Por Michael Yichao · Historia completa
Sin tiempo que perder
Pulsofuego · universo alternativo
PERSECUCIÓN
Dos disparos de energía explotan por encima de mí, me bañan en chispas. Sigo corriendo por el callejón. Escucho los pasos del pacificador del tiempo rebotar en las paredes detrás de mí. Rápidos. Implacables. Odio admitirlo, pero este tipo sin duda es más rápido que yo...
Por suerte, tengo algunos trucos bajo la manga.
En el cruce, hago la finta de ir hacia la derecha y corro dos pasos por el callejón antes de desplazarme en la dirección opuesta, acortando en un destello la distancia que divide los caminos y luego corriendo a toda velocidad lejos de mi perseguidor. Un engaño clásico: una maniobra que he perfeccionado a lo largo de varias persecuciones, gracias a más de un ingenuo. Tener un traje de Pulso de Fuego que dobla el espacio en distancias cortas es bastante útil.
Es una lástima que este tipo lo intuyera. No sé cómo lo hizo.
En un abrir y cerrar de ojos, está frente a mí, disparando con ambas pistolas. Movimiento cronomejorado. Eso debe ser. Alzo los brazos para protegerme (el rostro es lo más importante) y el primer disparo rebota contra mi cañón de brazo, pero el segundo me da directo en el pecho y me hace tambalear hacia atrás. Me tropiezo y caigo con fuerza. Puedo escuchar el estruendo de las alarmas. Lanzo un disparo sin apuntar, pero se desplaza y lo esquiva con facilidad. Ahora las armas me apuntan de frente. Casi me hacen cosquillas en la nariz; está demasiado cerca. Alzo mis manos y con un soplido retiro un mechón de cabello rubio y desaliñado que caía sobre mis ojos (es gracioso cómo viajar en el tiempo no deja mucho tiempo para los cortes de cabello), trato de ganar un poco de tiempo mientras el traje intenta activar mis sistemas de armas.
El pacificador me mira detenidamente a través de su visor. ''No te escaparás de nuevo'', dice. Gruño. Así que ya se encontró con mi futuro yo, lo cual explica por qué conocía mi movimiento distintivo.
Nota personal: idear más movimientos distintivos.
''Se acabó tu tiempo, Ezreal. Ya has creado suficientes anomalías de por vida''.
Me burlo. ''¿Es en serio? Eres un pacificador que viaja en el tiempo, miembro de los Recordadores, ¿y esa es la mejor frase que se te ocurrió?''.
De alguna forma, su ceño fruncido se frunce aún más.
''Sabías que capturarías a muchos fugitivos del tiempo y otros criminales, tuviste quién sabe cuánto tiempo para prepararte desde que iniciaste tu profesión y lo único que se te ocurrió fue: 'se acabó tu tiempo'?''.
Su mueca se transforma en un gruñido, se inclina demasiado cerca, puedo sentir el calor de los cañones de sus pistolas. ''No te escaparás de esta con tus habladurías, mocoso engreído...''.
''Desplazamiento arcano recargado''. ¡Al fin! La voz de Perla tintinea en mi oído y no espero a que Don Chistes Malos termine su idea para aparecer detrás de él.
O, por lo menos, debí de haber aparecido detrás de él.
Todo se torna blanco, como siempre, pero el núcleo de mi traje centellea y chisporrotea desde el centro de mi pecho, en donde me dio el tiro de suerte del pacificador. De golpe, aterrizo en el punto exacto en donde había comenzado.
Oh, oh.
¡Crac! Escucho cómo se rompe mi nariz antes de sentir el golpe. Veo estrellitas. ¡No, la cara no! ¡Eso no está bien! Escucho el zumbido de su armamento. Eso no está nada bien.
Es hora de usar uno de esos nuevos movimientos distintivos.
Sobrecargo mi cañón y disparo una inmensa onda de energía. El pacificador logra esquivarla (en serio, ¡qué veloz es este tipo!), pero la onda destruye el camino, los muros y los anuncios luminosos. Espero que no se haya encontrado con ningún transeúnte inocente. Los escombros y las esquirlas vuelan por todos lados.
No me había metido en un lío tan grande desde que era un niño tonto. Pero, desde entonces, aprendí cuándo salir del problema disparando y cuándo es mejor marcharse.
''Sácame de aquí, Perla'', exclamo, mientras me escabullo lo más rápido posible. ''¿Tenemos suficiente combustible?''. Algo mojado gotea sobre mis labios. Paso mi mano enguantada por mi rostro. Sin duda es sangre. Sin duda me rompieron la nariz. Estupendo.
''Cronosalto inestable'', dice la voz perpetuamente serena de Perla. ''Núcleo de Pulso de Fuego dañado''.
''¡Si no me dices que no, lo tomaré como un sí!''. Golpeo mi cañón de brazo y giro el interruptor. El ronroneo habitual del cronosalto. El motor resuena. De forma automática, mis dedos escriben una dirección, pero me detengo en seco. No. No puedo regresar a donde está él cada vez que me meto en problemas. Además, tampoco podría soportar su engreído rostro en este momento...
Suelto un grito furioso. Miro sobre mi hombro. El pacificador emerge de los escombros y del polvo, con las pistolas fijas en dirección mía, una oleada constante de disparos de energía sale propulsada hacia mí.
Vaya, debí de haberlo hecho enojar en serio cuando lo conocí. O cuando lo conoceré. Cuando lo haya conocido mientras me esté conociendo.
Qué confusos son los viajes en el tiempo.
Por lo menos los disparos de energía solo se dirigen en una dirección. Dejo que el destino (bueno, Perla) decida a dónde debo ir, accionando el portal frente a mí. Pero en vez de vislumbrar mi próximo destino, una estática opaca y blanquiazul chisporrotea en toda la superficie.
No hay tiempo para vacilar. Me lanzo hacia lo desconocido. Cualquier lado es mejor que quedarme a ver mi vida pasar frente a mis ojos.
Siento cómo tiembla y se sacude el núcleo en mi pecho mientras atravieso el umbral. Un arco de electricidad emerge de él y me desplomo hacia cualquiera que sea la línea temporal que espera mi llegada.
Sí. Esto va a ser un problema.
ÉGIDA
No se ha dado cuenta de que estoy aquí. Por ahora.
