
la Cazadora Nocturna
Vayne
La caza de Vayne comenzó con el demonio que mató a su familia. Su dedicación a destruir la magia oscura y sus creaciones deja poco espacio para la misericordia, convirtiendo la pérdida personal en una forma de vida implacable.
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La historia de Vayne
Como hija única de padres demacianos adinerados, Vayne disfrutó de una crianza privilegiada. Pasó la mayor parte de su infancia entregándose a actividades solitarias: leer, tocar música y coleccionar cualquier insecto que encontrara en los terrenos de la mansión. Tras una juventud viajando por Runaterra, los padres de Vayne decidieron asentarse en Demacia porque, para ellos, ningún pueblo era tan solidario como el del reino demaciano.
Poco después de cumplir dieciséis años, Vayne regresó a casa después un banquete de verano, pero lo que la recibió sería algo que jamás olvidaría.
Había una mujer de belleza indecible de cuya cabeza salían un par de cuernos. Estaba ahí, parada ante los cadáveres ensangrentados de sus padres.
Shauna gritó, presa de la agonía y el terror. El alarido llamó la atención de la demonio, cuyos resplandecientes ojos amarillos se posaron sobre los de la joven. Luego, esbozó una hambrienta y retorcida sonrisa para luego esfumarse entre las sombras.
Desesperada, Vayne intentó limpiar la cara ensangrentada de su madre, moviendo el cabello enmarañado que le cubría los ojos. Sin embargo, no podía sacarse aquella sonrisa diabólica de la cabeza, como si la estuviera carcomiendo por dentro. Incluso mientras cerraba con cuidado los párpados de su padre, cuyo rostro estaba congelado con la expresión de terror que lo acompañó en sus últimos minutos de vida, la sonrisa de la criatura irrumpía en sus pensamientos.
Esa sonrisa sería la que llenaría las venas de Shauna con odio durante el resto de su vida.
Vayne intentó explicar lo que había ocurrido, pero nadie le creyó. Para el pueblo demaciano, era imposible concebir que hubiera una demonio al acecho en un reino tan bien protegido contra la magia.
Sin embargo, Vayne sabía la verdad. Sabía, tras haber visto esa sonrisa vil, que la sádica demonio volvería a atacar. Nada, ni siquiera los altos muros de Demacia, podían evitar que la magia oscura se filtrara por las grietas. Pero, aunque la maldad ocultara su verdadera naturaleza o se escondiera en las esquinas donde la luz del sol no llega, Vayne sabía que estaba ahí…
Y estaba harta de tenerle miedo.
A pesar de tener el corazón lleno de odio y suficiente dinero para reclutar un pequeño ejército, Shauna estaba segura de que nadie se atrevería a seguirla adonde quería ir. Necesitaba aprender todo sobre la magia oscura: cómo localizarla, cómo detenerla, cómo matar a quienes la practicaban.
Necesitaba un maestro.
Sus padres le habían contado historias acerca de Hijos del Hielo, guerreros que pelearon contra una Bruja de Hielo en los helados territorios del norte. Durante generaciones, se defendieron de fuerzas desconocidas y súbditos oscuros. Vayne sabía que allí encontraría al tutor perfecto. Sin dudarlo ni un segundo, evadió a quienes la custodiaban y compró un pasaje en la siguiente embarcación hacia El Fréljord.
Al poco tiempo de llegar, Vayne comenzó a buscar un cazador de monstruos. Pronto encontró a uno, pero no de la forma en que esperaba. Mientras atravesaba un barranco congelado, Shauna quedó atrapada en una ingeniosa trampa esculpida en hielo. Después de desplomarse y caer al fondo de aquel foso cristalino, levantó la mirada: un trol de hielo hambriento, se relamía los labios mientras la observaba.
La gigantesca lengua azul de la criatura quedó colgando cuando una lanza atravesó el aire, le perforó el cráneo y se le incrustó en el cerebro. El gigante cayó en el foso y Vayne rodó hacia un lado justo a tiempo para no morir aplastada. Un charco pegajoso de baba y sangre le empapó las botas.
La salvadora de Shauna, Frey, era una mujer canosa de mediana edad. En medio del gélido cañón, Frey le vendó las heridas a Vayne mientras ambas se cobijaban en el calor de una fogata que luchaba por no apagarse. Frey le contó que había pasado la vida entera peleando contra los súbditos de la Bruja de Hielo, que habían asesinado a sus hijos. La joven le imploró a la mujer que la aceptara como su aprendiz y le enseñara a rastrear a las criaturas oscuras del mundo, pero la freljordiana no tenía ningún interés en tal labor. Por más dinero y privilegios que tuviera Shauna, nada la ayudaría a soportar el dolor ni mantendría el filo de una espada durante el fragor del combate.
Pero Vayne jamás aceptaría la negación de su salvadora. La joven declaró un reto: si ganaba, Frey tendría que enseñarle todo lo que sabía. Si no, se ofrecería como carnada para que la mujer les tendiera una emboscada a los súbditos de la Bruja de Hielo. Por supuesto, Shauna no tenían motivos para creer que podría ganarle a alguien como Frey. El único entrenamiento que había recibido en toda su vida fueron un par de prácticas estivales de arquería en el jardín de un amigo de la familia. Aun así, se mantuvo firme. Para recompensar a Vayne por su valía, Frey le arrojó nieve a los ojos y le enseñó la primera regla de cazar monstruos: no jugar limpio.
