo de combate personal. El aire húmedo comenzaba a condensarse en lluvia otra vez, pero los paneles negros de aerografito del transporte repelían el agua. Podía sentir el pulso de la unidad magnética cuando lo encendió.
Silbé por lo bajo. ''Eso definitivamente no está registrado''.
''Correcto''.
''No pareces el tipo de persona que lleva a la gente sin cobrar''.
''Te llevaré a cambio del cubo de ascenso'', dijo con voz calmada, haciendo acelerar el motor. ''Piénsalo como un intercambio por una mejora de velocidad''.
Observé los ojos de la mujer. Podría haberme disparado y obtener lo que quería.
''No confío en las mejoras'', le dije.
Caminé hacia ella y me acomodé detrás suyo en la motocicleta.
''Haces bien''. Inclinó la rueda del ciclo sobre el costado del puente. ''Por cierto, mi nombre es Vayne''.
Seis sectores pasaron a gran velocidad en una ráfaga de luces de neón. Rastreé la posición de Mosley en mi visor para evitar vomitar mi último paquete de nutrición en el bonito transporte de Vayne.
Ella ocultó el vehículo en una salida de incendios que daba a La Chatarrería, y la única señal de este era un sabor a acre desvanecido en el aire. Observé multitudes ir y venir a través de un par de binoculares ultra-V.
Había más actividad de la usual. Parecía que alguien había tocado la campana de la cena para todos los malhechores en el vecindario.
''Él está ahí''. Me dirigí hacia Vayne y saqué el cubo de datos de uno de los compartimentos de mi cinturón. ''Toma. Antes de que olvide pagar la tarifa''.
''Una policía honesta. Ya no quedan muchos de tu especie''. Vayne tomó el cubo y evaluó la más reciente encarnación de La Chatarrería. ''Esta locación parece aún menos decente que la pasada''.
Asentí. ''Parece que fue apenas ayer cuando interrumpía peleas en tugurios como este''.
''Así fue''. La sonrisa fría de Vayne estaba de vuelta. Revisó la célula de energía de la ballesta más grande que llevaba consigo. ''Supongo que no quieres entrar por la puerta principal''.
''¿Qué tendría de divertido eso?'', pregunté. ''No tienes que venir''.
''No eres la única que tiene ganas de golpear algo''.
Me encogí de hombros y caminé por la parte de atrás, examinando la estructura del edificio para encontrar los muros que no eran de carga. El edificio estaba en ruinas y debía tener cuidado. No sería de gran ayuda para Mosley si colapsara toda la estructura con él aún dentro.
Me concentré en un punto exacto y cargué el acoplador de mi guantelete para golpear el muro con cada kilogramo de frustración que había acumulado durante el día.
El panal viejo de carbono se derrumbó con dos golpes. El agujero era lo suficientemente grande para que lo atravesaran tres personas. Me sacudí los pedazos de escombro y me adentré hacia la oscuridad.
Había tenido suerte. Era un almacén con pilas de reposiciones de extremidades que iban del piso al techo. Ninguna de a piezas se veía remotamente limpia. Pero, claro, comprar mejoras personales recién salidas de la fábrica era algo que solo podían hacer las personas de sectores muy por encima de nosotros.
Retiré unos pliegos de plástico para revelar una habitación aún más grande con luces fluorescentes de color azul y violeta. Los bajos de la música vibraban en las placas de mi pecho. Señalé hacia una zona elevada con butacas.
''¿Es él?''. Vayne había intervenido mi intercomunicador interno y lo había vinculado al de ella, así que podía escuchar su voz con claridad en mi mente. Aún era grave, pero carecía de los efectos de su procesador de voz. Señaló con la cabeza a una figura voluminosa sentada en una mesa con luz tenue.
''Intervenir la comunicación privada de un oficial de Central es una violación que puede llevarte a la cárcel'', contesté. ''No preguntaré dónde aprendiste a hacer eso''.
Vayne sonrió. Eché un vistazo para ver los ojos apagados de Mosley reflejados en el tenue brillo frente a él y asentí.
''Sí, es él''.
Dejé pasar un poco de energía a través de mis guanteletes para alumbrar el suelo oscuro con luz naranja. Los residentes de La Chatarrería que se encontraban frente a mí conocían esas luces y se hicieron a un lado sin hacer preguntas.