El sigilo no es mi fuerte. Soy de los que prefieren disparar primero y nunca preguntar. Pero dada la situación actual de mi núcleo de Pulso de Fuego... Bueno, tendré que recurrir a medidas drásticas.
Parece que solo está parado ahí... Con el escudo a un costado. La lanza clavada en el suelo cerca de él. Firme. Reflexivo. Aburridooooo.
Después de aterrizar en una dimensión sumamente desagradable (los mosquitos chupasangre nunca deberían ser tan grandes), Perla consiguió extraer suficiente poder de mi núcleo averiado para colgarse de la cronofirma de una señal de Pulso de Fuego cercana (bueno, relativamente cercana). Son buenas noticias para mí, pero no tan buenas para el pacificador al que le robaré su núcleo de Pulso de Fuego.
¿Por qué arreglar algo cuando puedes robarlo, digo, tomarlo prestado?
Con la suerte que tengo, yo sabía quién era este pacificador. Pantheon. Un verdadero cabeza hueca. Un tipo cascarrabias: siempre listo para pelear, posiblemente con un trasfondo sumamente trágico, etcétera, etcétera.
Ahora está parado sobre los escombros de un edificio que no reconozco. Honestamente, no reconozco nada de toda esta dimensión: parece un basurero. Estructuras a punto de derrumbarse. Vegetación diezmada. Evidencias de conflictos mecánicos y químicos por todos lados. Qué desastre.
Me desplazo con facilidad y ligereza justo detrás de él y presiono el cañón con suavidad contra su nuca. ''No te muevas'', gruño con la voz más amenazante que puedo hacer.
Él se queda congelado. Desde mi punto de vista detrás de él, apenas puedo ver cómo su visor trina y zumba. Tal vez trata de averiguar quién soy.
''Ezreal'', ruge.
''¿Cómo te va, Panth?'', digo mientras sonrío, cuando recuerdo que debía de hablarle con mi voz enojada y ronca.
''Te he estado buscando por mucho tiempo y mira, viniste a mí por tu cuenta''. Sus palabras tranquilas se entrecortan por la tensión en su voz y el ligero temblor de su cuero cabelludo mientras rechina sus dientes con furia. A pesar de la charla, definitivamente sabe que estoy a tan solo un estornudo de volarle su esculpida y hermosa cara.
''Escucha, Panth, sé que quedaron asuntos por resolver desde la última vez que nos encontramos'', le digo y me inclino hacia adelante. ''Pero lo cierto es que no tengo tiempo para ti, ni para este páramo el día de hoy''.
''Tú eres el responsable por el estado de este páramo''. La forma en la que me lo dice me para en seco. Objetivo, innegable, un hecho.
''Eh, no lo creo''. Sé que está postergando las cosas. Sé que no debo engancharme. Literalmente, yo hice lo mismo con el último pacificador con quien hablé.
No puedo evitarlo.
''Yo suelo recordar mis aventuras interdimensionales, muchas gracias''.
''Los renegados imprudentes como tú son responsables de todo esto''. La mirada de Pantheon se desplaza a lo largo del paisaje devastado que está frente a nosotros y no puedo evitar mirarlo yo también. ''Saltos descuidados que provocan paradojas. Paradojas que desgarran anomalías en el espacio-tiempo. Después, vienen los pretorianos''.
Siento un escalofrío. Pretorianos... aquí...
Pantheon se pone de pie y yo elevo mi cañón de brazo en señal de alerta. El arma zumba con toda su potencia. Él ni siquiera parpadea. ''Este solía ser mi hogar. Luego me lo arrebataron todo''.
Claro que muchas veces me arriesgo. En ocasiones, demasiado. Nunca soy descuidado. Pero no puedo afirmar que no haya causado una paradoja o dos...
''Pantheon'', digo, mientras bajo un poco mi cañón.
Grave error.
Pantheon salta hacia mí; de su escudo emana una barrera de energía mientras yo disparo, una fracción de segundo demasiado tarde. Colisiona contra mí y siento cómo mi nariz se rompe por segunda vez, dejándome aturdido. Extiende su mano izquierda y llama su lanza hacia él. Recobro el sentido justo a tiempo para desplazarme fuera del camino de su ataque certero.
''¡Responderás por tus crímenes frente a los Recordadores!'', ruge.
Vaya. Esto no salió para nada como lo había planeado. Dado mi estado actual, no quisiera involucrarme en esta pelea. Pantheon arroja su lanza y yo llevo mi traje al límite, desplazándome lo más lejos posible, a la parte alta de una ladera.
Acelero mi cañón de brazo para un cronosalto. Mi traje entero se estremece mientras Perla se esfuerza por extraer algo de poder a través del núcleo dañado. ''La estabilidad del salto está sumamente dañada. Los protocolos de seguridad recomiendan...''.
La lanza de Pantheon vuela hacia mí y apenas logro agacharme a tiempo. Se estrella contra los restos de una gran estatua de piedra detrás de mí, la cual se hace añicos.
''¡Perla! ¡Anula los protocolos de seguridad! ¡Ahora!''. Sin esperar la confirmación de Perla, apunto con mi cañón y disparo. Siento cómo el alivio me recorre mientras cruzo el umbral del portal, hasta que una descarga de dolor se apodera de mí cuando recibo el azote del indómito éter interdimensional. Caigo hacia arriba, me desplomo a un destino incierto...
ESTOCADA
Despierto agitado.
Me duele todo. Como si me hubieran empujado por una pendiente y hubiera dado mil vueltas.
Alguien acuna mi cabeza. Un rostro femenino se asoma a mi vista. De una seriedad inquebrantable, aunque suavizada momentáneamente por la preocupación.
''Gracias al cielo'', dice. ''Pensamos que te habíamos pergdido en ese último salto''.
''En dónde...''. Trato de sentarme, pero un arco de electricidad que emerge del núcleo de mi pecho convulsiona los músculos de mi costado izquierdo y me retuerzo de dolor.
''Esto no es bueno'', dice la mujer. ''No nos queda mucho tiempo. Estaba justo detrgrás de nosotrgros. Junto con la invasión prgetorgriana...'', dice mientras baja la cabeza. ''Lucian y Pantheon se adelantargron mientrgas Caitlyn busca una posición estrgratégica en lo alto''.
