Por Demacia — ilustración oficial de Riot

Una historia de Runaterra

Por Demacia

Por Graham McNeill

37 min de lectura Relato

Ilustración · Riot Games

Por Demacia · ilustración de la publicación original · Riot Games

Por Graham McNeill · Historia completa

Por Demacia

¿Cuánto tiempo había transcurrido desde que Lux había ido al norte a Monteadarve?

No estaba segura. Años, sin lugar a duda. La familia había viajado al norte para presentar sus respetos en la tumba del bisabuelo Fossian y Lux recuerda haberse quejado de la incesante lluvia mientras se abrían paso a través de los riscos y barrancos del bosque hacia su lugar de descanso. Ella había esperado un gran mausoleo, pero se decepcionó al descubrir que era poco más que un montículo de pasto situado al pie del elevado acantilado. Una placa de mármol colocada en la base del montículo describía la leyenda de su ilustre antepasado: Fossian y el demonio cayendo por el acantilado, su bisabuelo herido de muerte, la horripilante entidad con una espada demaciana perforando su negro corazón.

Había llovido en ese momento y estaba lloviendo ahora. Un diluvio helado del norte había recién salido de las montañas caninas que separaban Demacia del Fréljord. Una tormenta se avecinaba a ese reino helado, caía en el lado lejano de las cimas sobre frondosas extensiones de pinos demacianos, doblados por los vientos hostiles. Hacia el este y el oeste, las montañas se desvanecieron en una niebla azul, el cielo se tornó oscuro y amenazador, como cuando su hermano se ponía de mal humor. Al norte, las ancas boscosas de las sierras estaban escarpadas con acantilados y profundos abismos. Tierras peligrosas, hogar de criaturas letales y bestias salvajes de todo tipo.

Lux había salido hacia el norte hacía dos semanas; de Demacia a Edessa, después a Pinara y a Lissus. De Lissus a Velorus y, finalmente, a Lago Plateado, la Ciudad de los Dagarracos. Una noche con su familia en su casa al pie de la Roca del Caballero y después hacia las ciénagas al noroeste de Demacia. Casi de inmediato, el carácter de la gente y de las aldeas comenzó a cambiar a medida que el centro de Demacia quedaba atrás como un banderín rasgado del mango de un poste de estandarte.

Planicies fértiles y verdes dieron lugar al interior barrido por el viento, moteado con aulaga y cardo. Dagarracos plateados chillaban en el cielo, invisibles mientras peleaban en las nubes. El aire se volvió más frío, cargado con el profundo hielo del Fréljord y los muros de cada asentamiento se volvieron más altos con cada kilómetro que avanzaba. Había sido un viaje largo y cansado hasta Monteadarve, pero había llegado y Lux se permitió esbozar una sonrisa pequeña.

''Llegaremos al templo pronto, Estrella de Fuego'', dijo, estirándose para acariciar la crin de su caballo. ''Tendrán cereal y un establo cálido para ti, lo prometo''.

El caballo sacudió la cabeza y resopló, pateando con impaciencia. Lux dio una patada con los talones y dirigió a su cansado corcel por la ruta llena de baches que llevaba a la puerta principal de Monteadarve.

El pueblo estaba asentado sobre la ribera del Serpentrión, un río estruendoso que nacía en las montañas y bajaba por la costa oeste. Los muros de granito pulido del pueblo seguían la línea de las colinas y los edificios dentro se habían construido con piedra, madera estacionada y tejas color verde botella. La torre de un templo de los Iluminadores se elevaba en el este, el brasero dentro del campanario proveía una luz acogedora a la hora del crepúsculo.

Lux se quitó la capucha de su capa azul y soltó su cabello. Largo y dorado, enmarcaba un rostro juvenil de pómulos marcados y ojos azules como el océano que brillaban con determinación. Dos hombres aparecieron en la torre sobre el portal blindado, cada uno armado con un poderoso arco largo de fresno y tejo.

''Alto ahí, viajera'', dijo uno de los guardias. ''El portal está cerrado hasta la mañana''.

''Mi nombre es Luxanna Guardia de la Corona'', dijo ella. ''Como usted dice, es tarde, pero he venido desde muy lejos para rendir homenaje a mi bisabuelo. Estaré en deuda con usted si me permite entrar''.

El hombre miro de reojo en la penumbra y sus ojos se agrandaron cuando la reconoció. Habían pasado muchos años desde que había ido a Monteadarve, pero Garen siempre decía que una vez que la gente había visto a Lux, jamás la olvidaba.

''¡Dama Guardia de la Corona! ¡Discúlpeme!'', dijo, antes de girar para dirigirse a los hombres de abajo. ''Abran las puertas''.

Lux hizo avanzar a Estrella de Fuego mientras los troncos macizos se levantaban hacia la piedra de la barbacana con el traqueteo de las pesadas cadenas de hierro. En cuanto se levantó lo suficiente, Lux pasó por debajo y se encontró con una guardia de honor recién reunida esperándola, diez hombres con petos de cuero y capas azules aseguradas con distintivos plateados con la forma de espadas aladas. Eran orgullosos soldados demacianos, aunque sus hombros estaban curiosamente desplomados y los ojos llenos de cansancio.

''Bienvenida a Monteadarve'', dijo el mismo hombre que le había hablado desde la torre. ''Este es un gran honor, mi señora. La magistrada Giselle estará aliviada al saber que está aquí. ¿Puedo ofrecerle un destacamento de soldados para que la escolten hasta su casa?''.

''Gracias, pero eso no será necesario'', dijo Lux, preguntándose por qué el hombre había dicho aliviada. ''Arreglé para quedarme con la señora Pernille en el templo de los Iluminadores''.

Se alistó para cabalgar, pero sintió el deseo del guardia de decir algo y gentilmente jaló las riendas de Estrella de Fuego.

''Dama Guardia de la Corona'', dijo el guardia. ''¿Está aquí para terminar con nuestra pesadilla?''.




El templo de los Iluminadores era cálido y seco y, con Estrella de Fuego en los establos, Lux había hablado durante un largo rato con la señora Pernille en el salón principal. Lux había escuchado los rumores acerca de una magia en los bosques y riscos cercanos a Monteadarve y se había propuesto ver qué podía aprender... aunque no le había dicho nada de eso a la señora Pernille. El poder latente que Lux sentía en su interior era atemorizante por su creciente intensidad. Esperaba que hubiera alguna manera de aprender más sobre su naturaleza. ¡Y siempre era mejor aprender esas cosas lejos de los ojos de su familia!

Lux había percibido algo oscuro en cuanto entró a la aldea, una sensación insidiosa de ser observada desde las sombras. Los pocos habitantes que había visto en las calles caminaban con pasos apelmazados y con los cuerpos cansados.