La determinación que iluminaba los ojos de Vayne inspiraba respeto en Frey. A la joven aún le faltaba recorrer un largo camino para ser una guerrera. Sin embargo, cada vez que Shauna ignoraba los moretones que le cubrían el cuerpo y se levantaba de la nieve sucia para continuar la pelea, Frey vislumbraba un poco mejor a la implacable cazadora en la que se convertiría. Derrotada físicamente pero con el espíritu intacto, Vayne le rogó a la mujer una última vez que considerara su petición; clamó a los seres amados que ambas habían perdido. "Puedes pasar el resto de tu vida rastreando trols de hielo hasta que alguno te aplaste la cabeza… O puedes entrenarme", Vayne le aseguró. Juntas matarían el doble de monstruos. Juntas salvarían al doble de familias del dolor que las había marcado para siempre. En ese momento, Frey vio reflejados su odio y su pérdida en los ojos de Vayne.
Convencida por aquel fuego, la mujer accedió y acompañó a Shauna de vuelta a Demacia.
Juntas viajaron al sur, con Frey disfrazada para eludir a los guardias en la frontera de Demacia. Tras regresar a la mansión de Vayne, entrenaron sin parar durante dos años. A pesar del desfile de pretendientes que solicitaron la mano de Vayne, Shauna no tenía interés en ninguna otra cosa que no fuera el entrenamiento con Frey. Con el tiempo, las dos se volvieron muy cercanas.
Frey le enseñó a Vayne los fundamentos de la magia oscura, las bestias conjuradas y los hechizos ruines. La joven se grabó en el corazón cada palabra de las enseñanzas de su maestra, pero no podía evitar sentirse inquietada al preguntarse cómo era que Frey había aprendido tanto sobre esas maléficas prácticas.
Debido a los soldados que montaban guardia y los árboles antimagia que rodeaban Demacia, las criaturas oscuras eran poco comunes dentro de los muros del reino, así que Vayne y Frey se aventuraban en los bosques aledaños por las noches para cazar. A los dieciocho años, Shauna asesinó a su primera presa: un monstruo sediento de sangre que atacaba a los comerciantes ambulantes.
Vayne y Frey pasaron muchos años cazando criaturas oscuras. Con cada asesinato, el respeto que se tenían la una a la otra crecía cada vez más. Un día, Shauna comprendió que amaba a Frey como a una madre, pero su cariño estaba tan manchado de dolor y tan contaminado por el trauma que se resistía él como si fuera una de las bestias que había aprendido a cazar.
Vayne y Frey viajaron por todo Valoran. Una noche, mientras descansaban en una taberna, llegó a oídos de ambas un rumor de que en las tierras altas acechaba una criatura demoníaca astada de belleza hipnótica. Según los locales, la demonio estaba haciendo de las suyas: había fundado una secta que captaba devotos para llevar a cabo su voluntad. Cualquiera que se adentrara en las colinas desaparecía para siempre. Aparentemente, los sumos sacerdotes se reunían en una tierra sagrada cerca del acantilado a preparar los sacrificios para la demonio. Tras oír la historia, Vayne y Frey comenzaron la cacería de inmediato.
Mientras viajaban hacia las colinas bajo el velo de la noche, la mente de Vayne se nublaba con ansiedad. Por primera vez desde que había comenzado a entrenar y cazar junto a Frey, estaba preocupada por su compañera: temía perder a su figura materna otra vez. Antes de que pudiera confesar el miedo que la afligía, un sacerdote de la demonio emergió de los arbustos y golpeó a Vayne en el hombro con una maza.
Shauna estaba gravemente herida. Frey vaciló durante unos segundos, pero los ojos le brillaron con aplomo mientras se disculpaba con su amiga y se transformaba en un lobo freljordiano monstruoso. Ante la mirada atónita de Vayne, Frey, en su forma animal, le arrancó la garganta al sacerdote con una veloz mordida.
El cadáver del sacerdote cayó a los pies de Shauna. Frey volteó a mirar los inquietantes ojos color azufre de su aliada. Vayne estaba completamente paralizada. No podía hacer nada más que observar mientras su maestra volvía a su forma humana. Frey se apresuró a explicarle a su compañera: se había entregado a la maldición porque quería adquirir el poder necesario para luchar contra la Bruja de Hielo. Le dijo que, aunque el ritual involucraba magia oscura, no tuvo más opción que sacrificar su humanidad...
La voz de Frey se apagó mientras una de las flechas de Vayne le atravesaba el corazón. Cuando la joven bajó la mano, le temblaba.
A Shauna se le revolvió el estómago, pero contuvo las ganas de vomitar. Tenía que concentrarse. El dolor punzante del hombro se había atenuado hasta convertirse en una molestia casi imperceptible. Todavía faltaban unas cuantas horas para el amanecer y la demonio seguía suelta. Con una sola mano, cargó una flecha nueva en la ballesta y partió hacia las colinas.
Frey le había mentido. Vayne se reprochó por haber confiado en ella, pero no volvería a cometer ese error.
Avanzó sin mirar atrás.

Un lugar en Runaterra
Demacia
Demacia creció alrededor de un refugio de la devastación de las guerras Rune. Petricita se convirtió en el centro de sus defensas, mientras que el servicio militar, el deber y las tradiciones nobles conformaron sus ideales públicos.
Esos ideales están al lado del miedo a la magia, el aislamiento y el conflicto por la autoridad política. Lea el reino a través de sus defensores y el pueblo sus leyes excluyen. El panorama regional de Riot pertenece a una etapa anterior de la crisis real; las historias posteriores avanzan en esa situación.
Del archivo de arte de Riot
Vayne en detalle
Su lugar en el mundo
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Fuentes y lecturas relacionadas
Biografía por Riot Games; notas de lectura y capítulos contextuales por The Rune. Las ilustraciones y vídeos oficiales se acreditan a Riot Games; el arte de desarrollo representa el proceso de diseño.