Me fuerzo a dejar de lado el dolor y me pongo de pie. Conozco dos de los tres nombres que mencionó hace un momento y ninguna de esas opciones es algo quisiera escuchar de una extraña al recobrar la conciencia después de atravesar lo desconocido del tiempo y espacio.
La mujer también se pone de pie, me tiende sus manos mientras intenta calmarme.
''¿Cuándo estoy?'', le pregunto, mientras presiono mi pecho. ''¿Quién eres?''.
Mi confusión se acrecienta mientras la observo con detenimiento. Sin lugar a dudas, ella es una pacificadora. La cronoespada a su costado. Ese núcleo de Pulso de Fuego en su traje: parece ser un modelo más avanzado y elegante. Su hombrera se ve ridícula sin el par del otro lado. Tan ridícula. Muy al estilo de los Recordadores.
La confusión es evidente en el rostro de la mujer. De repente, sus ojos se ensanchan, alarmados. ''Tú no ergres nuestro Ezrgeal'', dice.
''Escuche, señora, yo no soy el Ezreal de nadie, salvo del mismo Ezreal''. Miro a mi alrededor. Estoy en un extraño corredor de metal suave y blanco, con detalles cromados. Las lámparas de luz azul están colgadas en intervalos equidistantes. Es como si estuviéramos parados adentro de un traje de Pulso de Fuego.
Un escalofrío de terror se desliza por mi espalda. No puede ser. ''¿Es...? ¿Esta es...?''.
''La Ciudadela de los Rgecorgdadorgres. Pergro tú no debergrías estarg aquí. No sé de qué época ergres, pero debes margchargte, antes de que llegues aquí. Eh, me refiergro al otrgro tú''. Los ojos de la mujer se entrecierran. ''Más vale que llegues. Si estás muergto, te matargré''.
No encuentro respuesta a ese comentario. ''No tengo ni la menor idea de qué es esto ni en qué tiempo estamos'', apunto mi cañón de brazo hacia su pecho. ''Pero me llevaré tu núcleo de Pulso de Fuego'', exclamo, con la voz más amenazadora que logro emitir.
Justo en ese momento, mi cañón se desestabiliza y saca chispas. ''Potencia de sistemas de armamento al diez por ciento'', dice Perla en mi oído, con un volumen altísimo.
Por la expresión en el rostro de la mujer, puedo afirmar que ella también la escuchó.
''Ah. Sin duda vienes del pasado''. La mujer presiona el puente de su nariz con índice y pulgar, como si tratara de evitar un dolor de cabeza. ''Olvidé qué tan insoporgtable ergras''.
Frunzo el ceño de manera adorable. ''No soy insoportable. Soy encantador''.
Ella se detiene en seco. Sus ojos se entrecierran. Luego avanza directamente hacia mí. Doy un paso atrás, pero ella ya está tan cerca que golpea mi pecho con su dedo.
''Así que porg esto me contaste esa historgria anoche''. Me mira entrecerrando los ojos. ''Sobrgre cómo ya había salvado tu vida en dos ocasiones. Y sobrgre cómo ergra muy prgrobable que lo hiciergra una vez más antes de que todo esto acabargra''.
''En serio no sé de qué me estás hablando...''.
Ella no espera a que yo termine de responder. Me sujeta y mete su mano por debajo de mi cuello y dentro del traje hasta el pecho. Suelto un grito, pero ya activó un mecanismo que provoca que el núcleo de mi pecho gire y se abra, dejando al descubierto la maquinaria que lleva dentro.
No me engaña. Es evidente que ya ha hecho esto en otras ocasiones.
Antes de que pueda quejarme, de sus guantes emergen nodos de diagnóstico y microherramientas con los que se pone a trabajar.
''¿Lo estás... reparando?'', pregunto con incredulidad.
''Ergres un tonto. Porg todos los cielos. Mirgra este desastrgre. ¿Tuviste una pelea con Lucian? Segurgramente tuviste una pelea con Lucian. Me sorgprgrende que no te haya matado. Siemprgre fue mejorg tirgradorg que tú''. En realidad no me está hablando a mí, solo murmura en voz baja mientras trabaja. Trato de quedarme quieto; hasta yo sé que no debes moverte cuando un núcleo de energía que puede doblar el tiempo está abierto y expuesto.
Escucho un ruido que viene del pasillo, seguido por el inconfundible sonido de disparos. Frunzo el ceño y estiro el cuello para poder ver, pero la mujer me jala del traje.
''Quédate quieto'', me ordena.
Vuelan unas cuantas chispas azules y salen unas pequeñas columnas de humo. Luego me suelta y el núcleo gira y se acomoda de vuelta en su sitio. Miro hacia abajo. El brillo es un poco más tenue de lo habitual, pero ya no lanza arcos eléctricos cada dos segundos.
''Funciona'', digo asombrado.
''Pargra un salto más, antes de que se avergríe por completo. Quizá'', dice ella. ''¡Ahorgra vete!''.
Se da la vuelta para marcharse, pero se detiene en seco. Una de sus manos se aventura al interior de su bolsillo y luego me lanza algo. Lo atrapo.
''Cuando te encuentrgres conmigo, no tendrgré compasión de ti'', dice. ''Asegúrgrate de enseñargme esto. De otrgro modo, te matargré''.
Bajo la mirada y veo una moneda con una insignia: una espada diminuta sobre una rosa estilizada. Muchas preguntas se cruzan por mi mente. Pero las voces, seguidas de los disparos, reverberan en el pasillo.
''Esta fue la segunda vez'', murmura de nuevo para sí. ''No hay tiempo pargra pensarg en la tergcergra. Dos debergrán serg suficientes''.
''¡Eso no es muy reconfortante!'', le grito, pero ya se está alejando. Me ignora, da la vuelta en la esquina y se marcha.
Toco el núcleo de mi pecho. Así que tengo un último salto. No tengo otra opción. Solo se me ocurre una persona que tal vez pueda ayudarme. Parece que tendré que ver su engreído rostro después de todo.
Definitivamente no quería tener que pedirle su ayuda. Otra vez. ¿O técnicamente sería la primera vez? La que sea.
Suelto un suspiro. ''Perla'', exclamo, ''enciéndelo''. Apunto con mi cañón y disparo. Una vez más, se abre un portal. ''Es tiempo de visitar a Ekko''.