Una nube de miedo cubría Monteadarve. No necesitaba magia para darse cuenta de eso.

''Un asunto terrible'', le explicó la señora Pernille, una mujer de cabello rubio vestida con el atuendo blanco de una Iluminadora sanadora. ''Es el hijo de la magistrada Giselle, Luca. Pobre muchacho''.

''¿Qué pasa con él?'', preguntó Lux.

''Desapareció hace dos días'', replicó Pernille. ''Y algunos están seguros de que lo secuestró un mago oscuro con un terrible propósito''.

''¿Por qué piensan eso?''.

''Pregúntame de nuevo por la mañana'', contestó Pernille.




Lux se despertó con un grito, el corazón desbocado dentro del pecho y la respiración acelerada. El terror invadió su mente: una pesadilla en la que ganchos la arrastraban debajo de la tierra, la boca se le llenaba de fango pútrido y la oscuridad sofocaba su luz para siempre. Lux parpadeó para borrar las últimas imágenes y vislumbró cómo las sombras se retiraban. Tenía sabor a leche rancia en la boca, una señal clara de magia residual, y un resplandor espectral brilló en sus palmas. La luz inundó la habitación y así desaparecieron los últimos rastros de la pesadilla.

Se llenó de calor, la piel brillante con un halo de iridiscencia, y rápidamente apretó los puños en un intento por asimilarla de nuevo antes de que se saliera de control.

Escuchó voces en el piso de abajo. Por suerte, la luz se desvaneció, dejando solo los pálidos rastros del alba que iluminaban la habitación a través de la ventana cerrada. Lux presionó las manos contra el costado de su cabeza, como si buscara alejar las horribles visiones de su mente. Intentó recordar momentos específicos de la pesadilla, pero lo único que pudo recapitular fue el hedor del aliento agrio y una oscuridad sin rostro ejerciendo presión sobre ella.

Con la boca seca, Lux se vistió rápidamente y bajó a la cocina del templo. Aunque tenía muy poco apetito, preparó un desayuno de pan y queso. Tras la primera mordida, la boca se le llenó de sabor a tierra de tumba e hizo a un lado la comida.

''¿Cómo dormiste?'', preguntó Pernille, entrando a la cocina y sentándose a su lado.

La tez debajo de los ojos de Pernille estaba morada por la falta de sueño; su piel estaba pálida ahora que no había luz de una fogata para darle algo de color. Recién en ese momento Lux se percató de lo agotada que estaba Pernille.

''A juzgar por lo que veo, casi tan bien como tú'', dijo Lux. ''¿Soñaste?''.

''Sí, pero no es nada que quiera revivir diciéndolo en voz alta''.

Lux asintió lentamente. ''Algo muy malo pasa en este pueblo''.




Estrella de Fuego relinchó apenas la vio, las orejas presionadas contra el cráneo y los ojos grandes. La acarició con el hocico y Lux frotó su cuello y hombros blancos.

''¿Tú también?'', preguntó y el caballo sacudió la crin.

Lux ensilló su montura rápidamente y cabalgó hacia la puerta norte de Monteadarve. El amanecer había pasado una hora antes, pero el pueblo aún no había cobrado vida del todo. No salía humo de las forjas ni había aroma a pan fresco inundando las panaderías, solo unos cuantos comerciantes de apariencia sombría habían abierto las puertas de sus negocios. Los demacianos eran trabajadores diligentes, disciplinados y laboriosos, así que ver un pueblo fronterizo comenzar la jornada de trabajo tan tarde era muy inusual. Pero si la gente de Monteadarve había soportado noches como la de ella, no podía culparlos por tomarse su tiempo para levantarse.

Atravesó la puerta hacia el terreno abierto delante del pueblo y dejó que Estrella de Fuego corriera para aliviar la rigidez de sus músculos antes de regresar al camino lodoso. El semental se había roto una pata hacía muchos años, pero eso no había deteriorado la velocidad de su galope.

''Tranquilo, chico'', dijo Lux mientras cabalgaban en el bosque.

El olor a pino y a flores silvestres llenaba el aire. Lux saboreó el embriagador aroma natural de los climas del norte. Los rayos de sol perforaban el frondoso follaje en columnas anguladas de luz y el tufo del barro húmedo la hizo estremecer al recordarle por un momento su pesadilla. Se adentró más en el bosque, siguiendo el rastro mientras avanzaba por el camino hacia el norte. Lux retiró una de las manos de las riendas, la llevó hacia un brillante rayo de sol y sintió la magia avivarse ante su calidez. Era emocionante sentir cómo surgía dentro de ella, pero se esforzó por hacerla brotar lentamente, ya que temía no poder controlarla.

Su mundo se iluminó en cuanto la magia inundó sus sentidos, los colores del bosque eran extrañamente brillantes y llenos de vida. Vio lunares de luz flotando en el aire, la respiración de los árboles y los suspiros de la tierra. Qué increíble era ver el mundo de esa manera, vivo por todas las energías que fluían a través de todos los seres vivientes. Desde las hojas de hierba hasta las majestuosas hojas de abedul cuyas raíces se decía que llegaban hasta el núcleo del mundo. Si esto era solo una demostración de lo que una pizca de magia podía lograr, ¿qué maravillas podría conseguir si fuera capaz de controlarla?

Después de cabalgar por una hora a través del bosque iridiscente, el sendero se bifurcó en un cruce: un camino conducía al este, a un pueblo maderero, si recordaba bien, y el otro se dirigía al oeste, hacia una comunidad construida alrededor de una próspera mina de plata. Su padre tenía una inversión en la mina y su insignia favorita de su abrigo había sido forjada con metal extraído de sus profundidades. Entre los dos caminos principales había un sendero más pequeño, casi invisible y apropiado solo para los viajeros solitarios o para aquellos que iban a pie.

Recordaba haber seguido ese sendero en el pasado. Lux se preguntaba por qué estaba tan reacia a guiar a Estrella de Fuego en esa dirección. No tenía ninguna necesidad de tomar ese camino, ya que la historia de rendir homenaje a su bisabuelo era solo eso, una historia. Lux cerró los ojos y levantó los brazos hacia un lado, dejando que la magia brotara de sus dedos. Inhaló, se llenó los pulmones de aire frío y dejó que la luz del bosque le hablara. Todavía no entendía mucho sobre esas cosas, pero con seguridad valía la pena arriesgarse para descubrir qué estaba atormentando a esta región de Demacia.