Tomé una silla y la llevé a la mesa de Mosley. La luz de la mesa parpadeó y noté que había sido usada recientemente como una plataforma médica improvisada para una cirugía neuronal, a juzgar por el pequeño balde con dientes que yacía a un lado de la bebida de Mosley. Aquellos sin puertos de datos autorizados por Central se conectaban a cualquier terminación nerviosa que estuviera disponible... las que estaban debajo de los molares eran muy sencillas de usar.
Mosley miró a Vayne. ''N... no dijiste que traerías una amiga, Vi''.
''Una mejora'', corrigió Vayne.
Me incliné hacia adelante y coloqué ambos puños enguantados sobre la mesa, por poco colapso el balde de dientes. Me quité el visor para poder mirar a Mosley directamente a sus frágiles ojos.
''Pensé que necesitaría refuerzos en un lugar como este. Uno no viene a La Chatarrería a no ser que esté buscando algo. ¿Qué estabas buscando, Mosley?''.
Los nudillos de mis guanteletes picaban por la energía acumulada.
''Él no quería lo que yo tenía... y luego le conté acerca de tu mejora''. La voz de Mosley se quebró y sus ojos se llenaron de lágrimas. ''Pensé que si estaba interesado, podía lograr que me la vendieras. Dijo... dijo que si podía hacer que vinieras aquí...''.
''¿Dónde está tu comprador?''. Vayne escaneó a la multitud de malhechores pululantes.
Se encendió un rayo delgado de luz roja y se centró directamente en el tórax de Mosley.
Una voz relajada y sobrenatural sonó en el comunicador del edificio. ''Aquí, querida''.
Alcé la vista y vi cómo el rostro de Vayne se había distorsionado en una mueca de rabia. Todos los agentes de los sectores inferiores conocían ese patrón de voz. ''Jhin'', gruñó.
''Teniente especial Vayne, qué agradable sorpresa. Luces mucho mejor. Lamentable lo que le ocurrió a tu escuadrón, pero aún los llevas contigo. Esa mejora de ballesta es particularmente especial''.
''¿Jhin? ¿Tu comprador es Khada Jhin, Mosley?'', observé al tonto que era mi compañero recién asignado. Asintió sumisamente. Jhin era un reconocido hacker de aumentos con predilección por las mejoras de autorización especial. Se dice que había sido un técnico del mercado negro que casi murió durante un trabajo complicado. Fragmentación de personalidad grave. El último boletín que descargué decía que, desde entonces, había estado tomando piezas brillantes de otras personas. Incluso si no estuviera fragmentado, no podía quedarle mucha cordura al tener tantas piezas de otras personas conectadas a él.
Y parecía que él y Vayne se conocían de un encuentro anterior.
''Este día se pone cada vez mejor'', dije en voz baja.
Jhin rio. La psicopatía debajo de la distorsión hizo que un escalofrío recorriera mi espalda.
''Te destrozaré pedazo a pedazo, virus'', dijo Vayne a la voz incorpórea. Estaba demasiado tensa.
''Tal vez después, querida. Esto se trata de lo que quiero''. La voz de Jhin se desvaneció en un grave e inquietante zumbido. ''La mejora''.
''No le corresponde a ella venderla''. Vayne sacó el cubo de datos y lo levantó como mostrándolo.
''Qué decepción'', suspiró Jhin. ''En verdad esperaba que ya lo hubieras instalado. Ah, bueno... tendré que reescribir el tercer acto''.
Se escuchó un agudo zumbido conforme un arco de plasma roja quemaba el aire entre Mosley y yo. Sin mi visor, la gran intensidad me cegó. El ruido de fondo de la gente y la tecnología se detuvo, reemplazado con pánico. El olor a miedo y silicio chamuscado inundó mi nariz. Mis ojos se llenaron de lágrimas y parpadeé para deshacerme del ardor neón.
A través de imágenes borrosas, pude notar que los nudillos de uno de los guantes se habían quemado y que un agujero atravesaba a Mosley hasta el otro extremo. No necesitaba un kit forense de Central para poder distinguir que era la misma arma que había derretido al doctor en el puente.
''Esa rata está aquí'', dijo Vayne por el intercomunicador, ''y la voy a aniquilar. Él quiere esto''. Me arrojó el cubo de ascenso. ''Intenta que no te dispare''.