REBOBINADOR DE TIEMPO
¿Alguna vez has conocido a una persona que se parece tanto a ti que quizá la odias porque taaal vez te hizo ver todas esas cositas que odias de ti, aunque sea un poco?
Bueno, eso no es lo que me pasa con Ekko.
La culpa la tiene su corte de mohicano.
''Tú dijiste 'adiós para siempre''', me dice sin voltear a verme.
''Lo sé'', respondo.
'''Fue divertido, pero no nos volveremos a ver nunca más. Me parece que así es mejor, en vista de todo lo que pasó'''. Sigue sin darse la vuelta.
Rechino los dientes. ''Sí. Lo recuerdo''.
''Pasaron cuatro segundos''. Baja el extraño cubo con el que estaba jugando y por fin se da la vuelta, con los brazos cruzados. Cuántas aventuras atravesamos para conseguir esa cosa.
''No para mí. Para mí ha pasado muchísimo tiempo''. Me doy cuenta de lo quejumbroso que sueno y me detesto por ello. ''Es que... Necesitaba encontrarte en un espacio y un tiempo en el que sabía que estarías''.
''Hasta ahí llegó tu escapada genial'', me dice, mientras que lo único que quiero es borrarle esa estúpida sonrisa de la cara. ''¿En qué clase de problema estás metido ahora?''.
''Ah, no es nada grave'', digo mientras bajo las escaleras y toco los diferentes tableros y artefactos que hay en su pequeña guarida. ''Yo, eh, tal vez me metí en problemas con un pacificador''.
''Nada nuevo''.
''Y, es posible que, eh, haya sido algo violento''.
''No toques eso''. Las puntas de mis dedos se detienen; flotan sobre una planta dentro de una maceta suspendida en un campo temporal aislado. Miro cómo pasa de florecer a ser un capullo y luego un brote recién nacido para después volver a envejecer, todo dentro del mismo marco cronológico, de alguna manera colapsando todas las posibles eventualidades, sin generar nuevas anomalías. Es una cronorruptura, dijo Ekko. Muevo mi cabeza de lado a lado. No pensé que la tecnología de Pulso de Fuego pudiera hacer eso y, al parecer, los pacificadores tampoco. Es una genialidad.
La detesto.
''Mi núcleo de Pulso de Fuego se achicharró y necesito uno nuevo''. Decir la ''verdad'' funcionó muy bien con la pacificadora, así que intenté probar lo mismo con Ekko. ''¿Tienes alguno que te sobre?''.
Ekko se ríe. Yo frunzo el ceño. Sé que no se está burlando de mí (he vivido demasiadas cosas junto con este chistosito para saberlo), pero no por ello deja de irritarme.
''Bueno, bueno, ya, está bien. ¿Puedes entonces arreglar el mío?''.
Camina hacia mí y se inclina un poco para echarle un vistazo a la pieza que tengo en el pecho. ''¿En serio? ¿Este desastre? ¿Es una broma o qué? ¿Qué pasó? ¿Te dispararon a quemarropa o algo así?''.
''Puede ser...''.
Me mira boquiabierto. ''¡El núcleo es lo más importante!''.
''¡El rostro es lo más importante!'', le contestó.
''Me parece que también fracasaste en esa tarea'', me responde sentencioso. Toca mi (muy rota) nariz y lanzo un aullido de dolor.
Me retuerzo. ''Bueno, entonces, ¿me puedes construir uno nuevo?''. La desesperación comienza a apoderarse de mí. De inmediato, Ekko niega con la cabeza. ''¿Por qué no? ¡Si tú construiste tu traje desde cero!''.
Se encoge de hombros. ''Sí, pero una parte fundamental fue el núcleo de cristal que le robé a un pacificador. Igual que tú''.
No lo creo. Hasta Ekko tiene límites.
Esta era mi última alternativa.
Me desplomo sobre una silla, completamente paralizado. ''Usé mi último salto para llegar aquí''. Cubro mi rostro con mis manos. ''Si no puedes repararlo... esto ha sido todo. Ahora viviré aquí''.
''Por supuesto que no''. Ekko toma la máscara que estaba sobre la mesa junto con el cubo. ''Eso es lo peor que jamás hayas dicho. No te quedarás aquí en mi línea temporal. Te ayudaré''.
Ni siquiera puedo mirarlo. ''¿Qué opciones me quedan?'', le pregunto.
''Robar un núcleo''.
Frustrado, chasqueo con mi lengua. ''Ya lo intenté. Es más difícil de lo que crees''.
Escucho cómo hace ruido con sus herramientas a mi alrededor. Puedo oír el clic que hace su paquete de cronorruptura al atarlo a su espalda. ''Tendremos que encontrar a un pobre diablo. Algún tonto que no se lo espere'', me explica.
Camina hacia mí y me sacude del hombro. Levanto la mirada. Está completamente equipado y listo para partir. Para ayudarme. Y si considero la aventura de la que acaba de regresar, es muy probable que siga exhausto. Pero me mira con esa estúpida sonrisita que tanto detesto y me dice: ''Vámonos, tonto''.
Empiezo a sonreír, pero mi expresión se congela cuando caigo en la cuenta.
Oh. Maldición. ¡Eso es! ¡Yo soy un tonto!
''Te odio tanto'', le digo mientras me abalanzo con fuerza para abrazarlo.
''¡Oye, oye! ¡Suéltame!'', me grita.
Opone resistencia, pero yo me aferro. ''¿Cuánto tiempo he estado aquí?''.
''Un minuto, más o menos. Así que, demasiado tiempo'', me responde.
Su mano está sobre mi rostro, pero yo lo sujeto por la muñeca. ''Regrésame justo al momento antes de que apareciera aquí''.
Parpadea una vez. ''¿Por qué...?''.
Sonrío. ''Consígueme un último cronosalto. Así, nunca más volveré a molestarte, adiós para siempre, ya no nos veremos otra vez, etcétera, etcétera''. Extiendo mi mano libre para tocar su corte mohicano, pero ahora es él quien sujeta mi muñeca.
''No toques mi cabello'', me dice con una frialdad absoluta.
Retiro mi mano. ''Ekko. Por favor. Un último favor. Una rebobinada más. Como la última vez''.
Me responde con tono burlón: ''La última vez fue la última. Además, ya lo sabes, la cronorruptura no debería de transportar a más de una persona a la vez''.