La luz habló en tonalidades contrastantes, colores centelleantes e iluminación vibrante. Sintió que la luz de las estrellas lejanas bajaba como rocío, luz que bañaba a otros reinos y pueblos, casi insoportable. Donde la luz de Demacia se convertía en sombras, se estremecía. Donde alimentaba a un ser vivo, se calmaba. Lux se movió en la montura, gozando de esta nueva sensación. El sol estaba casi en su cenit y Lux frunció el ceño al ver que la calidad de la luz en el bosque temblaba, escurriéndose de ella. Sentía sombras donde ninguna sombra debía morar y oscuridad escondida donde solo la luz debía existir. Se quedó sin aliento, como si algo la estuviera tomando por el cuello, y de repente se sintió mareada. Sus párpados se tornaron pesados y comenzaron a cerrarse, como si la estuvieran arrastrando hacia un sueño de vigilia.

A su alrededor, el bosque se volvió súbitamente silencioso. No había viento que sacudiera las hojas de los árboles ni alborotara siquiera una brizna de hierba. Los aliplatas no hacían ruido alguno y el parloteo de los animales cesó. Lux escuchó el susurro suave de una mortaja cerrándose.

Duerme…

''No'', dijo Lux, pero el cansancio sobrenatural la cubrió como una cobija cómoda, cálida y envolvente. Lux ladeó la cabeza y cerró los ojos durante un breve instante.

El ruido seco de una rama rompiéndose y el chirrido del metal hicieron que Lux abriera los ojos. Tomó una gran bocanada de aire, el frío en sus pulmones la despertó de golpe. Parpadeó para alejar las sombras de sus ojos y dejó salir un hálito frío mientras la magia se escabullía de su alcance y desaparecía. Escuchó jinetes a caballo, el tintineo de riendas, el chirrido del metal sobre el metal. Soldados, armados para la guerra. Al menos cuatro, tal vez más.

Lux no les tenía miedo. No exactamente. No en esta parte tan profunda de Demacia. La oscuridad que merodeaba en algún lugar del bosque era una amenaza más urgente. Su fuerza era incierta, como un niño que explora hasta dónde puede llegar. Lux tiró de las riendas de Estrella de Fuego, lo hizo girar para que se quedara parado en el medio de los caminos.

La vegetación frente a ella se abrió y aparecieron cinco jinetes.

Retrato de Lux · ilustración del personaje; no representa esta escenaPublicado en Universo de Riot

Guerreros poderosos, con armaduras de placas resplandecientes que los cubrían de pies a cabeza. Montaban corceles grises de pecho amplio, todos ellos grandes, enjaezados en azul cobalto. Cuatro de ellos llevaban las espadas desenvainadas, mientras el quinto llevaba su espada con empuñadura dorada enfundada en una vaina barnizada en azul que rodeaba su espalda.

''¿Luxanna?'', preguntó el jinete, la voz amortiguada por el visor del casco.

Lux suspiró mientras el caballero se quitaba el casco para revelar su cabello oscuro y las facciones esculpidas; tan características de Demacia que le sorprendía que no estuvieran grabadas en una moneda.

''Garen'', suspiró Lux.

Su hermano había traído cuatro jinetes de la Vanguardia Valerosa.

Si hubieran pertenecido a otro ejército, los cuatro guerreros habrían sido una fuerza insignificante, pero cada guerrero de la Vanguardia Valerosa era un héroe, una leyenda con historias de valor grabadas en el metal de sus espadas. Sus hazañas se contaban una y otra vez en las mesas de las tabernas y chimeneas por toda Demacia.

Diadoro, de cabello oscuro y ojos agudos, era el espadachín barbudo que había defendido las Puertas del Duelo contra la multitud armada de la Legión Trifariana durante un día entero. A su lado estaba Sabator de Jandelle, el asesino de la repugnante sierpe que despertaba cada cien años para comer, pero ahora no despertaría jamás. Sus colmillos se colgaron en el salón del trono del rey Jarvan, junto al cráneo de dragón recién montado que habían llevado su hijo y su enigmática acompañante.

Varya, más pequeña, pero no menos impresionante, había liderado la carga en las cubiertas de la flotilla lobo de mar en Baluarte del Alba. Incendió sus embarcaciones e incluso estando herida casi de muerte eliminó a su desquiciado líder. Rodian, su hermano mellizo, había navegado al norte, hacia Frostheld, y había quemado la ciudad portuaria freljordiana hasta reducirla a cenizas, para que nadie se atreviera a navegar hacia el sur para causar estragos otra vez.

Lux los conocía a todos, pero puso los ojos en blanco ante la posibilidad de tener que escuchar sus leyendas en una mesa por la noche. Sí, todos eran héroes de Demacia, dignos de respeto, pero escuchar sobre cómo Sabator bajó de la garganta de la sierpe por décima vez o cómo Varya golpeó hasta la muerte a un Grelmorn con un remo astillado era demasiado para Lux.




Garen cabalgó a su lado mientras seguían el camino de vuelta a Monteadarve. Habían rodeado la ciudad hasta que la luz comenzó a desvanecerse en búsqueda del hijo de la magistrada o de cualquier señal de los acontecimientos perversos que estaban sucediendo, pero no habían encontrado nada. Aunque cualquier siervo de la oscuridad habría tenido suficiente tiempo para correr y esconderse, dado el ruido que hacían Garen y la Vanguardia Valerosa.

''¿En serio viniste a visitar la tumba del bisabuelo Fossian?''.

''Eso dije, ¿no?''.

''Sí'', contestó Garen. ''Eso dijiste. Solo estoy sorprendido. Creo recordar que nuestra madre me dijo que odiaste venir aquí la última vez''.

''Me sorprende que lo haya recordado''.

''Ah, lo recuerda'', dijo Garen sin mirarla. ''Cuando la joven Luxanna Guardia de la Corona no disfruta algo, el cielo se oscurece, las nubes descargan toda la lluvia y los animales del bosque se esconden''.

''Me haces quedar como una malcriada''.

''Un poco lo fuiste'', dijo Garen, su ligera sonrisa apenas lograba que el comentario no fuera tan cáustico. ''Siempre te salías con la tuya con cosas por las que a mí me hubieran dado una bofetada. Madre siempre estaba diciéndome que no prestara atención a las cosas que hacías''.

Las palabras quedaron suspendidas entre ellos y Lux desvió la mirada, recordando no subestimar a su hermano. La gente lo conocía como alguien honesto y directo, con un buen conocimiento de tácticas y estrategias de guerra, pero pocos lo veían como perspicaz o astuto.

Lux sabía que eso era un error. Sí, Garen era un guerrero simple, pero simple no significaba estúpido.

''Así que, ¿qué piensas que le ocurrió al chico?'', preguntó Lux.

Garen se pasó una mano por el cabello.

''Si tuviera que adivinar, diría que huyó de casa'', contestó. ''O decidió tener una aventura y se perdió en alguna parte del bosque''.

''¿No crees que un mago oscuro lo haya secuestrado?''.