Atrapé la mejora y Vayne se desvaneció a modo sigilo. La Chatarrería estaba casi vacía. No hay nada como un rayo de plasma desionizante para hacer que la gente huya. Cargué los acopladores de mis guanteletes y su brillo ámbar iluminó la oscuridad.
La risa mecánica de Jhin resonaba en los muros. Había estática en el comunicador general.
''Ah, ah, ah, detective. Un gato con guantes jamás atrapa al ratón'', ronroneó.
''Khada Jhin'', anuncié, ''se te busca por acusaciones de múltiples asesinatos''. Miré hacia las áreas superiores de un entrepiso abierto, buscando la luz roja delatora. ''Y también derretiste a mi compañero''.
''Ni siquiera te agradaba. ¿Qué fue lo que dijiste?''. Hubo otro crujido y otro siseo mientras un archivo de audio era analizado. ''Ah, sí. Aquí está...''.
El siseo se detuvo. Escuché mi propia voz en el comunicador general. ''No confío en las actualizaciones''.
''Buen truco''. Caminé alrededor de las pilas de tecnología abandonada, continuando mi persecución. ''Tengo lo que buscas''.
''¿A tu nueva amiga no le gustó el regalo?''. Más risas resonaron a mi alrededor. Un movimiento rozó la esquina de un espejo que se había roto para formar una red de reflejos fragmentados. ''A ella tampoco le gustan las mejoras. ¿Te contó algo sobre sus compañeros anteriores? ¿Sobre su escuadrón?''.
No respondí. Continué avanzando hacia su última posición.
''Todos murieron''. Podía percibir la oscura sonrisa de Jhin. Lo estaba disfrutando, si es que un hombre que era prácticamente una máquina aún podía hacerlo. ''Especialmente la teniente especial Shauna Vayne. La reconstruyeron, por supuesto. Ella era especial''.
''¿Quién?'', pregunté, esperando que si seguía hablando sería más sencillo que cometiera algún error. ''¿Quién la reconstruyó?''.
''PROYECTO, claro, gatita tonta. Nos reconstruyeron a todos''. Su risa se volvió aún más aguda y distorsionada, hacía que me dolieran los oídos. ''Pero tendrán que esforzarse mucho más contigo cuando termine...''.
Un cilindro metálico salió disparado en la oscuridad. Me lancé fuera del camino. El cilindro golpeó una pila de escombros causando una pequeña explosión en los desechos, antes de rebotar y explotar contra una segunda pila.
''¿Te contó cómo murieron?''. Podía distinguir la respiración ansiosa de Jhin por el comunicador. Me puse de pie lentamente y descubrí un punto de luz roja justo en mi estómago. A cincuenta metros de distancia, podía detectar una sombra alta y metálica apuntando.
Jhin volvió a reír desenfrenadamente. ''Fue...''.
''Una trampa''. La voz de Vayne se escuchó en nuestro comunicador, su contorno se reveló junto a él.
Salí corriendo mientras observaba la ballesta de Vayne iluminar la oscuridad una y otra vez, pero cada una de las veces, se alejaba más conforme Jhin también disparaba. Su arma era menos precisa a quemarropa, pero aun así logró hacer estallar los muros cercanos con eficacia.
Vayne se lanzó hacia él y derribó a la sombra metálica. Ya casi los alcanzaba.
''¿Están preparadas, gatitas?'', siseó Jhin. ''Llegó la hora de ver qué tan bien saben huir''.
Una voz digitalizada anunció: ''Control manual. Secuencia de demolición activada. Refactorización de sector inminente''. Luces ámbar y sirenas inactivas se accionaron bajo la suciedad de la construcción en ruinas. Sectores desafortunados como este eran clausurados y demolidos con frecuencia para proveer nuevos cimientos para las imponentes estructuras superiores.
No pude escuchar si la alerta mencionaba algo más, porque una serie de pequeñas explosiones comenzaron a destrozar La Chatarrería. El metal chirrió cuando los soportes de concreto cedieron.
Jhin y Vayne se separaron, y ella rodó y se puso de pie. Yo me detuve en seco, completando el enfrentamiento. Era la primera vez que veía a Jhin de cerca. Él reinició un servomotor en su hombro con un estallido mecánico y perturbador. No creo que el hombre aún tuviera algo de piel o carne. No tenía rostro, solo un dron que parecía una araña instalado en un cuello de acero.