Inhalo profundo. ''Lo sé. Te pagaré de vuelta, uno de estos días. Por todas las últimas veces''.
''Dijiste que nunca más nos volveríamos a ver'', suspira.
Le guiño el ojo. ''Dame cuatro segundos''.
Ekko pone sus ojos en blanco, luego toma algo que lleva en la espalda. ''Eres un suplicio'', me dice mientras activa su dispositivo de cronorruptura.
''Gracias, Ekko''. Y añado con una sonrisa: ''Te debo una''.
''Ya van cuatro'', me corrige y me acerca a él mientras jala la cuerda. El mundo a nuestro alrededor se ralentiza hasta detenerse para luego rebobinarse a una velocidad acelerada.
Me encanta este tipo.
FLUJO
La lluvia cae con fuerza. Al final de la calle, el tenue brillo de las lámparas intenta perforar la tenebrosa oscuridad, pero se dispersa en el diluvio. Casi no puedo ver lo que está frente a mi (rotísima) nariz. Me duele cada partícula de mi ser. Se escucha el rugido de un trueno y, como consecuencia, mis oídos no dejan de resonar. Estoy hecho un desastre. Pero no importa.
Conozco este momento y este lugar tan bien que casi puedo caminar con los ojos cerrados.
Un poco más adelante, un par de puertas se abren y a través de ellas sale de una especie de taller un chico desaliñado, quien lleva consigo un gran bolso colgando de sus hombros y el rostro oscurecido por la capucha de una voluminosa capa. Mira detrás de él, lo que lo hace desperdiciar unos cuantos segundos valiosos, y sale corriendo con todas sus fuerzas para luego doblar en la siguiente esquina.
Inhalo profundo. ''Perla, activa el cronómetro''. En mi visión periférica superior, el cronómetro se activa.
Uno. Dos.
Una corpulenta figura sale de las mismas puertas tras él. Un azulado brillo delator emana de su arma desenfundada. En su armadura blanca se reflejan las tenues luces de los faroles, incluso bajo la lluvia.
Once. Doce.
Aprieto el paso y tomo atajos por los que no he andado por años, pero que aún me resultan tan familiares como la voz de Perla en mi oído. Tengo un breve lapso de tiempo para hacer esto. Y si lo echo a perder... Niego con la cabeza. No puedo echarlo a perder.
Muy pronto, llego a mi destino: un monolítico edificio, oscuro y amenazante. Encuentro la escalera de incendios; cuelga a una distancia considerable sobre mí. Corro para impulsarme y saltar. Apenas lo logro. Mis brazos me reprochan el esfuerzo mientras me levanto. Ahora solo restan once pisos por subir.
Después de que esto termine, dormiré por un buen rato.
Treinta y dos. Treinta y tres.
Llego hasta el techo y me agacho detrás de la única puerta que da acceso a la azotea desde el interior del edificio. Me acuclillo y me apresuro a llegar a mi posición, justo ahí en donde la puerta debería de abrirse. Reviso mi cronómetro.
Me quedan unos treinta segundos.
Tengo una sola oportunidad para hacerlo bien.
Cuarenta y cinco. Cuarenta y seis.
La puerta se abre con fuerza y entra corriendo el niño de antes. Pero el pacificador está justo detrás de él. Lo alcanza y lo toma del brazo. Una riña. Una pelea. Le arranca el bolso al niño y lo lanza hacia atrás. Hacia mi dirección.
Corro como un rayo y tomo el bolso. Busco adentro mi premio.
Puedo escuchar el sonido de los disparos por encima del ruido de la lluvia.
Cincuenta y cinco. Cincuenta y seis.
Dos disparos más se suceden casi en simultáneo. Ya no se escucha nada, salvo el plac, plac, plac de la lluvia. Luego, el golpe seco de un cuerpo estrellándose contra el suelo.
No debería de voltear, pero lo hago.
El muchacho está parado allí con una pistola entre sus manos temblorosas. Lentamente, se acerca al borde del edificio y se levanta la capucha para observar el cuerpo que yace abajo. Deja al descubierto su desaliñada cabellera rubia.
Pobre diablo. Un tonto en verdad.
Vuelvo a agacharme detrás de mi escondite y sujeto el bolso con fuerza. Suenan las campanadas de una lejana torre de reloj: doce campanadas que marcan la medianoche.
Abro el bolso y saco el núcleo de Pulso de Fuego atado a unas bandoleras cruzadas, así como el cañón de brazo sincronizado. Se ven tan pequeños y tan simples comparados con el traje que construí y que he modificado desde entonces, pero representan lo mismo para mí en este momento que cuando los tuve por primera vez entre mis manos:
libertad.
Ato el núcleo de Pulso de Fuego a mi pecho. Reviso el conteo de Perla. Mi yo del pasado está por alejarse del borde. Irá a buscar el bolso al sitio en el que cayó. No va a estar allí. Va a entrar en pánico, pero después lo encontrará colgando de una escalera de incendios cercana, un lugar poco probable en el que pudo haberse deslizado y aterrizado, o al menos eso pensaría.
Ingreso manualmente el destino en el viejo pero nuevo cañón de brazo del bolso, apunto y disparo. Se abre un portal transparente. Sonrío.
Estoy de vuelta.
Es cierto, estoy viajando por partida doble en un tiempo literalmente prestado, aquel que me robé a mí mismo. Y si no regreso el núcleo al bolso justo a tiempo, bueno, ni siquiera quiero pensar en la anomalía de multiversos que eso provocaría. Alzo la mirada y veo cómo me aproximo hacia mi dirección. Faltan unos cuantos segundos antes de que me percate de que el bolso no está. No hay tiempo para nada.
Pero cuando se es un viajero del tiempo, la falta de tiempo es todo el tiempo que necesitas. Eso espero.
ÉGIDA
No se ha dado cuenta de que estoy aquí. Por ahora.
El sigilo no es mi fuerte. Soy de los que prefieren disparar primero y nunca preguntar. Pero dada la situación actual de mi núcleo de Pulso de Fuego... Bueno, tendré que recurrir a medidas drásticas.
Parece que solo está parado ahí... Con el escudo a un costado. La lanza clavada en el suelo cerca de él. Firme. Reflexivo. Aburridooooo.