''Ciertamente es posible, pero Varya y Rodian cabalgaron por este camino hace solo seis meses y no encontraron pruebas de hechicería sobrenatural''.

Lux asintió y preguntó: ''¿Has pasado la noche en Monteadarve?''.

''No'', contestó Garen, mientras se acercaban al pueblo. ''¿Por qué preguntas?''.

''Por curiosidad''.

''Algo está ocurriendo ahí abajo'', dijo Sabator, su mano cubría los ojos del sol poniente.

Garen fijó la mirada en la dirección que el guerrero señalaba y su rostro perdió toda la ligereza. Su postura cambió por completo, sus músculos se tensaron, listos para la acción, y sus ojos estaban completamente concentrados. Los guerreros de la Vanguardia Valerosa se formaron junto a él, listos para moverse en un instante.

''¿Qué sucede?'', dijo Lux.

Una multitud enojada estaba hostigando a un hombre tambaleante en las calles hacia la plaza del mercado. No podía escuchar qué era lo que gritaban, pero no necesitaba escuchar las palabras para sentir el enojo y el miedo.

''¡Vanguardia! Vamos'', dijo Garen, golpeando con sus espuelas.

Estrella de Fuego era un caballo veloz, pero no se comparaba con un corcel de guerra demaciano alimentado con trigo. Para cuando Lux atravesó las puertas, el sonido de las voces gritando retumbaba por todo el pueblo. Los costados de Estrella de Fuego estaban cubiertos con sudor y las herraduras de sus cascos de hierro sacaban chispas del pavimento. Lux detuvo su cabalgar en cuanto entró a la atestada plaza del mercado y se bajó del caballo mientras veía una escena que había presenciado demasiadas veces en toda Demacia.

''No, no, no..'', murmuró al ver a dos guardias arrastrando a un hombre hacia la plataforma de subastas que normalmente se usaba para la compra y venta de ganadería. La ropa del hombre estaba cubierta en sangre y él gemía lastimosamente. Una mujer con una túnica adornada con armiño y las alas de bronce de un magistrado de Demacia se paró ante él. Al parecer era la magistrada Giselle. Cientos de habitantes de Monteadarve llenaron la plaza, vociferando contra el hombre. La intensidad de su odio era palpable y Lux sintió su magia surgir a la superficie de su piel. Se esforzó para reprimir la luz creciente y se abrió paso entre la multitud para ver a Garen al pie de los peldaños que llevaban a la plataforma de subastas.

''Aldo Dayan'', dijo la magistrada Giselle, su voz marcada por la emoción. ''¡Te nombro asesino y colaborador de un mago oscuro!''.

''¡No!'', gritó el hombre. ''¡No lo entienden! ¡Eran monstruos! ¡Yo los vi, vi sus verdaderos rostros! ¡Oscuridad, solo oscuridad!''.

''¡Confesión!'', gritó Giselle.

La multitud gritó en respuesta, el ansia creciente por venganza surgía de todas las gargantas. Se veían preparados para correr hacia la plataforma de subastas y arrancar todas las extremidades de Aldo Dayan y seguro lo habrían hecho si no hubieran estado los cuatro guerreros de la Vanguardia Valerosa parados con sus espadas desenfundadas en el borde.

''¿Qué está sucediendo? ¿Qué pasó?'', preguntó Lux mientras llegaba al lado de Garen.

Garen no la miró, sus ojos estaban fijos en el hombre arrodillado.

''Asesinó a su esposa e hijos mientras dormían, después corrió hacia las calles y atacó a sus vecinos. Partió a tres personas con un hacha antes de que pudieran contenerlo''.

''¿Por qué haría eso?''.

Garen finalmente volteó para mirarla. ''¿Por qué crees? Debe haber un mago cerca. El poder de la oscuridad tiene dominio aquí. Solo la influencia oscura de un hechicero podría llevar a un ciudadano leal de Demacia a cometer actos tan atroces''.

Lux se tragó una réplica furiosa y empujó a Garen para pasar. Subió los escalones de la plataforma y se dirigió hacia el hombre arrodillado.

''¿Dama Guardia de la Corona? ¿Qué está haciendo?'', demandó Giselle.

Lux la ignoró y levantó la cabeza del hombre. Su rostro estaba moreteado, un ojo estaba completamente hinchado debido al golpe de un garrote o de un puño. Sangre y moco caían de su nariz e hilos de saliva colgaban de su labio partido.

''Mírame'', dijo ella y el ojo intacto del hombre intentó enfocarse en ella. La parte blanca del ojo estaba enrojecida y tenía los bordes morados; era el ojo de un hombre que no había dormido en días.

''Dayan, buen hombre, dime por qué mataste a tu familia'', dijo Lux. ''¿Por qué atacaste a tus vecinos?''.

''No eran ellos. No. Yo vi. No eran ellos, eran... monstruos...'', sollozó el hombre. ''La oscuridad enmascarada bajo la piel. ¡Entre nosotros, todo el tiempo! ¡Desperté y vi sus rostros reales! ¡Así que los maté! Tenía que hacerlo. ¡Tenía que hacerlo!''.

Lux levantó la mirada cuando la magistrada Giselle apareció sobre su hombro, y percibió el dolor apremiante grabado en el rostro de la mujer. Los últimos dos días la habían envejecido diez años. La magistrada miró con aversión a Aldo Dayan, tensando los puños.

''¿Asesinaste a mi Luca?'', preguntó, la voz quebrada por la pena. ''¿Mataste a mi hijo? ¿Solo porque era diferente?''.

Aullidos exigiendo venganza se levantaron de la multitud, el sol se hundía en el oeste y las sombras se extendieron. Puñados de barro y estiércol golpearon a Aldo Dayan mientras sus antiguos amigos y vecinos pedían su muerte. Intentó soltarse del agarre de los guardias con violencia, la boca llena de espuma y saliva sangrienta.

''¡Tenía que matarlos!'', gritó, mirando desafiante a sus acusadores. ''No eran ellos. Solo oscuridad, completa oscuridad. ¡Podría ser uno de ustedes también!''.

Lux fue hacia la magistrada Giselle.

Lux · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games

''¿A qué se refirió cuando dijo que su hijo era diferente?''.

El dolor de Giselle la consumía, pero Lux vio más allá y descubrió una vergüenza oculta. Los ojos de la magistrada estaban rojizos y rodeados con manchas oscuras de agotamiento. Aun así, no podía ocultar la misma mirada que había visto en los ojos de su madre cuando Lux había aceptado sus poderes. Era la misma mirada que veía algunas veces en los ojos de su hermano, cuando creía que ella no estaba viendo.

''¿A qué se refería?'', preguntó de nuevo.

''A nada'', dijo Giselle. ''No me refería a nada''.

''¿Diferente cómo?''.

''Solo diferente''.