''Vamos, teniente. Dispárame''. Jhin extendió los brazos como si fuera a abrazar a Vayne. ''Es lo que siempre has querido''.
Ella empuñó la enorme ballesta que cargaba en la espalda, los brazos metálicos del cañón se desplegaron.
''¡Vayne!'', grité sobre el estruendo. ''¡Debemos irnos! ¡Ahora!''.
''La cacería ha llegado a su fin'', gruñó Vayne, apuntando con cuidado. ''Eres hombre muerto''.
''Si tan solo siguiera siendo solo un hombre'', dijo Jhin con serenidad.
Vayne disparó un proyectil. Colisionó justo en su pecho y el impacto lo lanzó por los aires contra una columna de concreto. Estaba clavado. El esqueleto de metal de Jhin vibró con el impacto mientras se apagaba. Su arácnido rostro se oscureció.
''¡Vayne!''. La miré, pero ella no me devolvió la mirada. Toda su atención estaba centrada en Jhin.
Un segundo después, el brillante dron negro que era el rostro de Jhin se iluminó con manchas de rojo neón. Los servomotores se desconectaron y se escabulló del cuerpo, intentando escapar.
''¡Aplasta esa cosa!'', gritó Vayne. Disparó pequeños rayos de plasma desde su muñeca, pero el dron las esquivó con reflejos de insecto.
Aterrizó en una columna cercana. Golpeé el concreto con todas mis fuerzas, provocando que la red plástica explotara y que el dron fuera lanzado hacia el techo. Vayne continuó disparando a la cosa arácnida mientras esta se desplazaba hacia una grieta en un rincón y desaparecía en la oscuridad.
Un pedazo de techo se soltó sobre la cabeza de Vayne. No había tiempo para pedir autorización, corrí directamente hacia ella y la empujé por una ventana negra hacia una estructura colindante.
Aterrizamos de golpe, con una cascada de vidrios pulverizados sobre nosotras. Observé incrédula cómo el peso acumulado de Central aplastaba por completo a La Chatarrería.
''Vaya primer día'', murmuré. Flexioné los dedos debajo de los guanteletes para asegurarme de que seguían funcionando. Aún sostenía la mejora del ascenso. Se la ofrecí a Vayne. ''Creo que esto es tuyo''.
Ella se puso de pie, hirviendo de furia. La luz de sus ojos se concentró en puntos de rabia intensa. Se produjo un arco y un siseo, con una última ráfaga de ozono inundando el aire mientras Vayne se desvanecía en la noche.
''Te llevaste de una parte de mi venganza, detective''. Su voz resonaba en mi mente. ''Una mejora no puede cubrir esa deuda''.
Los alrededores de la estructura colapsada estaban en silencio. La áspera cubierta de carbón destrozado y acero torcido se desploma y da paso a una pequeña criatura similar a un insecto que emerge del caos. Patas de araña negras salen de una madriguera colapsada. El brillo de su caparazón está cubierto de polvo, pero intacto. Se dirige hacia los puntos cardinales para volver a orientarse en el mundo. Gotas de condensación comienzan a caer y lo limpian, pero no lo suficiente.
Una alta sombra metálica pasa por encima de las ruinas y se arrodilla ante el dron insecto.
La araña metálica sube por una pierna de fibra de carbón trenzada, pasa por un enmarañado y polvoriento collar de piel y se instala en la columna de acero anodizado. Bañados con el brillo permanente de los sectores superiores, los circuitos del dron se reconectan con su cuerpo.
La sombra metálica levanta el brazo, retira los paneles de tela del chaleco que usa e introduce un dedo dentro de sus propias placas. Tras la exploración, extrae un pequeño perno de la malla de fibra de carbono. La punta pulsante sigue intacta. Sus fuertes dedos trituran la carcasa del perno y rebelan un delgado listón de circuitos. Con la precisión de un cirujano, conecta el listón a un pequeño puerto detrás del rostro de la criatura. Los tenues contornos negros de la máscara se encienden en patrones de lux roja.
Un zumbido digitalizado comienza a surgir dentro de la sombra metálica y se transforma en una sádica risa distorsionada. Resuena, rebotando en todas partes, atravesando la verticalidad del sector, hasta que alcanza el punto más alto.
''Trascenderás'', susurra Jhin al laberinto de neón de arriba. ''A través de mi obra''.
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