Después de aterrizar en una dimensión sumamente desagradable (los mosquitos chupasangre nunca deberían ser tan grandes), Perla consiguió extraer suficiente poder de mi núcleo averiado para colgarse de la cronofirma de una señal de Pulso de Fuego cercana (bueno, relativamente cercana). Son buenas noticias para mí, pero no tan buenas para el pacificador al que le robaré su núcleo de Pulso de Fuego.
¿Por qué arreglar algo cuando puedes robarlo, digo, tomarlo prestado?
Con la suerte que tengo, yo sabía quién era este pacificador. Pantheon. Un verdadero cabeza hueca. Un tipo cascarrabias: siempre listo para pelear, posiblemente con un trasfondo sumamente trágico, etcétera, etcétera.
Ahora está parado sobre los escombros de un edificio que no reconozco. Honestamente, no reconozco nada de toda esta dimensión: parece un basurero. Estructuras a punto de derrumbarse. Vegetación diezmada. Evidencias de conflictos mecánicos y químicos por todos lados. Qué desastre.
Me desplazo con facilidad y ligereza justo detrás de él y presiono el cañón con suavidad contra su nuca. ''No te muevas'', gruño con la voz más amenazante que puedo hacer.
Él se queda congelado. Desde mi punto de vista detrás de él, apenas puedo ver cómo su visor trina y zumba. Tal vez trata de averiguar quién soy.
''Ezreal'', ruge.
''¿Cómo te va, Panth?'', digo mientras sonrío, cuando recuerdo que debía de hablarle con mi voz enojada y ronca.
''Te he estado buscando por mucho tiempo y mira, viniste a mí por tu cuenta''. Sus palabras tranquilas se entrecortan por la tensión en su voz y el ligero temblor de su cuero cabelludo mientras rechina sus dientes con furia. A pesar de la charla, definitivamente sabe que estoy a tan solo un estornudo de volarle su esculpida y hermosa cara.
''Escucha, Panth, sé que quedaron asuntos por resolver desde la última vez que nos encontramos'', le digo y me inclino hacia adelante. ''Pero lo cierto es que no tengo tiempo para ti, ni para este páramo el día de hoy''.
''Tú eres el responsable por el estado de este páramo''. La forma en la que me lo dice me para en seco. Objetivo, innegable, un hecho.
''Eh, no lo creo''. Sé que está postergando las cosas. Sé que no debo engancharme. Literalmente, yo hice lo mismo con el último pacificador con quien hablé.
No puedo evitarlo.
''Yo suelo recordar mis aventuras interdimensionales, muchas gracias''.
''Los renegados imprudentes como tú son responsables de todo esto''. La mirada de Pantheon se desplaza a lo largo del paisaje devastado que está frente a nosotros y no puedo evitar mirarlo yo también. ''Saltos descuidados que provocan paradojas. Paradojas que desgarran anomalías en el espacio-tiempo. Después, vienen los pretorianos''.
Siento un escalofrío. Pretorianos... aquí...
Pantheon se pone de pie y yo elevo mi cañón de brazo en señal de alerta. El arma zumba con toda su potencia. Él ni siquiera parpadea. ''Este solía ser mi hogar. Luego me lo arrebataron todo''.
Claro que muchas veces me arriesgo. En ocasiones, demasiado. Nunca soy descuidado. Pero no puedo afirmar que no haya causado una paradoja o dos...
''Pantheon'', digo, mientras bajo un poco mi cañón.
Grave error.
Pantheon salta hacia mí; de su escudo emana una barrera de energía mientras yo disparo, una fracción de segundo demasiado tarde. Colisiona contra mí y siento cómo mi nariz se rompe por segunda vez, dejándome aturdido. Extiende su mano izquierda y llama su lanza hacia él. Recobro el sentido justo a tiempo para desplazarme fuera del camino de su ataque certero.
''¡Responderás por tus crímenes frente a los Recordadores!'', ruge.
Bueno, esto no salió para nada como lo había planeado. Dado mi estado actual, no quisiera involucrarme en esta pelea. Pantheon arroja su lanza y yo llevo mi traje al límite, desplazándome lo más lejos posible, a la parte alta de una ladera.
Acelero mi cañón de brazo para un cronosalto. Mi traje entero se estremece mientras Perla se esfuerza por extraer algo de poder a través del núcleo dañado. ''La estabilidad del salto está sumamente dañada. Los protocolos de seguridad recomiendan...''.
La lanza de Pantheon vuela hacia mí y apenas logro agacharme a tiempo. Se estrella contra los restos de una gran estatua de piedra detrás de mí, la cual se hace añicos.
''¡Perla! ¡Anula los protocolos de seguridad! ¡Ahora!''. Sin esperar la confirmación de Perla, apunto con mi cañón y disparo. Siento cómo el alivio me recorre mientras cruzo el umbral del portal, hasta que una descarga de dolor se apodera de mí cuando recibo el azote del indómito éter interdimensional. Caigo hacia arriba, me desplomo a un destino incierto...
ESTOCADA
Despierto agitado.
Me duele todo. Como si me hubieran empujado por una pendiente y hubiera dado mil vueltas.
Alguien acuna mi cabeza. Un rostro femenino se asoma a mi vista. De una seriedad inquebrantable, aunque suavizada momentáneamente por la preocupación.
''Gracias al cielo'', dice. ''Pensamos que te habíamos perdido en ese último salto''.
''En dónde...''. Trato de sentarme, pero un arco de electricidad que emerge del núcleo de mi pecho convulsiona los músculos de mi costado izquierdo y me retuerzo de dolor.
''Esto no es bueno'', dice la mujer. ''No nos queda mucho tiempo. Estaba justo detrás de nosotros. Junto con la invasión pretoriana...'', dice mientras baja la cabeza. ''Lucian y Pantheon se adelantaron mientras Caitlyn busca una posición estratégica en lo alto''.
Me fuerzo a dejar de lado el dolor y me pongo de pie. Conozco dos de los tres nombres que mencionó hace un momento y ninguna de esas opciones es algo quisiera escuchar de una extraña al recobrar la conciencia después de atravesar lo desconocido del tiempo y espacio.
La mujer también se pone de pie, me tiende sus manos mientras intenta calmarme.
''¿Cuándo estoy?'', le pregunto, mientras presiono mi pecho. ''¿Quién eres?''.