Lux había escuchado esas evasiones antes y de pronto ella supo exactamente por qué el hijo de la magistrada era diferente.

''Ya escuché suficiente'', dijo Garen mientras avanzaba hacia la plataforma y desenvainaba su larga espada plateada. La hoja brillaba en el crepúsculo, increíblemente afilada.

''Garen, no'', dijo Lux. ''Algo más pasa aquí. Déjame hablar con él''.

''Es un monstruo'', espetó Garen, levantando la espada sobre su hombro. ''Si no es un siervo de la maldad, es un asesino. Solo puede haber un castigo. ¿Magistrada?''.

Giselle desvió sus ojos llorosos de Lux. Asintió.

''Aldo Dayan, te declaro culpable e invoco a Garen Guardia de la Corona de la Vanguardia Valerosa para administrar justicia demaciana''.

El hombre levantó la cabeza y los ojos de Lux se estrecharon cuando percibió una sensación de... algo que lo atravesó. El susurro de una presencia al acecho. La presencia se desvaneció antes de que pudiera estar segura, pero una corriente de aire frígido la estremeció.

Las extremidades de Dayan tuvieron un espasmo, como un perturbado merodeador al borde del camino afligido con malestar y temblores. Susurró algo, con voz áspera y débil, mientras Garen levantaba la espada para llevar a cabo la ejecución. Las últimas palabras de Dayan se perdieron entre los rugidos de aprobación de la multitud, pero Lux pudo descifrarlas al tiempo que la espada de Garen caía.

La luz se está desvaneciendo...

''¡Espera!'', gritó.

La espada de Garen separó la cabeza del hombre de su cuerpo con un golpe titánico. La multitud bramó en aprobación. El cuerpo cayó sobre la plataforma y de su cuello surgieron chorros de sangre que formaron un arco. La cabeza rodó hasta los pies de Giselle mientras salían espirales de humo del cadáver de Aldo Dayan, como bilis negra supurante en una morgue. La magistrada se quedó conmocionada al ver cómo surgía una forma fantasmal malvada de garras y ojos ardientes del cráneo del hombre muerto.

La oscuridad espectral se lanzó hacia la magistrada, soltando una carcajada maliciosa. Ella gritó mientras la atravesaba antes de disiparse como cenizas esparcidas en el viento. Lux sintió el aliento de la cosa desaparecer, una energía tan vil, tan llena de odio y tan inhumanamente maligna, que era difícil de creer. La magistrada Giselle colapsó, su piel estaba pálida y lloraba aterrorizada.

Lux se hincó en una rodilla cuando innumerables visiones horribles surgieron en su interior; miedos abrumadores de ser enterrada viva, de ser expulsada de Demacia por su hermano, de cientos de formas de morir lenta y dolorosamente. La luz dentro de ella peleó contra estas terribles visiones y su respiración resplandeció con motas de luz mientras escupía el sabor a muerte de su boca.

''Lux...''.

Garen habló en un susurro; a ella le tomó un momento descifrar cómo era posible que pudiera escucharlo entre los gritos de la multitud que celebraba. Lux se alejó de la magistrada sollozante y sintió la magia fluir alrededor de su cuerpo en una oleada.

La multitud guardó silencio por completo.

''Lux, ¿qué sucede?'', preguntó Garen.

Lux alejó las aberrantes imágenes que ardían en su cabeza y siguió la mirada de Garen mientras los guerreros de la Vanguardia Valerosa corrían para apostarse junto a su líder.

Entonces, una tras otra, las personas de Monteadarve cayeron al suelo, como si sus vidas simplemente hubieran abandonado sus cuerpos.

Lux apretó los dientes y se impulsó para ponerse de pie.

El sol se había ocultado detrás del muro oeste de Monteadarve y ella quedó boquiabierta al ver las oscuras formas vaporosas que surgían de los habitantes inconscientes del pueblo. Eran todas diferentes. Comenzaba a formarse una horda de sombras en armaduras noxianas, arañas inmensas, serpientes de varias cabezas, enormes guerreros sombríos con hachas congeladas, grandes dragones con dientes parecidos a dagas de obsidiana y montones de cosas que no tenían una descripción racional.

''Hechicería'', declaró Garen.

Las criaturas de las sombras se acercaron a la plataforma, deslizándose por el aire sin producir ningún sonido. Una oleada de pesadillas.

''¿Qué son?'', preguntó Varya.

''Las pesadillas más oscuras de la gente de Monteadarve materializadas'', dijo Lux.

''¿Cómo puedes saberlo?'', preguntó Sabator.

''No lo sé con certeza, pero siento que es así'', dijo Lux, sabiendo que no podía quedarse a pelear. Además, la Vanguardia Valerosa podía arreglárselas aquí por su cuenta. Colocó su pulgar y su dedo índice contra su labio inferior y silbó una nota invocadora, antes de dirigirse a Garen.

''Creo que sé cómo detener esto'', dijo ella. ''Tal vez...''.

''¿Cómo?'', preguntó Garen, sin apartar la vista de la horda sombría que se acercaba.

''No te preocupes del cómo'', dijo Lux. ''Solo... intenta no morir antes de que vuelva''.

Lux corrió hacia el borde de la plataforma mientras Estrella de Fuego galopaba entre las criaturas. Su corcel atravesó sin ningún inconveniente, puesto que sus sueños y pesadillas no le interesaban al poder que se cernía sobre Monteadarve. Lux saltó desde la plataforma, sujetó la crin de Estrella de Fuego para balancearse y subió a su lomo en un movimiento ágil.

''¿Adónde vas?'', preguntó Garen.

El caballo relinchó y Lux giró sobre la montura para contestarle a su hermano.

''Ya te lo dije'', gritó. ''¡Voy a rendir homenaje a mi bisabuelo Fossian!''.

Garen observó a su hermana galopar a través de la horda oscura, navegando cuidadosamente por un camino entre los habitantes caídos del pueblo. Las garras de las criaturas de las sombras intentaron capturarla, pero ella y Estrella de Fuego evadieron todos los ataques. Lux cabalgó hasta alejarse de la horda de monstruos y se detuvo un momento para saludarlo con la mano.

''¡Por Demacia!'', gritó.

Los guerreros de la Vanguardia Valerosa chocaron sus espadas contra los escudos.

''¡Por Demacia!'', contestaron al unísono.

Lux hizo girar a su caballo y galopó hacia las afueras del pueblo.




Garen giró los hombros, preparándose para la batalla que transcurriría en un espacio reducido y levantó la espada.

''¡Alineación!'', gritó y sus guerreros adoptaron su posición de batalla. Varya y Rodian se colocaron a su izquierda, Sabator y Diadoro a su derecha.