Mi confusión se acrecienta mientras la observo con detenimiento. Sin lugar a dudas, ella es una pacificadora. La cronoespada a su costado. Ese núcleo de Pulso de Fuego en su traje: parece ser un modelo más avanzado y elegante. Su hombrera se ve ridícula sin el par del otro lado. Tan ridícula. Muy al estilo de los Recordadores.
La confusión es evidente en el rostro de la mujer. De repente, sus ojos se ensanchan, alarmados. ''Tú no eres nuestro Ezreal'', dice.
''Escuche, señora, yo no soy el Ezreal de nadie, salvo del mismo Ezreal''. Miro a mi alrededor. Estoy en un extraño corredor de metal suave y blanco, con detalles cromados. Las lámparas de luz azul están colgadas en intervalos equidistantes. Es como si estuviéramos parados adentro de un traje de Pulso de Fuego.
Un escalofrío de terror se desliza por mi espalda. No puede ser. ''¿Es...? ¿Esta es...?''.
''La Ciudadela de los Recordadores. Pero tú no deberías estar aquí. No sé de qué época eres, pero debes marcharte, antes de que llegues aquí. Bueno, el otro tú.'' Los ojos de la mujer se entrecierran. ''Más vale que llegues. Si estás muerto, te mataré''.
No encuentro respuesta a ese comentario. ''No tengo ni la menor idea de qué es esto ni en qué tiempo estamos'', apunto mi cañón de brazo hacia su pecho. ''Pero me llevaré tu núcleo de Pulso de Fuego'', exclamo, con la voz más amenazadora que logro emitir.
Justo en ese momento, mi cañón se desestabiliza y saca chispas. ''Potencia de sistemas de armamento al diez por ciento'', dice Perla en mi oído, con un volumen altísimo.
Por la expresión en el rostro de la mujer, puedo afirmar que ella también la escuchó.
''Ah. Sin duda vienes del pasado''. La mujer presiona el puente de su nariz con índice y pulgar, como si tratara de evitar un dolor de cabeza. ''Olvidé lo insoportable que eras''.
Frunzo el ceño de manera adorable. ''No soy insoportable. Soy encantador''.
Ella se detiene en seco. Sus ojos se entrecierran. Luego avanza directamente hacia mí. Doy un paso atrás, pero ella ya está tan cerca que golpea mi pecho con su dedo.
''Así que por esto me contaste esa historia anoche''. Me mira entrecerrando los ojos. ''Sobre cómo ya había salvado tu vida en dos ocasiones. Y sobre cómo era muy probable que lo hiciera una vez más antes de que todo esto acabara''.
''En serio no sé de qué me estás hablando...''.
Ella no espera a que yo termine de responder. Me sujeta y mete su mano por debajo de mi cuello y dentro del traje hasta el pecho. Suelto un grito, pero ya activó un mecanismo que provoca que el núcleo de mi pecho gire y se abra, dejando al descubierto la maquinaria que lleva dentro.
No me engaña. Es evidente que ya ha hecho esto en otras ocasiones.
Antes de que pueda quejarme, de sus guantes emergen nodos de diagnóstico y microherramientas con los que se pone a trabajar.
''¿Lo estás... reparando?'', pregunto con incredulidad.
''Eres un tonto. Por todos los cielos. Mira este desastre. ¿Tuviste una pelea con Lucian? Seguramente tuviste una pelea con Lucian. Me sorprende que no te haya matado. Siempre fue mejor tirador que tú''. En realidad no me está hablando a mí, solo murmura en voz baja mientras trabaja. Trato de quedarme quieto; hasta yo sé que no debes moverte cuando un núcleo de energía que puede doblar el tiempo está abierto y expuesto.
Escucho un ruido que viene del pasillo, seguido por el inconfundible sonido de disparos. Frunzo el ceño y estiro el cuello para poder ver, pero la mujer me jala del traje.
''Quédate quieto'', me ordena.
Vuelan unas cuantas chispas azules y salen unas pequeñas columnas de humo. Luego me suelta y el núcleo gira y se acomoda de vuelta en su sitio. Miro hacia abajo. El brillo es un poco más tenue de lo habitual, pero ya no lanza arcos eléctricos cada dos segundos.
''Funciona'', digo asombrado.
''Para un salto más, antes de que se averíe por completo. Quizá'', dice ella. ''¡Ahora vete!''.
Se da la vuelta para marcharse, pero se detiene en seco. Una de sus manos se aventura al interior de su bolsillo y luego me lanza algo. Lo atrapo.
''Cuando te encuentres conmigo, no tendré compasión de ti'', dice. ''Asegúrate de enseñarme esto. De otro modo, te mataré''.
Bajo la mirada y veo una moneda con una insignia: una espada diminuta sobre una rosa estilizada. Muchas preguntas se cruzan por mi mente. Pero las voces, seguidas de los disparos, reverberan en el pasillo.
''Esta fue la segunda vez'', murmura de nuevo para sí. ''No hay tiempo para pensar en la tercera. Dos deberán ser suficientes''.
''¡Eso no es muy reconfortante!'', le grito, pero ya se está alejando. Me ignora, da la vuelta en la esquina y se marcha.
Toco el núcleo de mi pecho. Así que tengo un último salto. No tengo otra opción. Solo se me ocurre una persona que tal vez pueda ayudarme. Parece que tendré que ver su engreído rostro después de todo.
Definitivamente no quería tener que pedirle su ayuda. Otra vez. O al menos todavía no... La que sea.
Suelto un suspiro. ''Perla'', exclamo, ''enciéndelo''. Apunto con mi cañón y disparo. Una vez más, se abre un portal. ''Es tiempo de visitar a Ekko''.
REBOBINADOR DE TIEMPO
¿Alguna vez has conocido a una persona que se parece tanto a ti que quizá la odias porque taaal vez te hizo ver todas esas cositas que odias de ti, aunque sea un poco?
Bueno, eso no es lo que me pasa con Ekko.
La culpa la tiene su corte de mohicano.
''Tú dijiste 'adiós para siempre''', me dice sin voltear a verme.
''Lo sé'', respondo.
'''Fue divertido, pero no nos volveremos a ver nunca más. Me parece que así es mejor, en vista de todo lo que pasó'''. Sigue sin darse la vuelta.
Rechino los dientes. ''Sí. Lo recuerdo''.
''Pasaron cuatro segundos''. Baja el extraño cubo con el que estaba jugando y por fin se da la vuelta, con los brazos cruzados. Cuántas aventuras atravesamos para conseguir esa cosa.