''Somos la Vanguardia Valerosa'', dijo Garen, bajando la espada para que las crucetas enmarcaran su mirada penetrante. ''Que el coraje y ojos agudos guíen sus espadas''.

Los sabuesos sombríos negros fueron los primeros en alcanzar la plataforma, saltando con colmillos desgarradores y dientes centellantes. Garen y la Vanguardia Valerosa los enfrentaron con un bloqueo de escudos y espadas descubiertas. Un muro de hierro los hizo retroceder. Aunque sus enemigos procedían de la oscuridad y de la maldad, pelearon con fuerza brutal y habilidad. Garen intervino y clavó su espada en la cadera de una bestia serpenteante, desgarrando el lugar donde su médula debía estar. La forma monstruosa explotó en polvo negro con un aullido de angustia.

Garen agitó la espada hacia arriba y la retrajo en un giro oblicuo. Su espada paró la mandíbula de otra bestia. Giró las muñecas y bajó los hombros para atacar. Derribó a la cosa con un empujón. Pisó su pecho y la bestia rugió mientras explotaba. Garen hizo un movimiento rápido con la espada para bloquear un golpe aplastante de algo que parecía la silueta de un gigantesco guerrero freljordiano. El impacto lo hizo caer de rodillas.

''¡Pelearé mientras siga en pie!'', bramó con los dientes apretados. Se incorporó con un rugido y aplastó su empuñadura contra el cráneo corneado del guerrero salvaje. De la sombra brotaron cenizas y Garen giró para guiar su espada hacia el estómago de otra bestia.

Sabator decapitó a un sabueso que salivaba mientras que Diadoro estrelló su escudo contra una sibilante serpiente, partiendo su cuerpo por la mitad. Varya golpeó con la empuñadura de su espada los colmillos de un guerrero de las sombras sin rostro, mientras que Rodian clavaba su espada en el enemigo de su melliza.

Con cada golpe asesino, las criaturas de las sombras se convertían en cenizas ámbar. La espada de Garen destelló y la hoja plateada atravesó el cuerpo de un monstruo con apariencia de escorpión.

Unas cortantes garras oscuras se dirigieron a la cabeza de Garen. El escudo de Sabator contrarrestó el ataque. Varya enterró su espada en las piernas del monstruo y este explotó. Una horrible criatura coja se lanzó hacia Rodian, quien clavó su espada tan fuerte como pudo en su rostro anodino. Chilló al morir. Pero por cada sombra que destruían, más sombras tomaban su lugar.

''¡Espalda con espalda!'', gritó Garen y las hombreras de los cinco guerreros chocaron. Pelearon hombro con hombro en un círculo de acero, un rayo de luz contra la oscuridad.

Estudio expresivo de Garen · ilustración del personaje; no representa esta escenaPublicado en Universo de Riot

''¡Muéstrenles la fuerza de Demacia!''.




Lux cabalgó por el bosque, los árboles se desdibujaban a su alrededor por lo rápido que iba. Era imprudente galopar por el bosque a esa velocidad, incluso con su luz como guía, pero las pesadillas que atacaban a Garen y a la Vanguardia Valerosa seguirían llegando. Las imaginaciones humanas eran un pozo sin fondo de pesadillas: miedo a la muerte, miedo a la debilidad o miedo a perder a alguien amado.

Siguió la ruta que había tomado esa misma mañana, deseando que Estrella de Fuego recordara el camino mejor que ella. Juntos, cabalgaron durante la noche y finalmente llegaron al cruce donde los caminos divergían. Ignorando los senderos hacia el este y el oeste, Estrella de Fuego saltó por encima de la maleza que oscurecía el camino del norte.

El camino hacia la tumba del bisabuelo Fossian.

Aún con el paso firme de su corcel, Lux se vio forzada a reducir su velocidad cuando en su camino aparecieron barrancos empinados y cañadas rocosas. Mientras más se acercaba a la tumba, más comenzaba a cambiar el paisaje, hasta tomar otro carácter completamente distinto; parecía salido de un relato que se contaba para asustar a los niños. Los árboles supuraban savia negra, sus ramas se anudaban y se retorcían formando manos con garras que sujetaban su cabello y su capa. Los agujeros en los troncos de los árboles se asemejaban a bocas colmilludas y arañas tejían redes en las ramas altas. El suelo se tornó esponjoso y húmedo con charcos salobres de agua estancada, como un bosquecillo abandonado por un hada.

Estrella de Fuego se detuvo a la entrada de un claro envuelto en sombras y echó hacia atrás la cabeza, resoplando de miedo.

''Tranquilo, chico'', dijo Lux. ''La tumba de Fossian está muy cerca. Solo unos pasos más''.

Pero el caballo no quería avanzar ni un centímetro más.

''Bien'', dijo Lux. ''Iré sola''.

Se deslizó del lomo del caballo y entró al claro. La luz de la luna que se colaba a través de las nubes le daba la cantidad justa de iluminación para que pudiera ver.

El túmulo en la tumba de Fossian era un monte de césped que parecía negro en la penumbra, su cima estaba coronada con un montículo de piedras apiladas. Humo negro se elevaba hacia un cielo lleno de imágenes de horrores antiguos esperando su momento para reclamar el mundo. Líneas negras atravesaban la enorme placa de piedra que relataba las hazañas de Fossian.

Un chico joven, no tendría más de doce o trece años, estaba sentado cruzado de piernas delante de la piedra, su delgado cuerpo se balanceaba como si estuviera en un trance. Bucles de humo negro formaban espirales desde la tumba y envolvían su cuello como enredaderas estranguladoras.

''¿Luca?'', preguntó Lux.

El balanceo del chico se detuvo ante el sonido de su voz.

Giró para ver a Lux y ella se quebró al ver sus desalmados ojos negros. Una cruel sonrisa se plasmó en su rostro.

''Ya no'', respondió él.




Una araña amenazadora con ganchos afilados en sus patas se dirigió hacia Garen. Su abultado estómago se estremecía con ojos dilatados y mandíbulas chasqueantes. Garen le partió el tórax y pateó a la criatura agitada de la plataforma mientras su cuerpo se desintegraba.

Con las piernas apuntaladas, Garen sintió un frío agudo en el músculo de su hombro, causado por una garra negra que se hundía en él y atravesaba su hombrera. El metal no se dobló ni se quebró. La garra lo atravesó sin obstáculos y Garen sintió un mareo repulsivo expandiéndose en él. Olió tierra de tumba: el hedor de tierra fétida después de siglos de sepulcro. Peleó contra el dolor, tal como le habían enseñado.

Rodian cayó cuando una espada se deslizó debajo de su armadura, perforando su costado. Gritó adolorido y bajó el escudo.

''¡De pie!'', gritó Garen. ''Aparta el dolor''.

Rodian se enderezó, avergonzado por su momento de flaqueza, mientras las criaturas de las sombras chocaban entre sí en su frenesí por alcanzar a la Vanguardia Valerosa.

''¡No dejan de aparecer!'', gritó Varya.

''¡Entonces no dejaremos de pelear!'', replicó Garen.




Aunque lo único que quería era huir del claro embrujado, Lux caminó hacia el chico mientras su mano se deslizaba hacia la daga en su cadera. Sus ojos estaban llenos de oscuridad; las pesadillas aguardaban para surgir de la tierra fértil que era la fragilidad humana. Sintió una fría y calculadora inteligencia evaluándola.

Luca asintió y con delicadeza se puso de pie. Sombras murmurantes se juntaron al borde del claro, monstruos y horrores apenas invisibles se acercaban para rodearla.

''Tú tienes pesadillas en abundancia'', dijo él. ''Creo que quebraré tu cráneo con una roca para sacarlas''.

''Luca, no eres tú'', dijo ella.

''Dime, ¿quién crees que soy?''.

''El demonio de la tumba'', dijo Lux. ''Creo que no estaba muerto como la gente pensaba cuando enterraron a Fossian''.

Luca sonrió. Sus labios se estiraron tanto que la piel de las comisuras se desgarró. Riachuelos de sangre escurrían de su barbilla.

''Para nada muerto'', dijo él. ''Solo dormía. Sanaba. Se renovaba. Se preparaba''.

''¿Para qué?'', preguntó Lux, obligándose a dar otro paso al frente.

El chico chasqueó la lengua y agitó un dedo en advertencia. Lux se paralizó, incapaz de dar otro paso. Sus dedos se cerraron alrededor de la empuñadura de la daga.

''Bueno, ya'', dijo él, agachándose para recoger una piedra afilada. ''Déjame extraer una pesadilla primero''.

''Luca'', dijo Lux, incapaz de moverse pero aún capaz de hablar. ''Tienes que pelear contra él. Sé que puedes. Tienes magia en tu interior. Sé que la tienes, es la razón por la que huiste, ¿cierto? Es por eso que viniste aquí, para estar al lado de alguien que venció a un demonio''.

La cosa dentro de la carne del niño rio y el pasto se marchitó a su alrededor por el sonido.

''Sus lágrimas eran como agua en el desierto'', dijo, acercándose y rodeándola como si buscara el mejor lugar para partirle el cráneo. ''Me despertaron, me alimentaron. Había dormido tanto tiempo que había olvidado el dulce sabor que tenía el sufrimiento de los mortales''.

El chico estiró la mano y le acarició la mejilla. El contacto fue como una espina fría de terror que atravesó a Lux. Retiró su dedo y un hilo humeante lo siguió. Lux sintió náuseas mientras el miedo a ahogarse la inundaba. Una lágrima recorrió su mejilla.

''Hice que durmiera y sus sueños estaban llenos de horrores listos para volverse reales'', dijo el chico. ''Su poder es débil, una brasa brillante comparada con la caldera que arde en tu carne. Me brindó muy poco en cuanto a substancia, pero los miedos infantiles son un banquete después de pasar tanto tiempo sin ellos. Demacia es una pesadilla para los que son como él. Como tú''.

Lux sintió cómo su magia retrocedía ante esta criatura. La oscuridad que llenaba el claro oprimía su luz hasta reducirla a poco más que una chispa. Intentó resistirse, sabiendo que incluso una sola chispa descontrolada podía comenzar un incendio que devoraría un bosque completo.

''Lo odiaban. Luca lo sabía. Ustedes los mortales siempre le temen a las cosas que no comprenden. Es muy sencillo avivar esas llamas y dar lugar a las exquisitas visiones de terror''.

Lux flexionó los dedos sobre el cuero de la empuñadura de su daga y sintió dolor. Pero el dolor significaba que tenía el control. Lo utilizó. Alimentó la creciente chispa en su interior, la alejó del terror y dejó que reapareciera lentamente en su cuerpo.

''Luca, por favor'', dijo ella, forzando cada palabra. ''Tienes que pelear contra él. No permitas que te use''.

El chico rio. ''Él no puede escucharte. E incluso si pudiera, sabes que está en lo correcto al temer lo que su propia gente le haría si descubrieran la verdad. Que él es justo lo que odian. Un mago. Tú, entre toda la gente, sabes cómo se siente eso''.

El dolor se extendió en los brazos de Lux y se movió por su pecho. Los ojos negros del chico se estrecharon en cuanto sintió el aumento de magia.

''Lo sé demasiado bien'', dijo ella. ''Pero no permito que el miedo me defina''.

Lux empujó su daga hacia el chico con un grito de dolor. No pretendía lastimarlo, sino permitir que el metal de la cuchilla entrara en contacto con él para transmitirle un poco de su luz. Sus extremidades ardían y el golpe fue torpe. El chico retrocedió, demasiado lento. La hoja plana de la cuchilla rozó la piel de su mejilla.

El momento de conexión fue fugaz, pero más que suficiente.


Garen · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games


La Vanguardia Valerosa peleaba con cortes de espada brutalmente eficientes y fuertes golpes de sus escudos, pero no podían pelear para siempre.

Al final, las sombras se los llevarían.

Una manada de criaturas retorcidas con garras afiladas atacaron por la izquierda y se echaron contra la espada de Diadoro. Un golpe rebotó en su escudo y lo golpeó en la hombrera de su armadura. Gruñó y clavó la espada en el estómago de una bestia de piel negra que tenía cabeza de dragón.

''¡Intervén!'', exhortó Sabator. ''¡Mantenlos alejados!''.

Garen lanzó una estocada hacia esa oscuridad retorcida, un contragolpe hacia las entrañas y embistió contra su pecho. La espada a lo más profundo y luego un giro. No dejes de moverte. Movimiento a la derecha: un cráneo que parecía un insecto con colmillos como dagas. Le propinó un corte en los ojos. La criatura gritó y se convirtió en humo y cenizas.

Dos más se lanzaron hacia él. Sin espacio para blandir la espada. Otro golpe con la empuñadura en el pecho del primero. Estocada en el estómago para el otro, espada afuera. Los monstruos se retiraron. Garen retrocedió y se colocó junto a Varya y Rodian. Ambos estaban cubiertos en ceniza, desde el casco hasta las grebas.

''Debemos resistir'', dijo Garen.

''¿Por cuánto tiempo?'', preguntó Diadoro.

Garen miró hacia el norte, donde una luz distante brillaba en el bosque.

''Tanto como Lux necesite'', respondió Garen con una mirada de alerta.

Y las sombras los atacaron otra vez.