''No para mí. Para mí ha pasado muchísimo tiempo''. Me doy cuenta de lo quejumbroso que sueno y me detesto por ello. ''Es que... Necesitaba encontrarte en un espacio y un tiempo en el que sabía que estarías''.
''Hasta ahí llegó tu escapada genial'', me dice, mientras que lo único que quiero es borrarle esa estúpida sonrisa de la cara. ''¿En qué clase de problema estás metido ahora?''.
''Ah, no es nada grave'', digo mientras bajo las escaleras y toco los diferentes tableros y artefactos que hay en su pequeña guarida. ''Yo, eh, tal vez me metí en problemas con un pacificador''.
''Nada nuevo''.
''Y, es posible que, eh, haya sido algo violento''.
''No toques eso''. Las puntas de mis dedos se detienen; flotan sobre una planta dentro de una maceta suspendida en un campo temporal aislado. Miro cómo pasa de florecer a ser un capullo y luego un brote recién nacido para después volver a envejecer, todo dentro del mismo marco cronológico, de alguna manera colapsando todas las posibles eventualidades, sin generar nuevas anomalías. Es una cronorruptura, dijo Ekko. Muevo mi cabeza de lado a lado. No pensé que la tecnología de Pulso de Fuego pudiera hacer eso y, al parecer, los pacificadores tampoco.
La detesto.
''Mi núcleo de Pulso de Fuego se achicharró y necesito uno nuevo''. Decir la ''verdad'' funcionó muy bien con la pacificadora, así que intenté probar lo mismo con Ekko. ''¿Tienes alguno que te sobre?''.
Ekko se ríe. Yo frunzo el ceño. Sé que no se está burlando de mí (he vivido demasiadas cosas junto con este chistosito para saberlo), pero no por ello deja de irritarme.
''Bueno, bueno, ya, está bien. ¿Puedes entonces arreglar el mío?''.
Camina hacia mí y se inclina un poco para echarle un vistazo a la pieza que tengo en el pecho. ''¿En serio? ¿Este desastre? ¿Es una broma o qué? ¿Qué pasó? ¿Te dispararon a quemarropa o algo así?''.
''Puede ser...''.
Me mira boquiabierto. ''¡El núcleo es lo más importante!''.
''¡El rostro es lo más importante!'', le contestó.
''Me parece que también fracasaste en esa tarea'', me responde sentencioso. Toca mi (muy rota) nariz y lanzo un aullido de dolor.
Me retuerzo. ''Bueno, entonces, ¿me puedes construir uno nuevo?''. La desesperación comienza a apoderarse de mí. De inmediato, Ekko niega con la cabeza. ''¿Por qué no? ¡Si tú construiste tu traje desde cero!''.
Se encoge de hombros. ''Sí, pero una parte fundamental fue el núcleo de cristal que le robé a un pacificador. Igual que tú''.
No lo creo. Hasta Ekko tiene límites.
Esta era mi última alternativa.
Me desplomo sobre una silla, completamente paralizado. ''Usé mi último salto para llegar aquí''. Cubro mi rostro con mis manos. ''Si no puedes repararlo... esto ha sido todo. Ahora viviré aquí''.
''Por supuesto que no''. Ekko toma la máscara que estaba sobre la mesa junto con el cubo. ''Eso es lo peor que jamás hayas dicho. No te quedarás aquí en mi línea temporal. Te ayudaré''.
Ni siquiera puedo mirarlo. ''¿Qué opciones me quedan?'', le pregunto.
''Robar un núcleo''.
Frustrado, chasqueo con mi lengua. ''Ya lo intenté. Es más difícil de lo que crees''.
Escucho cómo hace ruido con sus herramientas a mi alrededor. Puedo oír el clic que hace su paquete de cronorruptura al atarlo a su espalda. ''Tendremos que encontrar a un pobre diablo. Algún tonto que no se lo espere'', me explica.
Camina hacia mí y me sacude del hombro. Levanto la mirada. Está completamente equipado y listo para partir. Para ayudarme. Y si considero la aventura de la que acaba de regresar, es muy probable que siga exhausto. Pero me mira con esa estúpida sonrisita que tanto detesto y me dice: ''Vámonos, tonto''.
Empiezo a sonreír, pero mi expresión se congela cuando caigo en la cuenta.
Oh. Maldición. ¡Eso es! ¡Yo soy un tonto!
''Te odio tanto'', le digo mientras me abalanzo con fuerza para abrazarlo.
''¡Oye! ¡¿Qué te pasa?! ¡Suéltame!'', me grita.
Opone resistencia, pero yo me aferro. ''¿Cuánto tiempo he estado aquí?''.
''Un minuto, más o menos. Así que, demasiado tiempo'', me responde.
Su mano está sobre mi rostro, pero yo lo sujeto por la muñeca. ''Regrésame justo al momento antes de que apareciera aquí''.
Parpadea una vez. ''¿Por qué...?''.
Sonrío. ''Consígueme un último cronosalto. Así, nunca más volveré a molestarte, adiós para siempre, ya no nos veremos otra vez, etcétera, etcétera''. Extiendo mi mano libre para tocar su corte mohicano, pero ahora es él quien sujeta mi muñeca.
''No toques mi cabello'', me dice con una frialdad absoluta.
Retiro mi mano. ''Ekko. Por favor. Un último favor. Una rebobinada más. Como la última vez''.
Me responde con tono burlón: ''La última vez fue la última. Además, ya lo sabes, la cronorruptura no debería de transportar a más de una persona a la vez''.
Inhalo profundo. ''Lo sé. Te pagaré de vuelta, uno de estos días. Por todas las últimas veces''.
''Dijiste que nunca más nos volveríamos a ver'', suspira.
Le guiño el ojo. ''Dame cuatro segundos''.
Ekko pone sus ojos en blanco, luego toma algo que lleva en la espalda. ''Eres un suplicio'', me dice mientras activa su dispositivo de cronorruptura.
''Gracias, Ekko''. Y añado con una sonrisa: ''Te debo una''.
''Ya van cuatro'', me corrige y me acerca a él mientras jala la cuerda. El mundo a nuestro alrededor se ralentiza hasta detenerse para luego rebobinarse a una velocidad acelerada.
Me encanta este tipo.
Fin de esta lectura