La luz brotaba de Lux hacia Luca. Una radiación cegadora y por demás descontrolada explotó en el claro. El monstruo dentro del chico había sido separado de su cuerpo con un aullido de furia y desesperación. Un fuego feroz y blanco envolvió a Lux, arrollando todo a su alrededor, terriblemente poderoso a su manera, como la oscuridad. Su poder era magnífico, pero a duras penas podía aferrarse a su radiación huracanada mientras la atravesaba. La oscuridad huyó ante su grandioso poder, su sombra se desvaneció por la incandescencia de la luz. El fulgor siguió aumentando hasta que el bosque y la tumba dejaron de verse. Solo quedó una extensión infinita de vacío blanco. Sentado frente a ella había un chico con las rodillas retraídas hacia el pecho. Levantó la mirada y sus ojos eran los de un pequeño y atemorizado niño.

''¿Puedes ayudarme?'', preguntó.

''Sí'', respondió Lux, acercándose y sentándose a su lado. ''Pero debes regresar conmigo''.

Luca negó con la cabeza. ''No puedo. Tengo mucho miedo. El hombre de las pesadillas está ahí fuera''.

''Sí, pero juntos podemos derrotarlo'', dijo ella. ''Yo te ayudaré''.

''¿Lo harás?''.

''Si tú me dejas'', dijo Lux con una sonrisa. ''Sé por lo que estás pasando, sé que te asusta lo que podría ocurrir si la gente supiera lo que puedes hacer. Créeme, me pasa a mí también. Pero no debes tener miedo. ¿Lo que hay dentro de ti? No es maldad. No es oscuridad. Es luz. Tal vez es una luz que podemos aprender a controlar juntos''.

Lux extendió una mano.

''¿Lo prometes?'', preguntó Luca.

''Lo prometo'', respondió Lux. ''No estás solo, Luca''.

El chico tomó su mano con fuerza, como si su vida dependiera de ello.

La luz se expandió por voluntad propia, un resplandor increíble, y cuando se desvaneció, Lux vio que el claro estaba exactamente igual a como lo recordaba en su visita años atrás. Césped verde, un monte con un montículo de piedras y una placa describiendo las hazañas de Fossian. La oscuridad que había transformado el bosque estaba ahora ausente. Los árboles con garras no eran más que árboles normales, el cielo era una bóveda azul de medianoche con estrellas titilantes. El sonido de los pájaros nocturnos cazando resonaba entre el follaje del bosque.

Luca aún sujetaba su mano y le sonrió.

''¿Se fue? ¿El hombre de las pesadillas?''.

''Eso creo'', dijo ella, sintiendo el agrio sabor de la magia oscura disminuyendo. ''Al menos por ahora. Creo que no está más en la tumba, pero se fue de aquí. Eso es lo que importa en este momento''.

''¿Podemos volver a casa?'', preguntó Luca.

''Sí'', dijo Lux. ''Podemos volver a casa''.




Un frío adormecedor inundó a Garen. Sus extremidades parecían hechas de plomo, perforadas por garras de sombras. Por sus venas corría hielo y el frío llegó hasta su corazón mientras la vista se le empezaba a nublar.

Sabator y Diadoro habían caído, su piel se oscurecía. Rodian estaba arrodillado, una garra sobre la garganta. Varya seguía peleando, el brazo que sujetaba su escudo colgaba inútilmente a su lado, pero el brazo que sostenía su espada seguía fuerte.

Garen saboreó cenizas y desesperanza. Nunca había conocido la derrota. No de esta manera. Incluso cuando creyó que Jarvan estaba muerto, encontró la voluntad para continuar. Ahora, su vida estaba siendo socavada con cada respiración.

Una enorme figura se posó ante él, una sombra cornuda con un hacha de oscuridad. Se parecía a un guerrero salvaje al que había asesinado hace algunos años. Garen levantó su espada, listo para morir con un grito de guerra demaciano en sus labios.

Sintió una brisa de verano. Una extraña luminosidad brilló en el cielo del norte como un amanecer.

Las criaturas de las sombras se desvanecieron hasta extinguirse por completo, como humo en el viento.

Garen exhaló, sin poder creer que aún podía hacerlo. Rodian inhaló una bocanada de aire al tiempo que Sabator y Diadoro se levantaban del suelo. Miraron a su alrededor, asombrados, mientras las últimas sombras eran expulsadas y la gente del pueblo comenzaba a despertar.

''¿Qué ocurrió?'', preguntó Varya.

''No lo sé'', respondió Garen.




Con Luca reunido con su madre agradecida, Lux y Garen cabalgaron hacia la puerta sur de Monteadarve al frente de la Vanguardia Valerosa. Su humor estaba apagado, la culpa invadía a todas las personas con las que se cruzaban. Los habitantes de Monteadarve no recordaban nada después de la ejecución, pero todos sabían que habían jugado un papel en la muerte de un hombre.

''Que la Dama del Velo te arrope en su regazo'', dijo Lux mientras pasaban junto a la procesión del entierro de Aldo Dayan.

''¿Realmente crees que se merece tanta compasión?'', preguntó Garen. ''Mató a inocentes''.

''Es verdad'', concedió Lux, ''pero, ¿entiendes por qué?''.

''¿Acaso importa? Era culpable de un crimen y pagó el precio''.

''Por supuesto que importa. Aldo Dayan era su amigo y vecino'', dijo Lux. ''Bebían cerveza con él en la taberna, compartían bromas con él en la calle. Sus hijos e hijas jugaban con sus niños. Por haber juzgado precipitadamente, cualquier oportunidad de comprender lo que había provocado los asesinatos se perdió''.

Garen mantenía la mirada fija en el camino delante.

''Ellos no quieren comprender'', dijo él al fin. ''No lo necesitan''.

''¿Cómo puedes decir eso?''.

''Vivimos en un mundo que no permite matices, Lux. Demacia es asediada desde todas direcciones por terribles enemigos: tribus salvajes al norte, un imperio rapaz en el este y el poder de los magos oscuros que amenazan la estructura de nuestro reino. Tratamos con absolutos por necesidad. Permitir que la duda nuble nuestro juicio nos deja vulnerables. Y yo no puedo permitir que nos volvamos vulnerables''.

''¿Incluso a este precio?''.

''Así es'', contestó Garen. ''Es la razón por la que hago lo que hago''.

''¿Por Demacia?''.

''Por Demacia'', dijo Garen.

Fin de esta lectura

Sus vidas tienen su propia historia

Continúa con sus biografías

Continúa la historia

Las publicaciones originales

Fuentes y lecturas relacionadas

Historia completa de Graham McNeill. Publicado 2017-03-24. La fecha de publicación no es una fecha en el mundo. Las ilustraciones conservan sus propias leyendas y fuentes.

  1. Por Demacia · Graham McNeill ↗
  2. Retrato de Lux ↗
  3. Estudio expresivo de Garen ↗

Publicación oficial

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